Cuba: a tres años del cambio en las relaciones con Washington – Por Valeria L. Carbone, especial para Nodal

Cuba: a tres años del cambio en las relaciones con Washington

Hoy, Estados Unidos de América empieza a cambiar su relación con el pueblo de Cuba. En el cambio más significativo de nuestra política en más de 50 años, terminaremos con un enfoque obsoleto que por décadas fracasó en promover nuestros intereses y en cambio, comenzaremos a normalizar la relación entre los dos países. A través de estos cambios, es nuestra intención crear más oportunidades para el pueblo estadounidense y para el pueblo cubano y comenzar un nuevo capítulo entre las naciones del continente americano.

Con estas palabras, el presidente de los Estados Unidos sorprendía al mundo un 17 de diciembre de 2014. En una suerte de cambio en una rígida política que llevaba ya 54 años, Barack Obama admitió que la estrategia estadounidense hacia Cuba era ya obsoleta y hasta cínica:

por más de 35 años hemos tenido relaciones con China, un país mucho más grande y también gobernado por el Partido Comunista. Hace casi dos décadas, restablecimos relaciones con Vietnam, donde luchamos una guerra en la que perecieron más estadounidenses que en ninguna confrontación de la Guerra Fría.

El presidente estadounidense anunció así lo que en ese momento pareció perfilarse como un nuevo comienzo en las relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana. Se habló mucho de la “normalización” de las relaciones políticas y poco del bloqueo comercial, económico y financiero que desde 1962 y debido al blindaje del Congreso pesa aún hoy sobre el país antillano .

Entre diciembre de 2014 y enero de 2017 se reabrieron las embajadas en sendos países, se flexibilizaron las condiciones para que los estadounidenses pudieran viajar a Cuba, se reestablecieron los vuelos directos, se levantaron ciertas restricciones para estadounidenses de origen cubano para viajar y enviar remesas monetarias a sus familias en Cuba, se puso fin a la política “pies mojados-pies secos” y se eliminó a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo. Esto permitió un auge de las visitas de estadounidenses a Cuba. En 2016, aumentaron un 34% respecto a 2015 y en los primeros cinco meses de 2017 se igualó el número de viajeros del año anterior . Asimismo, importantes empresas turísticas (AirBnB) y de telecomunicaciones (Google) iniciaron en el país caribeño gestiones de inversión.

Cuba en la Campaña Electoral por la presidencia de los Estados Unidos

Amén del impacto y trascendencia del “deshielo” político entre ambos países, Cuba no fue un gran tema en la campaña de los entonces candidatos a la presidencia, Donald Trump (Partido Republicano) y Hillary Clinton (Partido Demócrata). Mientras Hillary proponía continuar por la senda de la gradual y lenta “apertura” iniciada por su predecesor, y apuntar al fortalecimiento de las inversiones estadounidenses, del capital privado de Cuba y de la comunidad cubano-estadounidense para mantener la presión política sobre el gobierno cubano, Trump fue el único (pre)candidato republicano en afirmar que apoyaba la política del gobierno de Obama hacia Cuba.

Un mes antes de las elecciones de 2016 que consagraron a Trump como el 45° presidente de Estados Unidos, la Casa Blanca anunció una serie de decretos ejecutivos que apuntarían a aumentar el comercio (de ron y habanos) y el turismo con Cuba. A la firma de más de 20 acuerdos bilaterales entre 2015 y 2016, ahora se sumaban medidas para facilitar a empresas estadounidenses importar productos farmacéuticos fabricados en Cuba, a empresas agrícolas estadounidenses vender sus productos a la isla y a los cubanos adquirir productos en Estados Unidos.

Las nuevas-viejas relaciones Washington – La Habana en la era Trump

Si bien Cuba, Venezuela o en su defecto América Latina, no constituyen un elemento prioritario de la agenda de política exterior del gobierno de Trump , una vez éste asumió la presidencia, el país caribeño se convirtió en una pieza de intercambio de favores con el senador Marco Rubio, representante del Estado de La Florida. A cambio del voto de Rubio y del congresista Mario Díaz-Balart contra la derogación de la Affordable Care Act, popularmente conocida como Obamacare, Trump se comprometió a un cambio en las relaciones con Cuba. En el mes de junio de 2017, Trump anunció en Miami, el bastión del exilio cubano, los lineamientos de la Doctrina Trump hacia Cuba.

Su “nueva-vieja” política retomó todos los principios de la retórica de la Guerra Fría y anunció que cancelaría “el acuerdo completamente desequilibrado del gobierno anterior con Cuba”. Sin embargo, lo cierto es que la mayoría de las medidas adoptadas por el gobierno de Obama se mantienen al día de hoy.

Si bien la Casa Blanca no designará a ningún embajador (tampoco se designó durante el gobierno anterior), las embajadas de ambos países se mantendrán y continuará abierto el canal diplomático. El levantamiento del bloqueo económico, comercial y financiero continuará fuera de la agenda de tratamiento por parte del Congreso norteamericano como en los últimos 56 años, y se mantiene la prohibición de transacciones financieras con el Grupo de Administración Empresarial (GAESA, el conglomerado de empresas militares que controla parte de la economía de la isla). Asimismo, se permitirá a los ciudadanos y entidades estadounidenses que desarrollen lazos económicos con el sector privado cubano, se mantendrán los vuelos regulares de compañías estadounidenses y viajes de cruceros (a pesar de que la autoridad aeroportuaria está controlada por una empresa que pertenece a los militares), y se continuará permitiendo a los cubanoamericanos visitar la isla y enviar remesas de dinero a sus familiares. La política “pies secos – pies mojados” derogada por la Administración Obama no se reimplementará, como así tampoco la inclusión de Cuba en la lista de países que patrocinan el terrorismo.

Así, el gobierno de Trump adoptó pocas medidas concretas que indicaran una real “cancelación” de lo que postuló como un “acuerdo completamente desequilibrado” entre Estados Unidos y Cuba. Una de ellas fue la eliminación de la flexibilización de las condiciones de viajes de particulares a la Isla por motivos turísticos. Dado que los viajes de turismo a Cuba no están autorizados en la legislación actual, se retornó a la política de autorización de viajes que se ajustaran estricta y literalmente a las 12 categorías establecidas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) del Departamento del Tesoro. Estas 12 categorías consideran: visitas familiares; trabajo oficial para el gobierno de Estados Unidos, gobiernos extranjeros y algunas organizaciones no gubernamentales; actividad periodística; investigación y reuniones profesionales; actividades educacionales; actividades religiosas; actuaciones públicas, clínicas, realización de talleres, participación en eventos deportivos u otro tipo de competencias o exhibiciones; apoyo al pueblo cubano; proyectos humanitarios; actividades de fundaciones privadas, de investigación o instituciones educacionales; exportaciones, importaciones o transmisión de información o materiales de información; y algunas transacciones para exportaciones autorizadas. Obama había “flexibilizado” los requisitos sobre las razones y duración de los viajes siempre que pudieran justificarse dentro de esas 12 categorías, permitiendo que los motivos educativos o de apoyo al pueblo cubano sirvieran para justificar viajes por turismo. Trump retornó a la política de una lectura más restrictiva con el objetivo de reducir el turismo estadounidense, que había experimentado un verdadero auge entre 2015 y 2016.

La “inesperada” crisis bilateral: los ataques acústicos

En el mes de agosto, 22 diplomáticos estadounidenses y 5 canadienses denunciaron haber sufrido entre noviembre de 2016 y agosto de 2017 “ataques de naturaleza desconocidos”, que les habrían causado, entre otros síntomas, dolores de oído, pérdida de audición, mareos y dificultad para dormir . Trump no dudó en acusar al gobierno cubano, responsabilizándolo por los “deliberados ataques”. Por su parte, el Ministerio de Relaciones Exteriores cubano rechazó enérgicamente la denuncia calificándola de “infundada e inaceptable”, negó toda responsabilidad y aseguró que los ha estado investigando desde que tuvo conocimiento de ellos, a pesar de la falta de cooperación de las autoridades estadounidenses a la hora de compartir información y de la falta de pruebas de los sucesos.

Si bien funcionarios dicen que el gobierno aún no sabe qué causó lesiones al personal del servicio exterior, han culpado a La Habana por no proteger debidamente a los diplomáticos estadounidenses en su territorio. Incluso hubo quienes acusaron a los “soviéticos” y a su tecnología. Según dos funcionarios de los servicios de inteligencia estadounidenses, “los ataques fueron conducidos con un dispositivo ‘energético dirigido’ o ‘acústico’, posiblemente similar a uno utilizado por la inteligencia soviética hace más de cuatro décadas, pero no están seguros de su naturaleza exacta.” Así, Moscú se convirtió en otro de los principales sospechosos. Según Político, aunque no se ha podido determinar si los rusos podrían ser los principales agresores “o sólo cómplices”, un funcionario sí se animó a declarar: “me sorprendería mucho si los rusos no lo supieran”.

Lo cierto es que si bien aún el Buró Federal de Investigaciones no ha podido determinar la naturaleza de “los ataques”, los mismos llevaron al Departamento de Estado a adoptar la segunda de las medidas concretas del gobierno de Trump: prácticamente vaciar la embajada estadounidense en La Habana, reduciendo al mínimo no solo sus funciones políticas sino su personal efectivo. Ello condujo a la suspensión indefinida de la emisión de visados y la limitación de los servicios consulares a trámites de emergencia. Asimismo, se ordenó la expulsión de 15 diplomáticos cubanos, que se sumaron a la previa expulsión de otros dos realizada previamente a las denuncias de los ataques.

Este curioso desarrollo sólo logró tener efectos perjudiciales. Además del nuevo impacto sobre el sector turístico que implicó la medida, los intercambios académicos y científicos han sufrido un importante revés. Según la revista Science, el gobierno estadounidense ha comenzado a no autorizar los viajes de científicos y funcionarios de agencias federales de investigación al país caribeño. Incluso, becas otorgadas por instituciones estadounidenses a agencias cubanas (por ejemplo, la asignada por el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos al Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí de Cuba) se encuentran suspendidas. De la misma manera, y debido a la suspensión de las actividades consulares, los cubanos se ven en la obligación de tramitar las visas de inmigrante y visita temporal en embajadas estadounidenses en otros países (como Colombia o México).

Por último, en el mes de noviembre de 2017, la Casa Blanca decidió cerrar el cerco económico al gobierno cubano y prohibió las transacciones financieras y económicas con 180 entidades vinculadas a los militares cubanos. Esto demostró que aún había margen para la restricción del bloqueo económico. Sin embargo, y como destaca William Leogrande, el papel de las FFAA cubanas en la economía de la isla es relativo, por lo que las consecuencias de las restricciones recaerían más sobre el sector privado que el público:
Los sectores en los que el ejército tiene poca o ninguna participación fácilmente comprenden más de la mitad del PIB, y en los otros sectores hay empresas civiles, así como otras controladas por militares. […] [Hay] una exageración del control militar, metiendo en el mismo saco a empresas militares y empresas civiles dirigidas por oficiales en activo y oficiales retirados.

En esta misma línea, desde Engage Cuba se afirmó que el nuevo congelamiento en las relaciones políticas y comerciales pondría en riesgo nada menos que 10.000 empleos sólo en Estados Unidos, particularmente en el sector transporte, y Atlantic Council alertó que empresas como Airbnb, Google y decenas de otras que ya han invertido millones se perjudicarían de las restricciones comerciales a la isla. Por ello mismo, y como reportó The New York Times, un grupo de empresarios estadounidenses denunció ante la Cámara de Comercio de Estados Unidos que el bloqueo no sólo afecta a las empresas estadounidenses sino también a los empleos en el país.

Los “ataques acústicos” se convirtieron así en una gran excusa para intentar regresar al statu quo pre-2014. Sin embargo, apelar a tamaña puesta en escena solo demuestra la importancia que adquiere la retórica ideológica en este proceso. Y si bien Trump declaró enfáticamente en junio pasado que “en forma efectiva e inmediata” cancelaba el acuerdo “completamente unilateral de la última Administración con Cuba”, lo cierto es que – al menos de momento – la mayoría de las medidas políticas claves adoptadas por la gestión Obama se mantienen en pie. Lo verdaderamente importante, que es el levantamiento del bloqueo, nunca fue puesto sobre la mesa de discusión o negociación, y las medidas efectivas implementadas por la actual Casa Blanca están siendo criticadas y/o desafiadas por importantes sectores económicos, políticos y académicos. Otro nuevo fracaso de la política exterior de la gestión Trump.


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