Informe postelectoral Chile 2017: el derrumbe de la Nueva Mayoría – Por Taroa Zúñiga

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Este domingo 17 de noviembre se llevó a cabo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Chile. Con el 10% de las mesas escrutadas, la radical diferencia entre los candidatos, el derechista Sebastián Piñera y el representante de la Nueva Mayoría, Alejandro Guillier, ya permitía predecir la victoria del ex presidente. Finalmente, con el 99,99% de las mesas escrutadas, las cifras confirmaron que Chile debe prepararse para el segundo gobierno de la derecha elegido por la vía electoral.

Fuente: elaboración propia con datos de SERVEL[1]
La gran sorpresa de esta jornada electoral fue la movilización de 331.839 chilenos y chilenas, quienes no habrían asistido a votar en la primera vuelta presidencial. La tendencia histórica –como se puede apreciar en el gráfico 2–, es la disminución de la participación en segunda vuelta. Un momento paradigmático de esta tendencia fue la reducción de la participación en casi 8 puntos porcentuales (de 50,9% a 43,3) en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2013.

Fuente: elaboración propia con datos de SERVEL e informe del PNUD “Participación electoral en Chile, perspectiva comparada”. [2]
Otro aspecto destacable es la variación de votos de apoyo a Piñera en la segunda vuelta, quien se convierte en el tercer presidente con mayor número de votos desde el retorno a la democracia, solo superado por los resultados de las dos primeras elecciones realizadas después de la dictadura[3] (Gráfico 3). En definitiva, la derecha logró movilizar a 855.467 votantes que se abstuvieron o votaron por otra opción en la primera vuelta.

Gráfico 3. Cantidad de votos por presidente/a electo/a

Fuente: elaboración propia con datos de Servel

Al sumar los votos que obtuvieron en la primera vuelta los candidatos que movilizan a la militancia tradicional de derecha (Felipe Kast y Sebastián Piñera) el total es de 2.940.4290 votos. Por otra parte, el total de los votos que habría movilizado la izquierda (Beatriz Sánchez, Marco Enríquez-Ominami, Eduardo Artés y Alejandro Navarro) es de 1.771.044 votos. Esto refleja que por lo menos 107.895 de los votantes de izquierda en la primera vuelta, se abstuvieron en la segunda, o, si votaron, no lo hicieron por el representante de la Nueva Mayoría.

En cuanto al voto por región, Guillier solo obtuvo mayoría en dos de las quince regiones: Magallanes y Antártica, y Aisen. Ambas regiones fueron “recuperadas” para la concertación durante las elecciones del 2013, ya que en el 2010 Piñera había obtenido la mayoría. Por otro lado, destaca el porcentaje de apoyo a Piñera en la Araucanía (62,40%). Dicha región corresponde al territorio mapuche no reconocido por el Estado chileno, que ha beneficiado históricamente a los terratenientes que lo ocupan. Los resultados electorales reflejan claramente la afinidad política de quienes reciben estos beneficios y disparan la pregunta ¿Qué pasa con el voto indígena en Chile?

Son varias las reflexiones y perspectivas que se pueden esbozar en torno a estos resultados:

1- Los votantes de la Democracia Cristiana que no se sumaron originalmente a la Nueva Mayoría (apoyaron a Carolina Goic) probablemente se inclinen, en términos de afinidad política, al gobierno de Piñera. Esto será determinante para las negociaciones en el Congreso.[4]

2- La derecha logró movilizar a un porcentaje de votantes que no se movilizó durante la primera vuelta electoral. Esto podría responder a la campaña promovida en contra de Guillier, pero también a la hábil incorporación discursiva -más no programática- que realizó Piñera de banderas que tradicionalmente distanciaban el discurso de la Concertación (ahora Nueva Mayoría) y la derecha (como la gratuidad de la educación y la reforma del sistema de salud). A pesar de que el porcentaje de participación aumentó en todos los territorios, este aumento no es equitativo. Las características de estos “nuevos votantes” quedan claramente ejemplificadas analizando comparativamente el caso de las tres comunas más ricas (Vitacura, Providencia y Las Condes) y las tres más pobres (San Joaquín, Lo Espejo y Renca) de la Región Metropolitana:

Fuente: elaboración propia con datos de SERVEL

3- La Nueva Mayoría no logró concentrar los votos de los militantes de izquierda. El desgaste político que sufrió la Concertación al no realizar, después de cinco gobiernos, las reformas básicas que marcarían la diferencia con el período pinochetista (principalmente al sistema de salud y sistema educativo), así como la constante omisión al tema constituyente.

4- El porcentaje de votos nulos o en blanco también disminuyó en la segunda vuelta. El voto nulo suele utilizarse entre movimientos sociales para visibilizar el descontento con el duopolio imperante desde el fin de la dictadura. Es probable que parte de estos votos se hayan definido hacia la derecha, ya que la existencia de un gobierno abiertamente neoliberal “justifica” mejor el rol de opositores que desempeñan estos movimientos.

Suele decirse que los pueblos que han estado expuestos a traumas sociales como una dictadura militar tienden a rehuir de situaciones polarizantes que puedan renovar el conflicto social. Tal vez sobre esta base conceptual se sostuvieron los patrocinantes de las encuestadoras que disminuyeron descaradamente los porcentajes de apoyo con los que contaba Beatriz Sánchez para la primera vuelta, lo que pudo generar una migración de votos entre quienes sentían más afinidad política con el Frente Amplio que con la Nueva Mayoría. Tal vez sobre esa misma base Guillier nunca radicalizó su discurso ni su plan de gobierno, tibieza que se manifestó claramente durante el segundo debate de candidatos, cuando Alejandro titubeó durante los tres minutos que tenía para aclarar si condonaría o no las deudas por educación. La derecha ganó las elecciones y al candidato de la Nueva Mayoría no le bastó con el acto protocolar de reconocer los resultados en transmisión nacional. Felicitó al nuevo presidente y ofreció todo su apoyo para un trabajo conjunto por un “Chile mejor”. Un Chile no polarizado, con un empresario como presidente, que se sumará al cordón sureño que van conformando Temer en Brasil y Macri en Argentina.

En estas elecciones quedó claro que el bloque que conforma la Nueva Mayoría no representa una opción para la izquierda en Chile, que después de cuarenta y cinco años de neoliberalismo, aboga por opciones más radicales, más polarizadas. Que en el 2022 exista la opción real de votar a la izquierda dependerá mucho de su desempeño como oposición en los cuatro años de gobierno de Piñera. La Nueva Mayoría se desmorona y la clave para la izquierda se invierte: su factibilidad electoral ya no dependerá de la habilidad política de los puntos medios para sumar el voto más radical, sino a la inversa: ¿podrá (¿necesitará?) el Frente Amplio – la nueva opción política por excelencia- sumar a sus filas a la tradicional tibieza conservadora?

Vienen nuevos retos en cuanto a resistir los avances del neoliberalismo en Chile y todos los ojos están puestos en el Congreso, que depende de la capacidad de 78 diputados y diputadas para disputar la hegemonía a la derecha. Durante este período presidencial, los votos de los 13 diputados de la Democracia Cristiana serán determinantes, pero de cara al futuro, la actuación de los 20 diputados electos del Frente Amplio puede definir la consolidación de una nueva opción para Chile, menos sostenida sobre la comodidad del punto medio.

[1] Disponibles en: http://www.servelelecciones.cl/

[2] Disponible en http://www.cl.undp.org

[3] En 1988 se realiza un plebiscito que pone fin a la dictadura de Pinochet, reanudándose el ciclo democrático. Se organiza la coalición de partidos conocida como Concertación, cuyos candidatos logran hacerse con la presidencia hasta el 2009, año en que es electo por primera vez Sebastián Piñera

[4] Como mencionaba Pedro Santander en el artículo “Elecciones presidenciales en Chile: Piñera arrasa, el oficialismo se derrumba, la izquierda afirma sus posiciones”

[5] En Chile se mantiene la Constitución impuesta durante la dictadura pinochetista. Lograr la constituyente ha sido bandera de lucha de los movimientos de izquierda desde el fin de la dictadura.

Celag