Chile: ¿nada que negociar con Bolivia? – Por Cecilia Vergara Mattei

Cecilia Vergara Mattei* 

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Chile endureció más aún su posición al reafirmar que nada de mar tiene que negociar con Bolivia y señalar que, la obligación de hacerlo, que reivindica Bolivia en los estrados de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, se agota en la negociación -incluso sin concluirla- y no con el resultado de la misma.

En último día de la fase de los alegatos orales en el juicio marítimo abierto por Bolivia, hace 5 años, el abogado francés de Chile, Jean-Marc Thouvenin, afirmó que ninguno de sus actos de Estado, una decena al menos entre 1919 y 2011, le genera a Chile la obligación de negociar un acceso al mar con su vecino, al que arrebató todo su litoral de 400 km lineales y 120.000 km2 de territorios de desembocadura tras invadir el entonces puerto boliviano de Antofagasta en 1879.

Consideró que la obligación de negociar que demanda Bolivia tiene un carácter marginal y hasta inexistente y  “no requeriría que las partes buscaran llegar a un compromiso, sino que les llevaría a procurar elaborar lo que podríamos llamar un intercambio constructivo. Recuerdo que Bolivia no tiene reivindicación alguna que hacer valer, sino que una aspiración que indica que es una necesidad”, enfatizó el letrado, que precisó que el acceso marítimo soberano al mar de Bolivia no es, sencillamente, de interés del Estado chileno.

La posición de las autoridades y de esa corte de expertos bien remunerados para defender los supuestos intereses chilenos ante el TIJ ha sido respaldada por una intensa campaña de prensa y mensajes de alta virulencia en las redes sociales, en  el propósito de simular una posición única de los chilenos respecto de la demanda boliviana.

Pero lo cierto es que jamás se ha realizado una consulta al respecto y son muchas las voces que difieren antagónicamente con los argumentos del abogado francés que representa la institucionalidad del Estado chileno. Los pueblos que viven en Chile desconocen las fronteras impuestas originalmente por el colonialismo español y británico -y ahora estadounidense-, que sólo benefician la dominación de una minoría sobre la inmensa mayoría social.

Juan Pablo Cárdenas, desde la Radio Universidad de Chile señala que se repite desde los medios hegemónicos la consigna de “Ni un centímetro de mar para Bolivia”. Ni siquiera a cambio de un canje territorial con este país, como hubo disposición de hacerlo en el pasado, como para conjurar un nuevo conflicto y reorientar los enormes gastos de defensa sobre los imperativos  de progreso y paz.

Los alegatos de las partes ante el Tribunal de la Haya poco resolverán respecto de la demanda. Si se instara a Chile a negociar una solución al respecto, ello no llevará necesariamente a Chile a otorgarle un paso al Océano Pacífico.  Y mientras crece la virulencia del canciller chileno,  las relaciones van a quedar todavía más afectadas y el diálogo binacional será, por otro buen tiempo, inconducente a una solución hermanable y definitiva.

Cárdenas consigna la vergüenza que “nos provoca otra vez nuestra clase política; no tanto aquellas mentes chovinistas y que desde siempre han demostrado su falta de visión estratégica respecto de  lo que podría ganar Chile de administrar bien sus relaciones internacionales. Más bien nos referimos al rubor que nos produce el oportunismo y la falta de consistencia de sectores que proclaman su progresismo, fraternidad americanista y repudio por el sometimiento de la política a los intereses”.

Recuerda lo planteado por versados especialistas chilenos que por más de un siglo han abogado por una solución armoniosa en los conflictos vecinales. Sin embargo, todo este legado es desdeñado por los actuales negociadores y por quienes aspiran a que Chile imponga su hegemonía en la región sobre la base de la superioridad bélica y el tutelaje de las Fuerzas Armadas sobre la política, indica.

“Por los uniformados siempre deseosos de mayores dotaciones de soldados y poder letal para descargarlo contra nuestro propio pueblo, como ha ocurrido durante más de un siglo de golpes de estado, masacres en el norte y sur del país, magnicidios y otros despropósitos (…) que entraron aceleradamente en la espiral de la corrupción, justamente por su impunidad y el mal ejemplo o insolvencia de las autoridades civiles”.

En caso de un fallo adverso para Bolivia,  es evidente que ello no hará claudicar a este país y que Chile tendrá que seguir gastando ingentes recursos para encarar una hipotética confrontación, cuanto seguir financiando a esos rebaños de diplomáticos y abogados que se favorecen con estos litigios, sus viajes y viáticos de lujo, además de aquellos estipendios secretos que muchas veces salen precisamente de los “gastos reservados” que les heredara, entre otros privilegios, la dictadura de Pinochet.

Cárdenas recuerda, asimismo, que “nuestros supuesto mar y nuestro suelo, subsuelo y recursos hídricos en realidad pertenecen a las empresas transnacionales enseñoreados en ellos y que, de ser preciso, como en 1879, hasta podrían inducirnos a una nueva guerra con nuestras naciones hermanas para no perder, ellas, un centímetro de sus actuales dominios”.

* Periodista chilena, asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)