Hasta cuándo – La Prensa, Honduras

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Se escrutaron o, mejor, se recontaron las mil y pico de urnas, a las cuales les fueron aplicadas el calificativo de duda razonable por supuestas irregularidades y, el viernes, comenzó el recuento de otras casi cinco mil, sobre las cuales resonaba la copia del manido eco, voto por voto, casilla por casilla, con lo que los hondureños esperan que sean plenamente atendidas las impugnaciones que, a juzgar por lo que trasciende, solamente un partido, apabullado en las urnas, hace uso de los procedimientos legales, para otros la tribuna pública es el único cauce para el reclamo, por lo que el pueblo hondureño, más que cansado, pregunta: “después ¿qué?”, y sobra quienes se cobijan en un “sea lo que Dios quiera”.

La incertidumbre y la confusión rayan en límites incontenibles de manera que va a llegar Navidad con el tema de urnas, votos, mesas electorales, escrutinio y fantasmales impugnaciones movidas en discursos y arropadas por misiones del exterior. Y llegaremos a enero, con fechas significativas para los próximos cuatro años, y seguiremos en lo mismo, con la diferencia, quizás hasta fundamental, de haber perdido la temporada del año en la que los hondureños dejaban un poco en el olvido las penas que son muchas, para disfrutar en reuniones familiares, en convivencias vecinales o celebraciones en el ámbito laboral. Y todo ello en la burbuja que proporciona el aguinaldo.

El daño en estas poselecciones es grande y grave. En la economía funcionarios y empresarios analizan para dar respuesta a las necesidades financieras causadas por el vandalismo, pese a lo cual para muchos hondureños necesitados de un empleo, aunque sea solo en la temporada navideña, desapareció la oportunidad de trabajo este año.

Hay otras heridas, más graves que los daños materiales, desde la incertidumbre personal, rayana en los traumas, hasta los enfrentamientos familiares y la fractura social que muestra el infantilismo mental al aceptar ignorantemente el maniqueísmo, aquella doctrina simplista en que todo se divide tajantemente en bueno y malo, sin intermedios, sin grises, sistema radical en el que la intolerancia a lo otro es el fondo de la cuestión.

No se hagan sordos, no cierren los ojos para no ver la ira y la tristeza en los hondureños. Necesitamos que “se acabe ya” o, por los menos, como remedio de mal menor, que “se acabe pronto”.

La Prensa