La libertad de prensa es la protectora de todas las demás libertades – ABC Color, Paraguay

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Hoy se celebra en el mundo el Día Internacional de la Libertad de Prensa, una conmemoración que nos resulta útil para destacar cuánta diferencia existe en el mundo, entre los sistemas políticos que la respetan rigurosamente, la promueven y la protegen, con los que las conculcan. Cuán distintos son los gobiernos y sociedades democráticas que conviven con la libertad de prensa con aquellos regímenes opresores y sociedades oprimidas que no la pueden disfrutar, con dictadores que la temen, que la aborrecen y que realizan toda clase de piruetas protocolares para aparentar ante el mundo poseer una prensa libre cuando en realidad la conculcan diariamente, tratando por todos los medios de ahogarlas, como son los conocidos casos de Venezuela y Nicaragua, en América Latina y en decenas de otros Estados absolutistas en Asia, África y hasta bajo una tiranía europea, como Bielorrusia. Y no se hable de Cuba, ¡la pobre Cuba!, cuyas tres últimas generaciones desconocen de qué trata esta libertad y cómo se siente vivir en comunidad practicándola.

En el Paraguay conocemos muy bien el valor del ejercicio de la libertad de prensa, porque muchos periodistas tuvieron el coraje y la determinación de practicarla contra todo riesgo en el pasado, especialmente en tiempos de la dictadura de Stroessner, aún bajo represalias, intimidaciones y apresamientos.

Todos los habitantes de este país que hayamos nacido hace más de treinta años sabemos valorar lo que significa en nuestras existencias, individuales y comunitarias, tener la posibilidad de expresar nuestras ideas por la prensa y oírlas expresar a los demás con toda libertad. Podemos aquilatar el peso que esta formidable ventaja posee en la construcción de nuestra armónica convivencia social y en el control de la conducta de nuestros gobernantes, para hacer cumplir la ley, para denunciar a los corruptos y réprobos, para instar a los jueces y magistrados a cumplir con su deber, y para divulgar el sentido y el valor de lo que es legítimo y moralmente correcto.

Los habitantes del Paraguay actual, en mucha más destacada medida que en décadas anteriores, vienen siendo testigos de los beneficios de la libertad de expresión y de prensa. Precisamente ahora, en momentos de tensión y suspicacia, de confrontación electoral y de agitación de los temperamentos, el ciudadano común no tiene ni busca mejor fuente de información de la que le proporciona la prensa, una institución que, además de intercomunicarle con el interior de su sociedad, también le es indispensable para recoger y difundir sus preocupaciones y denuncias, exponerlas a la luz pública y hasta presionar sobre las autoridades con el fin de lograr que las mismas sean aclaradas o rectificadas.

“El cuarto poder”, como se ha dado en llamar a la prensa en países donde la libertad de prensa es tradicional e irrestricta, es un concepto que proviene de la certeza que la gente tiene acerca de la influencia importante que los medios de comunicación masiva poseen sobre las autoridades políticas, sea porque controlan eficazmente las conductas de los gobernantes y les recuerdan sus compromisos y promesas, sea porque a los funcionarios corruptos y a los pusilánimes no les agrada leer o escuchar sus nombres o ver sus caras en reportes periodísticos negativos, judiciales o policiales.

Aun así, es conveniente hacer notar que, en nuestra sociedad, no es aprovechada por completo la vigencia efectiva de la libertad de expresión y la apertura de los medios al pueblo paraguayo; la ciudadanía no obtiene de ella todavía todo el provecho que puede y debe a esas libertades y a esas herramientas que están puestas a su disposición por la prensa. La prensa libre paraguaya podría lograr mucho mejores resultados en la gestión de los asuntos de interés general, si las personas adoptaran la disciplina de denunciar diariamente todo lo malo, irregular o ilícito que constata a su alrededor.

Es cierto, hoy en día hay mucha mayor participación de la gente común en los asuntos públicos mediante el empleo de su derecho a opinar, denunciar, criticar o apoyar que la existente dos décadas atrás, por ejemplo. Este es el gran resultado positivo que tuvo para todos el que los gobiernos y las comunidades se hayan comprometido exitosamente con la determinación y la voluntad invariable de sostener la libertad de prensa a todo costo.

Los dirigentes gremiales o sindicales habitualmente utilizan los medios de prensa para dirimir sus diferencias internas, pero mucho más que eso, tendrían que aprovecharla para denunciar las maniobras malintencionadas e ilícitas, los negociados, las conspiraciones contra el interés general. Tendrían que poner en las páginas y micrófonos periodísticos a los políticos, como contra el paredón, uno tras otro, hasta que estos se den cuenta, de una vez por todas, que el hecho de que haber sido escogidos para ser hombres públicos implica que admitieron también ser observados, vigilados, denunciados y acusados, si fuese el caso.

La prensa libre, a medida que se vuelve más y más eficiente en la protección de los derechos colectivos de las sociedades, se va tornando más y más incómoda y riesgosa para quienes decidieron vivir al margen de la legalidad y de la moral. Por este motivo es que en tantos lugares del mundo se exige que los trabajadores de prensa reciban cobertura de seguridad especial de parte del Gobierno, que sean protegidos por leyes especiales y eficaces, a fin de que ese bien tan preciado por todos, cual es la libertad de prensa, no acabe convertido en mera declaración retórica en constituciones y discursos políticos.

Valoremos la libertad de prensa porque nos hace mejores ciudadanos, y estemos dispuestos a defenderla con uñas y dientes ante cualquier atisbo de menoscabo por obra de los intolerantes de siempre, que no pueden convivir más que con adulones de toda laya.

Deseemos larga vida a la libertad de prensa en nuestro país, porque ella es la protectora de todas las demás libertades de los paraguayos y las paraguayas.

ABC Color