Una elección atípica que muestra un cambio de rumbo Por Rogelio Arce Barrantes

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Uno de cada tres votantes, no votó, esto es desde luego creíble a la luz de la manera de pensar de muchos ciudadanos. No votar es también un derecho sagrado, es una manera de manifestar la disconformidad con el sistema.

El resultado de la primera ronda es con mucho algo inesperado: los partidos que hicieron y deshicieron los últimos sesenta años, quedaron por fuera de la segunda oportunidad.

Trataré de hablar lo mínimo de ambos partidos, PLN y PUSC, ambos divididos y desgastados, con muy poco que ofrecer al elector no partidario de ellos mismos (porque el partidario vota porque si); es posible que ambos queden como fuerzas de segunda categoría en futuros procesos electorales, salvo que hagan un exorcismo de sus mandos altos y medios: difícil porque no querrán tocar fuerzas impredecibles.

Aún tienen agarrada la sartén por el mango, más el PLN, por la cantidad de diputados en la Asamblea Legislativa, lo que da la oportunidad de revitalizar su equipo durante cuatro años.

Los dos finalistas, como en un certamen de belleza, fueron dos hombres jóvenes, ambos periodistas y con gran cantidad de simpatizantes dentro de sus colegas, lo que les dará mayor cobertura, la prensa tiene mucha fuerza en Costa Rica aún.

Ambos representan el “relevo generacional” tan necesario para la política, son las dos caras opuestas de la moneda nueva de la democracia.

Fabricio Alvarado, un periodista joven, agradable, de hablar comedido y no ofensivo, representa las fuerzas más reaccionarias de la asociación de iglesias evangélicas de Costa Rica, supo aprovechar la oportunidad que le brindó en bandeja de plata el gobierno de LGS (no el PAC, sino el ejecutivo) por la consulta hecha a la CIDH y que dicho organismo supo tirarla al ruedo en el “momento oportuno”, lo que la convirtió en una especie de referéndum: Si o No al matrimonio homosexual: de estar a favor o en contra del matrimonio gay, de eso se trató esta primera ronda. Este hecho lo catapultó hasta el primer lugar, después de estar cerca del margen de error. Tiene a su favor una personalidad libre de acusaciones de sinvergüenza, es decir es un elemento nuevo en el teatro de la política costarricense.

Tiene un grupo de diputados fieles, que podrían ayudarle a conseguir apoyo de otros partidos, se avecinan tiempos aciagos y la situación será insostenible e inmanejable por quien sea, más aún por alguien inexperto; aunque Óscar, Laura y Luis Solís demostraron ser incompetentes, pese a haber vivido desde y entre la política partidista: mostraron una incapacidad monstruosa para detener el latrocinio de algunos grupos durante sus gobiernos (es decir la experiencia muchas veces no lo es todo).

Carlos Alvarado, el candidato joven del PAC, muy joven y afable, alejado del insulto y que supo desmarcarse del gobierno a tiempo, mientras ese estaba cuestionado (no digo culpable, sino sencillamente ligado al principal autor intelectual), se colocó bajo la sombra de Ottón Solís Fallas: quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija.

Tiene a su favor la juventud y su buena comunicación, muchos elementos valiosos del PAC que podrían ayudarle a enfrentar la crisis que se avecina, aglutina a su alrededor fuerzas más progresistas pero además hay liberales que le coquetean.

Tiene a su favor el estar alejado de grupos religiosos y recordemos el consejo de Maquiavelo a los Medicis: el príncipe debe estar alejado de la religión.

El problema de la religión (cualquiera) en la política, es que se torna intolerante y etiqueta a sus oponentes como gente opuesta a Dios, como si Dios se mezclara en estas mezquindades. Ricardo Jiménez Oreamuno dijo hace noventa años: en Costa Rica se puede gobernar sin la Iglesia Católica, pero no contra la Iglesia Católica.

Hemos podido ver a un LGS y un Oscar el 2 de agosto en Cartago, para no caerle mal a la conferencia episcopal.

El domingo de resurrección será una elección muy importante por varias razones, será un referéndum del matrimonio gay, se otorgará al PAC una oportunidad más de la mano de un hombre joven o ese día terminará el sueño de Ottón.

Estaremos estrenando un nuevo híbrido entre religión y política, una forma novedosa de gobernar y quizá un filón como pocos que será aprovechado por otros grupos.

Cualquiera de los dos estará al frente de un país en crisis económica como no la había visto nadie en cuatro décadas, un déficit del 7% que salvo una reforma fiscal no podrá solventarse, y habrá que recurrir al impuesto a los pobres: la devaluación.

– Rogelio Arce Barrantes es Médico.

El País