Cuatro claves para entender las elecciones presidenciales de Costa Rica

Costa Rica irá a las urnas el próximo 4 de febrero para escoger a su próximo presidente y 57 integrantes de la Asamblea Legislativa (congreso), en un escenario de incertidumbre por la indecisión de un amplio segmento del electorado.

Las siguientes son cuatro claves para entender el proceso electoral en el país centroamericano, donde 3,2 millones de personas están convocadas a votar entre 13 candidatos a la presidencia.

Elección abierta

Encuestas de opinión han coincidido en señalar que cerca de 30% del electorado permanece indeciso sobre a quién darle el voto en la recta final de la contienda, lo que crea un escenario en el que cualquiera puede capitalizar el favor de los votantes.

Una consulta de la empresa OPol para el sitio noticioso de internet Elmundo.cr, divulgada el 16 de enero, señaló que 28.2% de los consultados no han decidido por quién votar.

Encabezan la consulta el exministro y exdiputado Antonio Alvarez, del Partido Liberación Nacional (PLN), el más grande y tradicional del país, con 14% de apoyo, seguido del abogado penalista Juan Diego Castro, un exministro de Seguridad y de Justicia, con 13.5%.

Ninguno de los dos alcanza el 40% requerido como mínimo para ganar en primera ronda. Con ese escenario, el país se encaminaría a una segunda vuelta el 1 de abril.

La encuesta de OPol se efectuó del 9 al 11 de enero entre 2,875 personas y tiene un margen de error de 1.8 puntos.

“Los candidatos que van en primero y segundo lugar están al alcance de los que van en cuarto o quinto lugar”, comentó el politólogo Alberto Cortés, de la Universidad de Costa Rica.

“Estamos frente a una dinámica que parece no ser casual, sino que refleja un patrón de comportamiento electoral con un alto grado de volatilidad”, acotó Cortés.

Fin del bipartidismo

La elección de 2014 marcó el fin del bipartidismo que dominó los comicios costarricenses desde la década de 1950, con la elección del actual presidente Luis Guillermo Solís, del Partido Acción Ciudadana.

Antes de eso, el poder era repartido cada cuatro años entre el PLN y una coalición opositora que en las últimas décadas se denominó Partido Unidad Social Cristiana.

“Cuando existía el bipartidismo, la decisión estaba tomada de antemano porque la población estaba dividida entre los dos grandes partidos. Al romperse, los elementos por los cuales la gente escoge a sus candidatos empiezan a cambiar, surgen otros criterios”, comentó el politólogo Gustavo Araya, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.

Agregó que “estamos en un momento de indefinición para la población”.

Matrimonio homosexual

Con el escenario volátil, la agenda noticiosa ha ido marcando el humor de los votantes, como ocurrió desde que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) se pronunció el 9 de enero por autorizar el matrimonio entre personas del mismo sexo.

En respuesta, el diputado evangélico y candidato presidencial Fabricio Alvarado dijo que en caso de llegar al poder retiraría a Costa Rica de la CorteIDH, lo que lo situó en en el centro de la discusión electoral.

El estudioso de redes sociales Esteban Mora destacó que entre el 9 y el 14 de enero, Alvarado registró un incremento de 122% en el número de seguidores de su página de Facebook, con un repunte exponencial en las interacciones de sus redes sociales.

Sin embargo, Mora aclaró Alvarado experimentó “el beneficio de un momento, algo estacional, no una tendencia. Hay que verlo en las próximas semanas y en función de la campaña”.

Cemento chino

Algo similar ocurrió con Juan Diego Castro, del diminuto Partido Integración Nacional (PIN), cuyo discurso de mano dura le permitió capitalizar la indignación provocada por un escándalo sobre la importación de cemento chino, que expuso una red de tráfico de influencias en los tres poderes del estado.

Gustavo Araya destacó que ese tema dominó ampliamente la agenda noticiosa en los últimos meses del año pasado, y ha tenido un gran peso entre los votantes, pero los candidatos deberán variar su oferta electoral porque el escándalo del

El Nuevo Diario