Uruguay, la integración regional y los cambios programáticos – Por Alberto Couriel

Por Alberto Couriel*

Para un país pequeño como el Uruguay la integración regional es un elemento central de su inserción económica internacional. Sin integración es muy difícil modificar la matriz productiva. Es muy difícil exportar rubros manufactureros y de servicios, rubros de alta y media tecnología y, especialmente, integrar cadenas de valor. El comercio internacional está centrado en cadenas de valor, que se concretan entre varios países vecinos y cercanos geográficamente. Para un país como Uruguay su relación comercial y productiva con Argentina y Brasil será vital en el futuro.

La actual coyuntura política en la región no favorece los avances en la integración. Pero los cambios programáticos que estamos planteando no son para la coyuntura sino para el mediano plazo. La integración regional no sólo debe ser de carácter productivo y comercial, sino también de carácter político, para mejorar la relación de fuerzas en las futuras negociaciones comerciales y financieras. La decisión de estos días de 6 países de la América del Sur de separarse (provisoria o definitivamente) de la Unasur, es un duro golpe para el proceso de integración regional. Entre esos países están Argentina y Brasil y no habrá posibilidades de avanzar significativamente en el proceso de integración e inclusive de inserción económica internacional sin dichos países.

Uruguay va a seguir exportando recursos naturales, ojalá con más valor agregado y contenido tecnológico, pero para atender a los problemas de empleo, los temas sociales y avanzar hacia la igualdad requiere del proceso de integración. El Mercosur recibe permanentes críticas de economistas y analistas ortodoxos que solo ven al Uruguay colocando en el exterior rubros centrados en sus recursos naturales. El Mercosur tuvo avances importantes en estos 27 años de funcionamiento, pero también carencias relevantes.

Han habido fallos arbitrales que no se cumplen, trabas al comercio intrarregional, incumplimientos de normas, muy pocos acuerdos comerciales, dificultades para coordinar políticas macroeconómicas, limitaciones para tener políticas comunes como propiedad intelectual y compras gubernamentales, políticas comunes para la localización de la inversión extranjera directa, ni tan siquiera coordinaciones para expresar puntos de vista comunes en organismos como el G20.

Pero también el Mercosur ha proporcionado innumerables avances. El 70% de las exportaciones al Mercosur son de rubros manufactureros. Brasil fue siempre el principal comprador de bienes, aunque en estos últimos dos años es superado por China. Argentina es el principal comprador de servicios. Pero son extraordinariamente relevantes las potencialidades de la integración regional.

Los países integrantes del Mercosur constituyen el granero del mundo: representan el 48% de la producción mundial de soja y el 31% de la de carne. En materia energética tienen posibilidades de abastecerse para todo el siglo con energías renovables y no renovables. Tienen fuertes reservas acuíferas que son relevantes en la medida que va a haber escasez de agua en el futuro. Hay posibilidades de llevar adelante acciones comunes en investigación científica y tecnológica y poder concretar procesos productivos de innovación y cambios tecnológicos.

Serán imprescindibles inversiones en infraestructura para avanzar en materia comercial y, sobretodo, en procesos de complementariedad productiva. Como lo expresamos en “ Ideas sobre inserción, integración y desarrollo” en Gerardo Caetano Coordinador en “América Latina ante los nuevos desafíos de la globalización” ediciones Planeta 2017 “Sin duda, la futura integración depende de la capacidad de avanzar en la complementariedad productiva, en la integración productiva, en la elaboración de nuevas cadenas de valor regionales y nuevas formas de participación en las cadenas internacionales”

En estas cadenas de valor avanzan las grandes empresas transnacionales en tres grandes centros: EE UU, Alemania y China. Lo hacen con países vecinos y de cercanías geográficas. Integrar estas cadenas de valor es lo que nos puede permitir una inserción más dinámica de contenido tecnológico. En la nota de la semana pasada sobre “Inserción económica internacional y cambios programáticos” mostramos las posibilidades de 10 complejos productivos liderados por la Bioeconomía y las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) que dan las pautas de estas potencialidades. Nueva participación en las cadenas de valor internacionales y la creación de nuevas cadenas en el plano regional serán indispensables para una nueva inserción económica en rubros de alta y media tecnología. Esto es imposible logarlo sin integración regional, sin una activa participación de Argentina y Brasil.

Estos avances no se logran a través del libre juego del mercado. La participación del Estado es indispensable para avanzar en estas nuevas cadenas de valor. La elaboración e implementación de estrategias de desarrollo, que tengan en cuenta los necesarios procesos de integración regional, serán fundamentales e imprescindibles para avanzar en estas cadenas de valor. El apoyo del Estado para estos cambios de la estructura productiva deberán concretarse a través de políticas sectoriales, de macroeconómicas que atiendan la competitividad y la integración productiva, de acuerdos productivos y comerciales en el Mercosur y en nuevos procesos de integración económica. Los acuerdos comerciales con EE UU, la Unión Europea y especialmente con China, principal comprador de la región, deberán atender estos criterios para el funcionamiento de estas nuevas cadenas de valor. No habrá desarrollo sin integración. No habrá integración sin integración productiva.

Es nuestra posición. Para asegurar empleo productivo y eliminar la heterogeneidad estructural, para resolver los problemas sociales, para seguir avanzando en la igualdad, la integración productiva será esencial. Los acuerdos comerciales como Mercosur – Unión Europea y el de servicios con Chile no van en esta dirección, porque afectan el futuro desarrollo productivo de la industria manufacturera y los servicios y limitan el necesario e imprescindible papel del Estado.

(*) Contador público y político uruguayo. Exsenador por el Frente Amplio. Docente universitario en el Uruguay y postuniversitario en Chile, Perú, Brasil, México, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Ecuador, Argentina y España. En la década del 70 fue consultor de organismos internacionales (CEPAL, OIT y UNCTADT). Fue colaborador externo de PREALC, Santiago de Chile y consultor de distintos proyectos del PNUD en México. En la década del 80 fue Asesor Técnico Principal Proyecto PNUD–UNCTAD en Nicaragua. Fue Programador General y consultor de CEPAL y de la OEA en Washington.