México: Retos y oportunidades de la educación superior – Por Jaime Valls Esponda

Retos y oportunidades de la educación superior (II parte)

Por Jaime Valls Esponda*

Aprovecho este espacio para señalar algunos de los principales retos y oportunidades que enfrentará el sistema de educación superior en 2018.

Según estimaciones preliminares en el ciclo escolar 2017-2018 el sistema de educación superior está atendiendo a 150 mil 344 estudiantes más que al inicio del ciclo escolar anterior, lo que representa un incremento anual de 1.4% en la tasa bruta de cobertura observada para situarnos en 38.7%. En este año, las instituciones de educación superior tendrán que realizar un gran esfuerzo para ampliar la cobertura al menos en el mismo número de estudiantes que en este ciclo escolar, a fin de alcanzar la meta del 40% establecida en el Plan Nacional de Desarrollo y del Programa Sectorial de Educación 2013-2018.

En materia de financiamiento, persiste el enorme desafío de dotar de recursos financieros crecientes a las instituciones públicas de educación superior para permitirles proporcionar una educación pertinente y de calidad al tiempo de continuar ampliando la cobertura. En los últimos años estas instituciones no sólo han maximizado y transparentado los recursos públicos que reciben tanto de la federación como de los gobiernos estatales, sino que además, han incrementado su capacidad de generar recursos y han logrado mayor eficiencia en sus procesos internos, lo que les ha permitido incrementar la matrícula en proporciones muy superiores al crecimiento del subsidio que reciben.

En este sentido, se requerirá además de un esfuerzo comprometido y una gran voluntad de las autoridades de los distintos órdenes de gobierno y de las universidades públicas estatales para avanzar en la solución de los problemas estructurales que amenazan la sostenibilidad financiera de varias instituciones de educación superior.

Es importante destacar que este año más de 400 instituciones de educación superior, tanto públicas como particulares de nuestro país, continuarán apoyando a los jóvenes estudiantes mexicanos que viven y estudian en los Estados Unidos, que, por su condición migratoria, no puedan continuar sus estudios a nivel de licenciatura en ese país, para que puedan hacerlo en las instituciones de educación superior mexicanas, en el marco de la gran respuesta solidaria que representa el Programa Universitario Emergente Nacional para la Terminación de Estudios Superiores (PUENTES).

Por último, el proceso electoral para renovar el Ejecutivo Federal presenta una gran oportunidad para lograr que la educación superior ocupe un lugar central en la agenda de desarrollo nacional. La ANUIES ha formulado con la participación de expertos de distintas instituciones y de manera coordinada con la UNAM, el Conacyt, el Foro Consultivo Científico y Tecnológico una propuesta para la renovación de la educación superior con Visión al año 2030. Este documento será presentado a los candidatos a la Presidencia, a otros actores políticos y a la sociedad, con el objeto de enriquecer el diseño de las políticas públicas, para que al menos los dos próximos sexenios se logren cambios estructurales y se avance en la construcción de un sistema de educación superior robusto, con mecanismos de evaluación y acreditación que propicien la mejora continua de la calidad, abierto a la internacionalización, de amplia cobertura y en cual se facilite la movilidad de estudiantes y académicos.

Estamos convencidos que la inversión en educación superior, ciencia, tecnología e innovación es indispensable para incrementar la productividad y la competitividad del país y, de manera más importante, para asegurar el bienestar y el desarrollo social.

*Académico, ex alcalde de Tuxtla. Secretario general ejecutivo de la ANUIES.

El Universal


Retos y oportunidades de la educación superior (II parte)

En mi última entrega inicié el análisis de los retos y oportunidades que enfrentará la educación superior en el último año de la administración federal. Sus saldos permitirán evaluar y diseñar las políticas del siguiente sexenio. Comentamos hace dos semanas sobre los retos de la cobertura, el financiamiento, la estrategia nacional Puentes para atender a jóvenes migrantes en EU en caso de deportación y hablamos de la propuesta de Visión y Acción 2030 que ha venido construyendo colegiadamente la ANUIES para contribuir al diseño de las políticas públicas de la próxima administración.

Otro reto inscrito en el propio Plan Nacional de Desarrollo y en el Programa Sectorial de Educación 2013-2018 es el de la calidad de la educación. Si bien en los niveles precedentes al superior se impulsaron reformas estructurales que han generado expectativas de mejora, en el caso que nos ocupa, la evaluación de la educación superior data de los años 90, y es visto como una práctica cotidiana por los actores de ese nivel educativo, que lo han asumido como parte del quehacer académico.

No obstante, los indicadores de calidad, medidos por el porcentaje de matrícula inscrita en programas educativos de calidad, muestran que nos alejamos de la meta del 72% propuesta para el 2018, que se veía alcanzable a inicios de la administración, pues partimos de una línea base de 59.4%. Hoy vemos con preocupación que el indicador no avanza. Por ello hemos planteado desde la ANUIES la necesidad de impulsar la creación de un sistema Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior que defina las políticas y estrategias, y que promueva, regule y articule los esfuerzos existentes en el logro y aseguramiento de la calidad de la educación superior conforme a estándares internacionales.

La responsabilidad social es un concepto emergente propuesto en 2009 por la UNESCO que debe dimensionar la educación superior. Al definir a la educación superior como un bien público y social, el Estado se ha responsabilizado de su desarrollo, pero los demás actores también debemos asumir nuestra corresponsabilidad. La creación del Observatorio Mexicano de Responsabilidad Social Universitaria en 2016, a instancias de la ANUIES y con la participación formal de la Subsecretaría de Educación Superior y varias instituciones de educación superior (IES), ha sido fundamental para vincular de manera sistemática y planificada a las funciones sustantivas y de gestión, el compromiso social de las IES por el desarrollo sostenible.

La internacionalización de la educación superior debe ser vista como una estrategia educativa nacional para hacer frente a la globalización. Dotar a los jóvenes de competencias globales, una mirada multicultural y una ciudadanía universal, impulsar la colaboración científica y tecnológica entre los académicos e intercambiar experiencias internacionales para atender problemas locales, representan una prioridad de la sociedad actual.
Superar esos retos, requiere sin duda de una mejor organización, de un soporte normativo sólido y actualizado en el cual se establezcan con claridad las responsabilidades, competencias y derechos de los actores para aportar certidumbre a la gobernanza, con respeto a la autonomía y a los derechos laborales de los trabajadores universitarios, y una clara direccionalidad de las políticas públicas, acompañadas de programas y recursos, para el desarrollo de la educación superior en sus distintas modalidades.

En la ANUIES hemos hecho nuestra parte creando y proponiendo instrumentos, formulando una propuesta de anteproyecto de Ley General de Educación Superior y el documento de Visión y Acción 2030 que ya comentamos. Con todos esos instrumentos enfrentaremos los retos, en este año que se presenta como una gran oportunidad para impulsar un nuevo ciclo, innovador, de la educación superior en México.