Expertos advierten sobre la desaparición del jaguar de las riberas del Canal de Panamá

A finales de la década de los noventa, en 1997, en los predios del Parque Nacional Soberanía destacaron ocho pares de huellas, unas más pequeñas que otras, eran una hembra y un cachorro de jaguar. Ricardo Moreno, entonces un estudiante de biología con una pasión perturbadora por el estudio de estos felinos, las descubrió. Veinte años después no existen registros que puedan documentar la existencia de la especie en esta reserva. ‘Está a punto de alcanzar la extinción local’, aseguró el biólogo.

‘Es terrible y triste’, añade el especialista en felinos quien, bajo sol y lluvia, se adentra todas las semanas a las riberas del Canal de Panamá con la esperanza de encontrarse un par de huellas que sean símbolo de esperanza para una especie declarada en peligro crítico de extinción por las autoridades panameñas.

Los últimos registros de un jaguar en las riberas canaleras datan del 2008. Las construcciones de carreteras e invasiones de terrenos han roto la conectividad de los bosques en los que habitaba este felino .

En el pasado había conectividad entre los bosques del Parque Nacional Chagres, entre Panamá y Colón, y el Parque Nacional Soberanía, a lo largo de la ribera canalera. Y estos se conectaban con Santa Rita, en Colón, un sitio que no está dentro de los límites de la reseva del Chagres.

Hoy, el jaguar puede intentar hacer este recorrido, pero correrá el riesgo de morir en el intento. Durante la travesía, al felino le dará hambre y se comerá lo que encuentre en el camino, entre ellos, animales domésticos como gallinas, perros, gatos y caballos. ‘Si los dueños detectan su presencia lo matarán’, aseguró el biólogo.

Moreno, además, agregó que la pérdida de la conectividad de los bosques afecta la variabilidad genética de la especie y la expone a la extinción.

Cuando los jaguares se mueven de un extremo a otro existe un rico intercambio genético al cruzarse los de un lado con los del otro y esto adiciona nuevos genes a la familia. Pero, si la población de felinos se reduce a unas unidades, en un solo sitio, una misma familia se entrecruzará y tendrá crías enfermas y débiles.

El biólogo explicó que cuando nace un cachorro macho a los dos años y medio es expulsado de la manada por macho dominante por las altas probabilidades de que se apareé con su madre y hermanas, lo que conllevaría a una reducción de la variabilidad genética. Si los mismos individuos se entrecruzan todo el tiempo pierden defensas, ‘es como los humanos cuando los primos se unen nacen hijos débiles y enfermos’, advierte.

Las riberas del Canal de Panamá son unos de los lugares más estudiados por los científicos. En el Parque Nacional Soberanía, desde 2012, hay entre diez y veinte trampas para captar huellas e imágenes del jaguar. Pero desde entonces no habido reportes que arrojen pistas de la existencia de la especie.

Moreno, sin embargo, prefiere esperar unos años más para decir oficialmente que la especie se ha extinguido, ‘hay que hacerlo de una manera científica’, dice. Pone como ejemplo el caso de Taiwán en donde se hizo un monitoreo por una década para posteriormente declarar extinta la subespecie de leopardo nebuloso ( Neofelis_nebulosa) .

Si los avances de las fronteras agrícolas, ganadera y de cemento continúan, el jaguar empezará a extinguirse desde el centro del país (riberas del Canal) hacia sus extremos, pronosticó Moreno. Afortunadamente, todavía existen los bosques del Parque Nacional Darién, con una extensión de 5,790 kilómetros cuadrados, que conectan con Colombia hasta Ecuador donde se refugia una buena población de estos felinos.

Hay otra buena población entre el Parque Nacional La Amistad, el Bosque Protector Palo Seco y el Parque Nacional Barú, un conjunto de áreas protegidas en Tierras Altas que conectan con Costa Rica. Otro grupo estaría en Donoso y Portobelo en Colón, en el Copé en Coclé, en Cerro Hoya en Azuero, en Santa Fe en Veraguas, en Campana en Panamá y en Guna Yala. ‘Nos hemos dado cuenta que donde era normal ver jaguar ya no se ve o las poblaciones son muy bajas’, concluye el biólogo.

EL JAGUAR, EL GUARDÍAN DE LOS GUNA

En la mitología indígena guna, el jaguar es reconocido como un guardían de los lugares sagrados: los bosques.

Los guna consideran a este felino como un ser poderoso, que intimida, y por ello evitan molestarlo.

La etnia indígena utiliza algunas partes del cuerpo del felino en rituales religiosos. El cráneo y las semillas del cacao, por ejemplo, son usadas para espantar malos espíritus en los lugares de cultivo. Mientras que los colmillos del jaguar son usados como símbolo de fuerza y valor, de acuderdo con Elliot Brown, biólogo guna. El felino también es considerado símbolo del agua. ‘Si le quitas la j y r es igual a agua’, explicó el biólogo Ricardo Moreno. Es uno de los felinos con mayor asociación al agua, siempre está en estos ecosistemas.

NO DEPREDA HUMANOS

Una falsa leyenda que se refiere a hábitos humanos del jaguar lo convirtieron en presa de los rifles. Se han matado 317, en 20 años.

A su llegada a América, los españoles trajeron sus leyendas y una de ellas fue la de trigre asiático que comía gente. Los pobladores adaptaron la leyenda del tigre asiático al jaguar por su parecido y ahora dicen que el ‘tigre mata’.

La realidad es que no existen reportes científicos de que el jaguar deprede a los seres humanos. Esto porque no han coexistido permanentemente con los humanos como con los animales, con los que llevan millones de años, según una tesis científica.

La Estrella de Panamá