Ni el homenaje de su hipocresía – El Comercio, Perú

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Decía La Rochefoucauld que la hipocresía es el homenaje que el vicio le rinde a la virtud.

Pues bien, el día de ayer la mayoría de parlamentarios de las bancadas que buscaron, sin éxito, vacar al presidente de la República no nos ha rendido a los ciudadanos que seguíamos el debate ni el homenaje de su hipocresía.

Y no nos estamos refiriendo al nivel de los argumentos que usaron. La paupérrima preparación de la mayoría de nuestros representantes hace tiempo que dejó de ser noticia para pasar a ser parte asumida de nuestra geografía política. Nos referimos a que la mayoría de estos argumentos ni siquiera iba dirigido a probar el caso que tenían al frente. A saber, si las contrataciones que Odebrecht hizo con una empresa del presidente Pedro Pablo Kuczynski cuando era ministro de Toledo, y con él mismo –por vía indirecta– luego de que fuese ministro, junto con la forma como él intentó ocultar el tema hasta hace muy poco, constituían motivo suficiente para declararlo incapaz moralmente para ejercer la presidencia del Perú y vacarlo del cargo. Una pregunta cuya respuesta, a su vez, requería probar en algún grado razonable que hay una relación entre las contrataciones que Odebrecht hizo con su empresa o con él, y las decisiones que tomó como ministro.

En lugar de esto, la mayoría de nuestros parlamentarios optó simplemente por lanzarse por la libre y exorcizar por el micrófono lo que fuese que se les antojase en el momento, sin preocuparse por demostrar nada respecto del tema que tenían en manos (ni más ni menos que el más grave que puede decidir un Congreso).

Con esta poca seriedad, naturalmente, nuestros congresistas pusieron en evidencia que este intento de vacancia no estuvo motivado por lo que ellos dicen –la capacidad moral del señor Kuczynski para ser presidente del Perú– sino que era simplemente una consigna nacida de sus intereses políticos de facción.

Desde luego, nadie puso más en evidencia esto que Fuerza Popular, partido que por fuerza de los números tuvo la mayor parte del tiempo del debate y que ha sido el propulsor fundamental de esta decisión. Una conducta que está en perfecta consonancia con el juego de acoso y derribo que la bancada fujimorista emprendió con varios ministros de este gobierno en su primer año, sin preocuparse siquiera de disimular en más de un caso que lo que hacía respondía a una justificación diferente que su interés por desplegar poder, cobrarse cuentas viejas y mantener permanentemente jaqueado al gobierno. ¿O alguien puede creer que el ex ministro de Educación Jaime Saavedra de verdad fue censurado por una compra de computadoras?

Como este Diario ha venido sosteniendo, la conducta pasada del presidente Kuczynski, que Odebrecht puso de relevancia en su comunicación a la Comisión Lava Jato, no es cosa que pueda ser pasada por agua tibia, como tampoco lo son las mentiras en que incurrió para tapar esta conducta. Pero las bancadas en cuestión no solo no han probado que sus actos sean de una envergadura tal que justifique la vacancia: salvo contadas excepciones, ni siquiera se han preocupado de dar la impresión de que intentaban probarlo. Una actitud con la que, además de mostrar el alcance de su desprecio por lo que pueda pensar la ciudadanía, han revelado también que la vacancia nunca se trató de lo que ellos quisieron hacernos creer.

El Comercio