Ernesto Samper, ex secretario general de Unasur: “Nunca había estado la región tan necesitada de un vocero que exprese sus intereses”

Ernesto Samper: Es triste no tener hoy quién represente los intereses de todos

Por Marcelo Taborda.

Preocupado por el futuro de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), de la que fue secretario General entre agosto de 2014 y el 31 de enero pasado, y también por la consolidación de la paz en Colombia, el país que presidió entre 1994 y 1998. Así se mostró Ernesto Samper Pizano, quien el miércoles pasado disertó en el Foro Internacional de Desarrollo Económico Local, organizado por la Agencia para el Desarrollo Económico de la Ciudad de Córdoba (Adec). Poco después de su disertación, Samper dialogó con La Voz sobre el presente y el porvenir de su país y de la región.

–¿Cómo está hoy la Unasur, después de que expiró su mandato y no se nombró un reemplazante?

–Lamentablemente, la norma que dio origen a la Unión de Naciones Suramericanas, esto es, la de necesidad del consenso para tomar todas sus decisiones, que se suponía que iba a ser la norma salvadora de la unidad, se ha convertido en un gran cuchillo frente a Unasur. Hay dos países interesados en que la Unasur de alguna manera desaparezca y que no haya nombramiento de secretario para que así no pueda seguir actuando como interlocutor a nivel general. Es doloroso decirlo, pero es lamentable que hayamos llegado hasta ese extremo, que ni siquiera tengamos la capacidad de encontrar un vocero y que represente los intereses de todos.

–¿Cuáles son esos dos países?

–Prefiero omitir nombrarlos, no quiero hacer señalamientos, pero en el medio los conocen y saben quiénes son. Tienen una agenda muy clara de obstaculizar todo el desarrollo de la Unasur, de impedir que sus funcionarios viajen, que se reúnan los comités sectoriales. Unasur no es sólo el manejo político alrededor de temas como Venezuela, la paz o la democracia. Unasur también funciona con los consejos sectoriales que actúan como los cuerpos electorales europeos, para la elaboración de agendas sobre temas en materia de salud, de infraestructura, de tecnología. Pero no han dejado ni siquiera funcionar a esos organismos, lo que me parece una actitud cobarde frente a la región. Todas las diferencias que tenemos se podrían solucionar en el seno del consejo de cancilleres.

–¿Cómo ve el presente de Sudamérica?

–Con preocupación. Nunca antes la región había estado con mayores dificultades y con una necesidad de interlocución frente a temas como la situación de Venezuela o lo que está pasando en Brasil, que es un caso dramático, porque ese país era el gran actor de la integración; para donde se movía Brasil, de alguna manera se movían los países de la región. Hoy, Brasil está inmovilizado, por lo menos en su gestión diplomática. Además, antes tampoco estábamos amenazados por las “trumpadas” del presidente de Estados Unidos (Donald Trump), que no sólo tiene una agenda disímil, sino que tiene una contraagenda frente a los intereses de la región. Hay 10 millones de latinoamericanos en capilla para ser sacados de Estados Unidos. Están construyendo un muro para separar a los estadounidenses no sólo de los mejicanos, sino de todos los latinoamericanos. Trump renunció a cumplir sus compromisos en materia de cambio climático, es una cosa delirante. Nunca había estado la región tan necesitada de un vocero que expresara sus intereses.

–¿Qué piensa del resurgimiento de fuerzas de ultraderecha, como la que en Chile logró casi el ocho por ciento en primera vuelta con José Kast, un candidato que reivindica a Pinochet, o en Brasil, donde Jair Bolsonaro sigue segundo con casi 20 puntos de intención de voto, pese a su apología de la dictadura y sus crímenes?

–Es muy lamentable lo que está pasando aquí y en el mundo, apoyado por las redes, lo que Jean François Revel llamaba la tentación totalitaria. Hay una especie de ola de apetitos autoritarios que están dando la vuelta por el mundo, están apoyados en estas redes y es una lástima que así sea. Pero todavía veo lucecitas de esperanza, como la elección de Honduras o que eventualmente le pueda ganar un demócrata de izquierda a (Sebastián) Piñera en Chile. También hay esperanzas de que a Lula lo dejen ser candidato. A pesar de las tentaciones totalitarias, la gente quiere cambios y progreso…

–En ese contexto regional, ¿cómo ve las exigencias del Banco Mundial a Brasil de más recortes sociales y ajustes económicos que los que ya aplica Michel Temer?

–Es un retroceso, porque si algo consiguió la región en los últimos 10 años fue sacar a 120 millones de personas de la pobreza. Si ellos van a pedir regresar a la pobreza, eso sí nos va a crear dificultades, porque no hay nada como quitarle algo a alguien que ya lo ha tenido. No darle algo a quien no lo ha tenido nunca no es tan grave como quitárselo a quien lo tuvo.

–Usted habló del peligro de las “trumpadas”. ¿Qué papel le asigna al magnate de la Casa Blanca ante Latinoamérica?

–Es una de las mayores amenazas que tiene la región.

–¿Cómo evalúa al actual Gobierno de Argentina?

–Con un gran signo de interrogación, porque uno sabe dónde comienzan los gobiernos de derecha, pero no sabe dónde terminan. Yo le pongo entonces un signo de interrogación, para ser benévolo.

Palos en la rueda ¿Desintegración regional?

Aunque Samper no quiso en ningún momento revelar qué países son los que a su juicio han puesto más trabas para el nombramiento de un nuevo responsable que contribuya a normalizar la tarea del organismo integrador sudamericano, los apuntados serían los gobiernos de Perú y de Paraguay. La información se desprende de antecedentes y de otras fuentes diplomáticas.

La Voz