Argentina: el peor momento del macrismo – Por Rubén Armendáriz

Por Rubén Armendáriz*

El macrismo está atravesando su peor momento, desde que asumió el gobierno en diciembre del 2015. Su expectativa que el Mundial de Rusia sería el agua bendita que apagaría el fuego de la bronca colectiva está a un paso de irse al mismísimo demonio. El gobierno parece no percibirlo aunque la realidad de los debates sobre los monumentales aumentos de las tarifas de los servicios públicos y los riesgos que ello entraña los tenga delante de sus narices.

Si el gobierno no cambia algunas pautas del “tarifazo” de los servicios públicos, su futuro inmediato se puede poner muy oscuro, tirando a tenebroso. Hay demasiadas broncas acumuladas y por primera vez, en estos 28 meses de gobierno, hay una generalizada convergencia, entre oposición social, política y gran parte de la población, para llevar la protesta a la calle, cuando recién comienzan a llegar las primeras facturas con aumentos.

El Gobierno recortó el ingreso de los jubilados y ordenó aumentos de salarios por debajo de la inflación, avanzando con una fortísima alza de las tarifas, en un combo demoledor, con enorme impacto en la clase media. El humor de las clases media y media baja es un termómetro político relevante que quedó de manifiesto en otros momentos críticos en la reciente historia del país en este siglo.

Los mayores problemas que el gobierno deberá abordar son la inviabilidad de un programa insostenible; las inversiones que no llegan, el escaso crecimiento económico y el déficit comercial; los problemas de Caja agudizados por la sequía; la inflación y la pobreza que no ceden y una crisis política de la coalición gobernante que agrava la crisis económica.

Miles de trabajadores, amas de casa, estudiantes, junto con organizaciones gremiales y sociales, vela prendida en cada mano, marcharon por el centro de Buenos Aires y le reclamaron al gobierno que suspenda al menos por un año los abusivos aumentos en los servicios públicos y que se retrotraigan las tarifas a los valores de diciembre pasado.,

La inflación galopa y el costo de la vida sube mes a mes, el poder adquisitivo de los salarios sigue cayendo, mientras se suman los despidos de trabajadores y cierres de fuentes de trabajo. Los empleados bancarios pararon dos días, tras rechazar un paupérrimo aumento lejos del alza del costo de la vida. Los maestros continúan en conflicto, así como obreros en diferentes zonas del país.

Para muestra basta un botón: El peso de las boletas de luz y gas sobre los ingresos laborales del conjunto de la población argentina se multiplicó siete veces desde la llegada de Mauricio Macri a la Casa Rosada, hace poco más de dos años, y las tarifas de servicios significan hoy el 14,5 por ciento del total del salario de los trabajadores.

Previo al recambio presidencial esa relación era de apenas 2,7%. Entre diciembre de 2015 y abril de 2018, las tarifas de gas natural para el área metropolitana de Buenos Aires registraron incrementos entre 400 y 920 por ciento, mientras las eléctricas registraron subas que oscilaron entre 800 y 2.300 por ciento.

“Si el objetivo era reducir el déficit fiscal con la quita de subsidios, lejos de encontrar una solución agrandó su problema. Sacaron impuestos a sectores de altos ingresos, como es el caso de las retenciones a las exportaciones agroindustriales, y se reemplazó el gasto en subsidios por el pago de intereses de la deuda”, apuntó el economista Pablo Manzanelli del instituto Cifra, de la Confederación de Trabajadores Argentinos.

Las políticas implementadas iban a redundar en un incremento de la producción de hidrocarburos pero el resultado fue el opuesto: en 2017 cayó la producción tanto de petróleo como de gas. El resultado real es la consumación de una transferencia de ingresos en detrimento de los trabajadores, que deben destinar una mayor parte de sus ingresos al pago de servicios públicos, consideró el investigador.

Pero eso no es todo. Según cifras del Banco Central, la fuga de capitales por ahorro del sector privado se ubicó en 2.464 millones de dólares en marzo, en tanto que sumó 6.931 millones en el primer trimestre del año y acumuló 24.283 millones en los últimos doce meses. Se trata de la fuga neta.

La salida bruta es todavía más impactante: 4.577 millones de dólares en marzo, en 12.979 millones en el trimestre y en 50.825 millones en el último año. Desde diciembre de 2015 la fuga neta ya se elevó a 41.054 millones de dólares y la bruta, a 91.693 millones. Esta última es una cifra casi idéntica a lo que se tomó de deuda externa en el mismo período y permite observar en forma intuitiva cuál es el destino de los dólares de la deuda: financiar la fuga de capitales.

(*) Periodista y politólogo uruguayo, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)