Niños pobres: hacia una Argentina sin futuro – Por Juan Guahán

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Juan Guahán*

Una pobreza que ronda el 30% acompaña desde hace varios años, a la vergonzosa realidad de la Argentina. Pero si hablamos de niños y pobreza, ésta se acerca al 50%. Esos son datos de la hipoteca argentina y de su negro futuro.

La evolución de los números de la pobreza en la Argentina son una muestra más que evidente de su crisis y decadencia. Aquí daremos un pantallazo de los datos generales para luego concentrarnos en lo que pasa respecto de la niñez y sus efectos sobre el futuro que les espera.

En 1974, cuando muere –siendo Presidente- el general Juan Domingo Perón, menos del 5% de los argentinos vivían en la pobreza. En 1983 esa cifra pegó un salto muy importante y luego del golpe militar -1976/1983- llegó al 15%. Cuando Raúl Alfonsín dejó su gobierno (1989) y antes de la crisis que motivara su apresurada renuncia, el número de pobres se elevó al 19%.

Diez años después, en 1999, Carlos Saúl Menem cumplía sus mandatos y la cifra de pobres sumaba el 25%. Luego del interregno del gobierno de la Alianza que desató la crisis del 2001/2002 y de los 12 años del kirchnerismo la pobreza trepó, al terminar el mandato de Cristina, por encima del 29%, llegando a superar el 30% con el actual gobierno de Mauricio Macri.

Estos guarismos reconocen “picos” del 47% de pobres en medio de la crisis del alfonsinismo y del 54% en el 2002. Estos son los números y algunos de ellos no coinciden con la idea existente en la sociedad. Así, por ejemplo, el dato que el peor momento del gobierno de Menem, es igual al mejor porcentaje de pobreza del kirchnerismo, no es percibido de esta manera en la sociedad.

Referidos a la situación de pobreza del conjunto de la población se vuelven mucho más fuertes cuando los referimos a los niños y jóvenes de 0 a 17 años. En ese caso las cifras son mucho más drásticas y el significado social de esos números encierra el drama argentino acerca de su futuro.

Según UNICEF, el organismo de las Naciones Unidas, vinculado a los niños y jóvenes, para la edad señalada y hacia fines del 2016 la cifra de pobres era 47,7%, con un pico en el segundo trimestre que superaba el 50%.

Según otras informaciones adicionales, para fines del 2016, las peores situaciones de niños y adolescentes pobres se daban en San Juan (60,64%); Córdoba (55,63%); Corrientes (53,59%) y Santiago del Estero (51,29%). Los mejores índices los podían exhibir Santa Cruz (13,63%); Ciudad de Buenos Aires (19,62%); La Rioja (31,72%) y Neuquén (41,57%). Esas tasas de pobreza llegan al 85% en los hogares donde el jefe o jefa de hogar está desocupado y al 65% cuando es asalariado informal.

A la brutalidad de estos datos, Juan Carlos Parodi (un cirujano argentino reconocido mundialmente, que hizo su carrera en los Estados Unidos, está inscripto en Libro Guinness por los 280 procedimientos médicos registrados y que atendiera al papa Francisco), le agrega su propia visión. Ahora, a su regreso al país, luego de visitar algunos de los sitios más pobres, agregó algunos elementos que no se pueden, ni deben, olvidar.

Este médico concluye que en tres generaciones –proyectando los datos de las últimas décadas- el crecimiento de los pobres será de cinco veces más que los no pobres, lo que producirá el obvio fenómeno que los pobres generen más pobres, según esa proyección al cabo de esas tres generaciones tendríamos que el 80% de los niños serían pobres.

Concluye que la mala alimentación, la deficiencia en la educación y otros servicios públicos provocarán que “dentro de pocos años la mayoría de los niños argentinos serán pobres, con capacidad mental disminuida y educación insuficiente”. Así pinta el futuro para la mayoría de nuestros compatriotas.

Según su apreciación comúnmente aceptada, el embarazo y los primeros 5 años de vida son fundamentales. Lo que se haga después no lo podrá cambiar, porque en ese período se forma y se moldea el cerebro con sus millones de conexiones. Ante ese panorama, no hay que olvidar que llevamos más de medio siglo con un crecimiento constante de la pobreza.

¿Qué estamos haciendo? Poco y nada, es la respuesta inmediata que brota de nuestros labios, después de ver pasar a diferentes gobiernos de las más variadas orientaciones. ¿Quién ha visto debatir a nuestros dirigentes sobre cómo construir el futuro de las próximas dos o tres décadas? Particularmente qué vamos a hacer con los pobres, en su mayoría descendentes de antiguos hijos de la tierra.

Esta Argentina que conocemos fue hecha por lo inmigrantes y sus hijos. Da la impresión que nuestro país fue edificado bajo la idea de aquellos que vinieron “para hacerse la América” y que no ha logrado superar ese pensamiento mezquino.

Por eso estamos ante la actual y extraña xenofobia de los descendientes de aquellos inmigrantes. Prácticamente toda la dirigencia política y económica está en manos de esos hijos de inmigrantes que han terminado recluyendo en la pobreza a los criollos y descendientes de pueblos originarios.

Esa cuestión puede estar en el fondo de esa despreocupación por el futuro de esos sectores y por su “molestia” ante la presencia de nuevos inmigrantes, ahora procedentes de los países vecinos, a los que se quiere privar de la atención médica en los hospitales públicos. Triste realidad, fruto de una Argentina que decidió inscribir en su Constitución de 1853 -todavía vigente- que: “El Gobierno federal fomentará la inmigración europea…” (Art. 25).

*Abogado y militante social argentino.