Roberto Ampuero, canciller chileno: “Queremos ver la reacción de Maduro tras las elecciones, ahí veremos si corresponde o no enviar un embajador”

Por Catalina Göpel.

En su primera visita a Estados Unidos como canciller del gobierno de Sebastián Piñera, Roberto Ampuero conversó con La Tercera en la residencia de la embajada chilena ubicada en Washington.

Durante algunos minutos se ausentó de una recepción en su honor celebrada en el primer piso, para sentarse a responder nuestras preguntas. Mientras revisaba algunos documentos y carpetas, el actual ministro, un novelista y converso desde el comunismo a la derecha, confesó que en este corto periodo ha perdido casi 10 kilos de peso. “El secreto es ser canciller”, comentó riendo.

Tras despedirse del Distrito de Columbia en un acto simbólico, en el que dejó un ramo de flores como ofrenda en el memorial instalado en el lugar donde en 1976 fue asesinado el excanciller socialista Orlando Letelier, Ampuero viajaba ayer rumbo a Miami, para hacer una breve escala antes de aterrizar en Ciudad de México, donde participará de una nueva cumbre del Grupo de Lima, el bloque de países que rechaza al gobierno de Nicolás Maduro. El mismo al que llama a dar una declaración a un nuevo nivel, “acompañado de medidas que tengan un impacto concreto dentro de lo que es la realidad de Venezuela”.

Su nombramiento fue uno de los más sorpresivos. De hecho, recibió fuertes críticas por falta de experiencia. ¿Qué les responde hoy a esas personas, a dos meses de asumir su cargo?

Lo importante cuando a uno lo nombran a un cargo de tanta responsabilidad es tratar de hacerlo lo mejor que se puede, utilizando todas las herramientas y toda la experiencia que se ha ido acumulando. Quisiera decir algo adicional: yo no soy un canciller en el sentido tradicional. Los cancilleres han venido por lo general de otros sectores o de otros mundos. Creo que el Presidente me escogió porque vio algunos elementos que le parecían interesantes. Soy un chileno que pertenece a la diáspora. Hay más de 1 millón 100 mil chilenos que pertenecen a la diáspora. Somos chilenos que hemos vivido o siguen viviendo fuera de Chile desde hace mucho tiempo y que han hecho su vida, su profesión, sus familias fuera de Chile, pero que siguen teniendo una intensa relación con el país y se sienten profundamente chilenos. Me ha tocado vivir en muchos países y he vivido a profundidad en Cuba, Alemania Oriental, Alemania Occidental, Suecia, México y EE.UU. Por lo tanto, acumulo una experiencia de vida de haber visto muchos mundos y de haber visto la Guerra Fría, haberla conocido por dentro y por fuera. Esa experiencia de vida y el hecho de haber sido durante años periodista especializado en asuntos internacionales, los viajes mismos, las escritura y los contactos internacionales me permitieron poder desempeñar también este trabajo.

Su primera visita a EE.UU. se enmarca en una semana importante en materia internacional para el gobierno de Donald Trump con la salida del acuerdo nuclear con Irán y sus acercamientos a Corea del Norte. ¿Cuál es su posición sobre las decisiones que se han tomado?

Como canciller de Chile no comento las decisiones de otros gobiernos. En términos generales, pienso que ha sido una semana muy intensa en materia de política exterior para EE.UU., y especialmente para el Secretario de Estado, Mike Pompeo. Consideré muy valioso que como Pompeo venía de viaje, trayendo de vuelta a tres reos norteamericanos desde Corea del Norte, tuviese la oportunidad de reunirme con el subsecretario John Sullivan. Y en ese sentido Chile también tiene posiciones. Por ejemplo, en el caso de la relación con Irán nosotros no opinamos sobre eso en sí mismo, lo que sí opinamos es que nos interesa mucho crear el máximo nivel de seguridad internacional y también en términos nucleares. Es decir, aquellos acuerdos que contribuyan a dar más seguridad y a limitar el uso de las armas nucleares siempre son bien vistos por Chile, es parte de su política exterior y de su política multilateral.

Pero el gobierno del Presidente Trump ha dado señales que van en contra de posiciones que ha mostrado Chile de ser un país abierto en materia de política internacional como en materia comercial…

Chile es un país con un determinado tamaño, una determinada economía y una población de alrededor de 18 millones de habitantes, y tiene también un prestigio. Cuando sentimos que hay comentarios o aires que están vinculados con el proteccionismo, nos preocupamos de inmediato, porque somos una economía extraordinariamente abierta y que ha logrado su progreso y desarrollo fundamentalmente gracias a que es capaz de acceder a la mayor parte de las economías del mundo. A nosotros nos interesa el libre comercio, estamos a favor del libre comercio.

La crisis de Venezuela tomó bastante protagonismo de su agenda acá en EE.UU. ¿A qué lo atribuye?

Lo que está sucediendo en Venezuela se va agravando día a día cada vez más. La crisis humanitaria, sin siquiera hablar de la crisis política, que es una crisis en sí enorme. La económica también es gigantesca, en uno de los países con las mayores reservas de petróleo del mundo. Era imposible imaginarse que podía llegar a este caso en que no hay ni comida ni medicinas.

Usted ha señalado que hay que tomar nuevas vías para abordar la crisis venezolana. ¿A qué se refiere, estando cada vez más cerca de las elecciones del 20 de mayo?

Todos estos temas Chile los trata en forma multilateral, uno va consultado y hablando con los otros cancilleres, por eso es tan importante conocer a los otros cancilleres. Establecer un vínculo personal de tal manera que uno se ‘whatsapea’ o llama y resuelve los temas rápidamente. En cada paso que nosotros damos, conscientes de nuestro tamaño, de nuestro prestigio y de nuestro softpower, siempre tratamos de ver qué están pensado los demás países con respecto a ideas nuestras, y las consultamos. Porque en la medida en que tengamos respaldo a esas ideas o podamos apoyar ideas similares, formamos un grupo mayor de países y tienen mayor peso. Una convicción que tiene Chile en este momento es que si va a haber una declaración del Grupo de Lima, que se va a reunir el lunes en el D.F., no puede ser una declaración más, con la cual el Presidente Nicolás Maduro simplemente empapela su despacho. Tiene que ser una declaración de una nueva calidad, de un nuevo nivel, que implique elementos que se están viendo y se están discutiendo con otros cancilleres. Y al mismo tiempo esto debe ir acompañado de medidas que tengan un impacto concreto dentro de lo que es la realidad de Venezuela. Pero lo importante es que no afecte más a la población de Venezuela, que está sufriendo una tragedia de proporciones.

¿Y qué medida concreta es la que está dispuesto a realizar Chile?

Uno las propone, las conversa y las dialoga. No se trata de un camino que uno va solo en una dirección como país. Por ejemplo medidas que faciliten la ubicación de inversiones, depósitos de altos funcionarios o familiares del gobierno de Venezuela. Ese es un tema en el que EE.UU. y la Unión Europea ya han tomado medidas en torno a eso. Eso es una señal interesante. La otra que se está conversando es también la de tener un mayor control sobre las visas de ingreso que se dan a ciertas personalidades de la dirigencia del gobierno de Maduro, todas estas son opciones que se están analizando y con las que se trata de no afectar al pueblo venezolano, que está sufriendo el hambre y la escasez, y por otro lado que permitan que el gobierno de Maduro sienta que no solamente hay una opinión internacional crítica a su forma de dirigir Venezuela y la crisis, sino que también sienta que la comunidad internacional está reaccionando de forma concreta frente a ello. Se trata de medidas pacíficas, que apuestan por soluciones de tipo político, pero queremos que se sienta de una forma más patente la preocupación que tiene la comunidad internacional.

A falta de un embajador, hoy en Caracas, ¿estudia Chile no llenar esa vacante como señal potente de rechazo hacia el gobierno de Maduro?

Chile cuenta con una cancillería altamente profesional, de gente experimentada que conoce las materias, y es bueno tenerlo en cuenta porque cuando se dice que en un lugar no está el embajador o no se ha nombrado, pareciera que se entra en una suerte de caos y no funcionan las instituciones. Nosotros no tenemos embajador en Venezuela, estamos observando cómo se desarrollan las circunstancias. Queremos ver qué pasa en estas mal llamadas elecciones, queremos ver cuál es la reacción de la comunidad internacional. Queremos ver cuál es la reacción del gobierno de Maduro (tras las elecciones), y allí veremos si corresponde o no corresponde enviar a un embajador.

¿Pero se estudia como una posibilidad?

Lo más importante es lanzar señales muy claras hacia el gobierno de Maduro de que esto no puede seguir así. De que se agota la paciencia en muchos países, de que la situación es dramática para los venezolanos y de que los países vecinos están sufriendo también esta situación y esta migración. No se puede tratar de esa forma a todo un país, uno que históricamente ha sido uno de los más prósperos de América Latina.

A propósito de la tardanza en otros nombramientos de embajadores. ¿A qué se debe? ¿Poco interés o falta de candidatos adecuados?

No, yo creo que hay que tomar varias cosas en cuenta. Por cierto, hoy tenemos dos nuevos beneplácitos: el embajador en la Santa Sede, Octavio Errázuriz, y también el embajador en Panamá, Germán Becker. Es decir, esto sigue funcionando. Los ritmos de la diplomacia son distintos a los ritmos de la política y al deseo legítimo de los periodistas. Pero también invito a las personas a reflexionar sobre las primeras tareas que hubo que enfrentar como país cuando asumimos en materia del frente exterior. Una de ellas fue de inmediato hacerme cargo de La Haya, a la cabeza de lo que era la defensa. Inmediatamente después viene la Cumbre en Lima, que también demandó muchas energías, y posteriormente tuvimos la presencia inmediata en Argentina y Brasil con grandes resultados. Son estas tareas que no las tuvieron otros gobiernos al inicio, es un comienzo muy especial.

¿Puede ser también que el nombramiento de Pablo Piñera inhibió de alguna manera al gobierno para nombrar a otros cercanos que podrían haber estado en las listas?

Pienso que ese es un asunto puntual, y las otras embajadas que están allí, unas esperando al beneplácito y otras esperando la decisión final, siguen por carriles diferentes, porque las especificidades que se requieren son distintas. Que tengan conocimiento del país donde van, que tengan noción del idioma que se habla, que conozcan su historia, su cultura y que tengan fundamentalmente los nexos y las relaciones, que son centrales para el desarrollo de la diplomacia y nada reemplaza eso. Todos esos elementos hay que sopesarlos para tomar una decisión.

¿Qué lecciones sacó el gobierno y usted del episodio?

Ahí lo central es que cuando tomamos nota de que esta decisión por parte de la Contraloría iba a tomar meses, obviamente la conclusión que se saca es que una embajada como la de Buenos Aires no puede estar tanto tiempo sin un embajador, y esa fue la razón por la que se tomó la decisión que se tomó.

En cuanto a la demanda marítima en La Haya y de cara al fallo, ¿ve Chile escenarios posteriores sobre cómo encausar las relaciones con Bolivia tras esta etapa?

Un gobierno siempre tiene una mirada de futuro, y esto pasa en Cancillería también por imaginarse escenarios. Desde luego, no quiero manifestarme con respecto a eso porque son estudios que se van haciendo y nos permiten actuar de la mejor forma. En lo concreto, la defensa chilena en términos jurídicos fue muy sólida y no hay ninguna experiencia que permita a la Corte de Justicia, si actúa apegada completamente a lo que es el Derecho Internacional, acceder a las demandas de Bolivia.

La Tercera


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