Mayo 1968 visto en mayo 2018 – Por Fander Falconí, especial para NODAL

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Fander Falconí*

Para muchos fue una verdadera revolución, en la cuna de las revoluciones. Para algunos fue un acto muy a la francesa, un despliegue de frases ingeniosas y poca acción. Las protestas estudiantiles en París, durante mayo de 1968, recibieron toda la atención de la prensa internacional.

Hubo aplausos desde muchos sectores, pero también hubo comentarios críticos. Aparte de la esperada reacción de la derecha, unos pocos socialistas de renombre menospreciaron esas protestas. Pier Paolo Passolini, el célebre cineasta y escritor socialista italiano, increpó así a los estudiantes parisinos rebeldes: “Los muchachos policías que ustedes… hijos de papá han apaleado, pertenecen a la otra clase social… Hemos tenido un fragmento de lucha de clase: y ustedes… eran los ricos, mientras que los policías… eran los pobres”. (Pasolini, Pier Paolo (1968 junio, “El PCI para los jóvenes”, Nuovi Argomenti, Roma).

Cierto es que a estos jóvenes se unieron luego nueve millones de trabajadores, estos últimos protagonizaron la mayor huelga que haya habido en Francia. Pero también es cierto que Mayo 68, aunque inédito en Europa, se inspiró en los movimientos estudiantiles de 1967 en Estados Unidos. Esas protestas estadounidenses fueron concretas, pedían el fin de la guerra en Vietnam, y arriesgadas, pues la represión del gobierno de Washington fue brutal. Ningún policía en los Estados Unidos fue apaleado. Hasta ocurrieron en 1968 dos asesinatos políticos de líderes que se oponían a la guerra de Vietnam (Martin Luther King en abril y Robert Kennedy en junio).

Lo que sí fue original, hay que reconocerlo, fue el lenguaje empleado: “seamos realistas, pidamos lo imposible”, “prohibido prohibir” y mil frases más. Una característica muy apropiada de la lengua francesa, la abanderada de la literatura europea. Algo más propio de un movimiento literario que de un movimiento político, dirían unos. Pero otros han reivindicado esa cualidad del nuevo ‘marketing’ político. Por esos años, el lenguaje del escritor existencialista francés Jean Paul Sartre conmovía a los intelectuales de todo el mundo. Sartre era el ícono de la izquierda, hasta había prologado en 1961, el libro de Frantz Fanon, ‘Los condenados de la tierra’, la “biblia” de la descolonización en África.

Fanon (filósofo, escritor y psiquiatra, nacido en la colonia francesa de la isla Martinica, en el Caribe) es, sin duda, el símbolo más importante del pensamiento liberador que asume la acción política revolucionaria (movimientos de liberación nacional) como el único camino para terminar con el colonialismo, como modelo de dominación ─no solo política, económica y militar─, sino también cultural, pues deja como consecuencia la generación de mentalidades dominadas y sometidas que van acordes con el sistema de opresión colonial. Su obra más conocida en América Latina es quizá “Los condenados de la Tierra”, que fue una de sus contribuciones más importantes en esta línea de pensamiento antiimperialista y liberador.

Estados Unidos, como dijimos, vivía en pie de lucha contra la guerra de Vietnam que ya estaba cobrando víctimas entre la juventud de ese país, en una guerra que no tenía justificación moral. Además, los afro americanos estaban en franca rebeldía. 100 años después de la abolición de la esclavitud, seguían esclavizados. La discriminación, la cárcel, la exclusión del voto y de las universidades, todo exigía acción. Y surgieron dos modos de luchar: uno pacífico liderado por el pastor Martin Luther King y otro violento, dividido en grupos como los musulmanes negros, las panteras negras y más.

En Estados Unidos también se vivía una nueva cultura nacida entre los jóvenes rebeldes: los hippies. Revolucionarios hasta el punto de casi ser anarquistas, con matices religiosos variados desde agnósticos marxistas hasta cristianos tolstoianos, abiertos al sexo libre y a las drogas, emergieron los hippies. Algunos de ellos estuvieron influenciados por el naciente ecologismo. Rachel Carson había publicado el libro “La primavera silenciosa” (1961), en donde se alertaba sobre los impactos de los pesticidas en el medio ambiente. El arte visual de los hippies era de flores y colores intensos, y su música era el rock. El rock surgió de la música afro americana y de la guitarra eléctrica. Lo popularizó en Estados Unidos el “rey” Elvis Presley en los años 50, pero fue universalizado por los Beatles en los años 60.

En los países socialistas de Europa se mantenía la hegemonía soviética, excepto en Yugoslavia que seguía una línea independiente y moderada, y en Albania que abrazó la causa china. Sí, porque en ese tiempo, chinos y soviéticos eran rivales. Moscú dirigía un bloque enorme que ni los zares habrían soñado tener, desde el estrecho de Bering hasta el mar Báltico, desde el océano Ártico hasta el mar Mediterráneo. En Moscú gobernaba Brézhnev, sin el carisma de otros líderes soviéticos. En contraste, China era gobernada por el icónico Mao y se vivía al rojo vivo la polémica Revolución Cultural.

En ese contexto, cuando África era descolonizada por presión de los mismos africanos, también Latinoamérica vivía una era de cambios. El más importante fue la revolución cubana, el más doloroso para Estados Unidos. Los barbudos de la Sierra Maestra, con una guerra de guerrillas conducida por Fidel Castro, lograban remover del poder al dictador Baptista. La revolución ya llevaba algunos años funcionando en Cuba, pese al bloqueo dictado por Washington. La muerte del Che Guevara, en 1967, convirtió al célebre revolucionario argentino, adoptado por los cubanos, en el prototipo del guerrillero heroico. En octubre de 1968 ocurrió la masacre de estudiantes universitarios en México D.F. en la Plaza de las Tres Culturas. Lo increíble fue que eso no afectó en nada a los Juegos Olímpicos, inaugurados el mismo mes.

En marzo de 1969, 40.000 trabajadores de Argentina, desafiaron a la dictadura de turno en las calles, apoyados por los estudiantes. En Colombia los campesinos se rebelaron, ocupando 645 fincas. El desborde estudiantil empezó en Uruguay, el mismo año 1968. Se clausuraron dos universidades, hubo decenas huelgas y cientos de manifestaciones, según Jorge Landinelli (‘1968: la revuelta estudiantil’).

En mayo de 1969, al año de los sucesos de París, los estudiantes de Guayaquil protagonizaron una revuelta que instauró el libre ingreso a las universidades ecuatorianas. Esto coincidió con otro despertar del movimiento indígena ecuatoriano, el de Ecuarunari.

Para entonces la CIA ya preparaba el golpe de Estado en Uruguay, según declaró Philip Agee, el ex espía confeso que operó primero en Quito y luego en Montevideo. No solo Uruguay y Ecuador se agitaron, hubo movimientos en Bolivia, en Colombia, Argentina y Brasil.

En 1968 el educador brasileño Paulo Freire escribió ‘Pedagogía del oprimido’ y el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez proclamó la teología de la liberación. La literatura latinoamericana vivía en 1968 el ‘boom’. En 1967 Gabriel García Márquez había publicado 100 años de soledad; en 1969 Vargas Llosa publicaría Conversación en La Catedral.

50 años después de los sucesos de mayo ‘68 en París: “Où va le monde?” (¿Adónde va el mundo?). No va por buen camino, según parece. Francia convulsionada por la violencia interna, para comenzar. Europa liderada por una Alemania unificada en una comunidad de países desiguales, además de refugiados de África y Asia que esperan a las puertas. China ya no es un afiche de Mao y su libro rojo, ahora es un nombre que aparece en todas las mercaderías del mundo. África independiente pero aún sumida entre el hambre y la violencia. Los países musulmanes luchando entre moderados y fundamentalistas. Japón ya no es el único tigre asiático, ahora le siguen varios países que en 1968 eran más pobres que los latinoamericanos.

A propósito de Latinoamérica, hemos mejorado los indicadores sociales, pero con muchas convulsiones desde 1968. Hubo dictaduras sangrientas en el Cono Sur y devaluaciones posteriores que hundieron al continente. La ola de gobiernos progresistas en los últimos 20 años ha ido bajando. Entre el contraataque de la derecha neoliberal y ciertos errores de la izquierda, el panorama no es el mejor. ¿Y Estados Unidos? Ah, con nuevo presidente. El fenómeno Trump es la encarnación del capitalismo salvaje, simbiosis de proteccionismo y conservadurismo. ¿En qué quedaron las reivindicaciones afro americanas anteriores a 1968? Como comenta el premio Nobel Joseph Stiglitz (2018-03-12, “¿Cuándo venceremos?”, Project Syndicate, Nueva York): “Casi medio siglo después de la sanción de leyes antidiscriminación, el racismo, la codicia y el poder del mercado siguen confluyendo en perjuicio de los afronorteamericanos”. Además de lo dicho por Stiglitz, hay otra forma de racismo: las cárceles, llenas de afro americanos.

Para concluir, en mayo de 1968 no se sospechaba siquiera que 50 años después estaríamos en peligro de extinción. No por las bombas nucleares, sino por la crisis de la civilización que vivimos. El cambio climático, para ser superado, exige un alto urgente a la quema de combustibles fósiles, en particular de los países ricos del Norte, así como otras medidas que vuelven inviable el capitalismo actual, amoral.

Quizá el punto de reencuentro entre la Universidad de París de 1968 con el mundo de 2018 sea la escuela, porque en la educación daremos la batalla final.

(*) Fander Falconí Benítez, economista ecológico y académico ecuatoriano. Actualmente es ministro de Educación de Ecuador.