El otro de la otredad: migraciones en América Latina – Por Tomás Bontempo (especial para NODAL)

Tomás Bontempo (*)

“¿Por qué tenemos a toda esta gente de países que son un agujero de mierda viviendo aquí?”, expresó el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en una reunión con legisladores estadounidenses despertando indignación y rechazo en varios de los países de la región. Una frase fiel a su histriónico estilo retórico que refleja la construcción de la otredad latinoamericana en la visión de los Estados Unidos. Esa otredad que el intelectual palestino Edward Said mencionó como la fabricación del arquetipo de los valores opuestos encarnados por una sociedad. Es decir, el latino seria esa “gente de mierda”, el vago, el delincuente o pandillero. Por ello, presenciamos al endurecimiento de los controles migratorios de Estados Unidos hacia América latina e incluso a la reducción de los presupuestos destinados a lo que considera cooperación en la región.

No obstante, lo que sucede es también un hecho de indignación selectiva. Las acciones de los Estados Unidos o los dichos de Trump, solo reflejan una parte de la conflictividad que representa el fenómeno de las migraciones en América Latina. En el caso de México, señalado por la actual gestión republicana como el responsable de tener que pagar el muro directa o indirectamente, muchos migrantes centroamericanos se trasladan al Norte en rutas de alta peligrosidad y sometidos a todo un esquema de delincuencia organizada (incluso menores que viajan sin adultos). El trato que la nación azteca brinda a muchos de ellos no es mucho mejor y ha llegado a deportar en 2016 al 94% de los mismos, especialmente hondureños, salvadoreños y guatemaltecos, según datos de la Unidad de política migratoria de la Secretaria de Gobernación. Incluso en 2017, México se reunió con el Secretario de Estado, Rex Tillerson, para reforzar cuestiones relativas a la cooperación bilateral en materia de seguridad. La situación mexicana es tal vez un rasgo distintivo de un país que en muchos años se olvidó de mirar hacia el sur, pero una situación similar a la de México con los migrantes centroamericanos sucede con las masivas deportaciones de haitianos de República Dominicana.

En los últimos diez años hemos venido asistiendo a un cambio en el patrón migratorio histórico de América Latina. Los flujos migratorios intrarregionales se incrementaron, en detrimento de los extrarregionales. A la par del flujo de migraciones de bolivianos y paraguayos a Argentina o de colombianos a Venezuela se crearon o consolidaron distintos acuerdos institucionales o normativos en el marco de algunos procesos de integración regional, especialmente la CAN y el MERCOSUR (acuerdo de residencia). Para CEPAL, en 2016 los países de mayor emigración fueron México, Colombia, El Salvador, Cuba y República Dominicana. Según la OIM, en 2017 el promedio general de inmigración en los países de la región es de 2,1%, lo cual es superado por aquellos que más migrantes tienen en relación al porcentaje de su población como Costa Rica, Argentina, Venezuela, República Dominicana y Panamá.

Especialmente en los últimos dos años asistimos al fenómeno de un creciente aumento de la emigración de venezolanos hacia países vecinos, principalmente Colombia, lo que para algunos medios de comunicación es considerado un supuesto éxodo. En ese sentido, aun en medio del difícil proceso de paz, el presidente Juan Manuel Santos, expresó que la migración de los habitantes del país vecino era el problema “más serio de Colombia” y señaló contactos con ONU para abordar el tema de los miles de migrantes que atraviesan el puente internacional Simón Bolívar a la ciudad de Cúcuta. Asimismo anunció facilitar el registro civil de menores venezolanos con padres colombianos, y la suspensión de las tarjetas de movilidad fronteriza a la par de mayores controles en la frontera. Positivamente al menos desde el discurso remarcó la necesidad de ser generosos con Venezuela como lo fueron con ellos cuando muchos fueron a buscar una vida mejor, en alusión a los largos periodos de fuerte violencia paramilitar en Colombia.

Sin duda, las convulsiones políticas y económicas siempre generaron movimientos de personas en nuestra región. ¿Cómo reaccionarán a la aparente crisis migratoria venezolana los países de la región? De consolidarse, ¿serían capaces de dar una respuesta técnica que ponga a las personas en el centro de la política migratoria en vez de medidas temporales con inclinación política? ¿Edificaremos los puentes necesarios o construiremos nuestros propios muros?

(*) Profesor de Sistemas Politicos Latinoamericanos Comparados (Universidad del Salvador -Argentina)


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