¿Mapuches, turismo sustentable o hidroeléctricas? – Por Cecilia Vergara Mattei

Las comunidades mapuches chilenas advierten que las hidroeléctricas están hipotecando el futuro de Meli pewun ko (encuentro de cuatro aguas) y aunque todavía no existe un gran desarrollo del turismo indígena, éste pudiera convertirse en un instrumento económico que genere ingresos para Melipeuco, Curarrehue o Lonquimay.

Hoy, los altos índices de pobreza y escasas fuentes laborales en La Araucanía son aprovechados por las empresas –muchas de ellas trasnacionales- para generar expectativas económicas, ofrecimientos de recursos y fondos concursables, e ir así apoderándose del territorio. Construyen y proyectan centrales y embalses, tratando de encauzar en grandes tubos ríos, esteros y cascadas. Obviamente, las comunidades se oponen.

Melipeuco es una comuna chilena de la Provincia de Cautín en la IX Región de la Araucanía, en la falda sur del volcán Llaima, fundada en 1981, convirtiéndose en un nuevo sector andino de la región y actualmente una de los potenciales polos turísticos por su cercano Parque Nacional Conguillío

“El turismo mapuche tiene una conexión importante con la ecología y es manejable por las comunidades, en cuanto depositarias de los conocimientos asociados. Constituye, por lo tanto, una buena estrategia complementaria en la supervivencia socioeconómica y cultural”, señala el antropólogo Wladimir Painemal Morales.

Un estudio de Arnaldo Pérez Guerra indica que en Melipeuco viven alrededor de seis mil personas: 24,1% son pobres, y 7,4% indigentes, y casi un tercio de los hogares son dirigidos por mujeres, que tienen aún baja participación laboral y altos índices de desocupación. La escolaridad promedio no supera los 6,4 años, es decir, se llega hasta sexto o séptimo básico cuando mucho. En la comuna hay 11% de analfabetismo y el 61% de la población solo cursó la educación básica.

Un 53% de la población es mapuche. Para la Asociación Mapuche Folil Koyam, la cifra es de 70%, y un 83,9% vive en el sector rural. Sólo un 3,4% de la población mapuche cursó alguna educación media con mención técnica, y apenas un 1,5% posee educación universitaria. El 46,5% de las explotaciones agrícolas corresponden a productores mapuches, quienes poseen sólo el 8% de la superficie de explotación, según la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias.

Aun cuando la mayoría de la población mapuche vive en el campo, las tierras ya no alcanzan a producir lo necesario para sustentarles. En general, los jóvenes salen a buscar trabajo fuera del territorio, en faenas agrícolas, en la poda, raleo y cosecha. Otros van a Argentina en migraciones golondrina como temporeros, zafreros. El valle no tiene las mejores tierras agrícolas: son tierras cordilleranas demasiado rojizas, y fuertes nevadas y heladas que dificultan la producción agrícola.

Luz María Huenupi, presidenta de la comunidad Juan Meli, señala que en Melipeuco, “las autoridades están al tanto de nuestra lucha en defensa del río Txuful Txuful, les informamos del proceso de consulta indígena, pero no se han pronunciado. No tenemos apoyo. La zona es rica en recursos hídricos, pero los dueños son empresarios chilenos y transnacionales. Viene el Instituto de Desarrollo Agropecuario a ofrecernos proyectos de regadío, de siembras, pero ¿con qué agua? Para postular hay que tener derechos de agua. Queremos que el derecho al agua para las comunidades esté en la Constitución”.

Dice que en Carén Alto, la hidroeléctrica contaminó el agua, se han desbordado ríos y los terrenos se inundan y hoy las comunidades no pueden sembrar. En Melipeuco hubo piscicultura. Se instalaron varias salmoneras que destruyeron espacios sagrados, contaminaron ríos, y cuando el negocio se vino abajo, se fueron. Gonzalo Melillán, dirigente mapuche dice que “vienen con el discurso de que ‘van a dar trabajo’, pero el daño que causan va mucho más allá, no tiene precio… Acá hay lugares hermosísimos, no contaminados aún, y que se instalen hidroeléctricas los afectará”.

“Los turistas no vendrán a ver un muro de cemento… Un desarrollo turístico que no intervenga ni destruya podría generar considerables recursos. Protegiendo se podría ganar mucho. Al defender el territorio también estamos defendiendo lo económico, lo espiritual, la salud de la gente, nuestro patrimonio, el agua pura… Lo vemos como una alternativa, un modo de conservar el bosque nativo, lugares sagrados como los nevados del Sollipulli, el Conguillío, el salto del Txuful Txuful, la reserva de China Muerta”, añade.

Benjamín Oñate Namuncura, ex concejal de Melipeuco, explica que ya se han instalado centrales hidroeléctricas de pasada “perjudicándonos tremendamente. Sin duda el turismo se verá afectado si destruyen el Txuful Txuful. El río y la cuenca que nace en Conguillío, son de valor patrimonial cultural, y un polo de desarrollo. Actualmente, hay muchos jóvenes estudiando turismo. Pueden hacer allí rafting, turismo aventura, trekking, canotaje, pesca deportiva, y ocupar el río. Si construyen otra bocatoma, quedará solo un 20% del agua, y perderíamos la posibilidad de desarrollar un turismo sustentable.

Las comunidades mapuche exigen que se declare a Melipeuco como Zona de Interés Turístico, lo que podría significar inversiones turísticas sustentables. Hasta ahora las autoridades no les prestaron atención.

-Cecilia Vergara Mattei. Periodista chilena, analista del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)