Unasur, ¿una herramienta estratégica o un espacio vaciado de consensos? – Por Lucia López Prieto

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

En abril de 2017, nuestro país asumió la Presidencia Pro Témpore de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), y surgió una gran inquietud entre los Jefes de Estado y cancilleres sobre que iba a suceder con la Secretaría General del organismo, lugar que, desde el nacimiento de este ha implicado gran visibilidad continental, e importantes desafíos.

Aunque nacido con las urgencias de las crisis, en unos pocos años Unasur ha logrado un importante papel en la definición de agendas y prioridades de seguridad y defensa, y ha desarrollado una activa cooperación sectorial en este campo. Desde el Consejo de Defensa Sudamericano (CDS) han surgido actividades para establecer una metodología común que facilitara y homogeneizara el reporte de los gastos y activos de defensa, como también, la preparación de un borrador de Protocolo de Cooperación en Paz y Seguridad. A su vez, se han puesto en práctica importantes iniciativas de cooperación en la industria de defensa e incluso, se han aprobado decisiones que pretenden impulsar la creación de una Agencia Espacial de Sudamérica, la puesta en marcha de una Escuela Sudamericana de Defensa (ESUDE), entre otras cuestiones.

A su vez, las visiones de seguridad y defensa en Unasur pretendían mantener un esquema cooperativo entre los estados miembros; como así también los principios de gobierno civil y control democrático que se asentaron en la región tras las dictaduras militares. Asimismo, se comprueba cómo se ha impuesto una diferenciación entre los ámbitos de defensa y seguridad(pública),respaldada por países como la Argentina, frente a planteamientos que, en parte debido a condicionamientos internos, plantean una visión que une, y también difumina ambas categorías, como es el caso de Colombia. Estas posiciones, tienen importantes implicaciones en el papel que juegan las Fuerzas Armadas (FF.AA.) y su ámbito de actuación, así como en clave de fortalecimiento institucional y de respeto de los derechos humanos (Alda, 2012).

Para entender la ambivalente y a veces contradictoria actuación de los países de la región en cuanto a esa agenda no tradicional de seguridad, y la lentitud y menor compromiso con el proceso de creación de instituciones, definición e implementación de políticas, también habría que aludir a los objetivos de autonomía regional de Unasur y el CDS y en particular a la pretensión de un buen número de países suramericanos de reducir el papel de la OEA y el sistema interamericano, haciéndose cargo —al menos a nivel formal— de los asuntos en los cuales este organismo hemisférico se ha mostrado más activo hasta al momento. Por ejemplo, Unasur ya ha asumido el papel de gestión de crisis y de estabilización regional tradicionalmente asumido en exclusiva por la OEA, y ha empezado a abordar tareas como la observación de elecciones a través del Consejo Electoral de Unasur, que ya ha actuado en Ecuador, Paraguay o Venezuela.

Asimismo, Unasur fue importante en momentos determinantes de los últimos años en América Latina. En 2008, con una rápida reunión en Santiago de Chile, ayudó a disipar los intentos de desestabilización que sufría Evo Morales en Bolivia. Hizo lo propio en 2010, cuando Rafael Correa enfrentó un intento de golpe de Estado, y en 2012 en Paraguay, donde rechazó enfáticamente la caída del gobierno de Lugo -a pesar de no poder lograr el objetivo de que éste retorne al Palacio López, sede del Ejecutivo.

No obstante ello, se visualiza una dispar actuación de los estados, la que se pone de manifiesto en la marcada preferencia de un accionar individual en las agendas, foros y organizaciones internacionales y globales y por la pluralidad de opciones que se observa en la región en cuanto a los vínculos fuera de la región. Las alianzas extra regionales de los países pertenecientes al Alba-TCP, subordinadas a visiones geopolíticas de matriz contra-hegemónica, y basadas en nociones clásicas de los equilibrios de poder, sumadas a las crisis políticas internas que atraviesan cada país, en especial Venezuela serían uno de los elementos dables de mencionar.

La llegada de la democracia, en 1983, significó para nuestro país y su política exterior un cambio trascendente, los años del presidente Alfonsín significaron un nuevo posicionamiento en el mundo planteando los comienzos de una política de unidad latinoamericana, que continúa hasta nuestros días.

En virtud a ello, es que, como argentinos debemos esperar, de que se abogue por una veloz resolución del nombre -y el país- que ocupará la Secretaría General de la Unasur, lo cual será clave para avanzar en una integración regional más autónoma, ya que se trata de crear una realidad tangible y fuerte que nos posibilite aprender de nuestro pasado y de los errores cometidos y así avanzar hacia una unión fraterna y definitiva.

(*) Magister en Integración, Mercosur y Desarrollo Regional.

El Liberal