Una verdadera Comisión de la Verdad – La Prensa, Nicaragua

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Mientras sigue pendiente la fecha para el comienzo del diálogo nacional (pues ayer los obispos solo dijeron en su comunicado de prensa que será en el Seminario de La Purísima), ha continuado la represión contra los estudiantes. Sin embargo, los estudiantes mantienen su exigencia de que los organismos de derechos humanos de la OEA y la Naciones Unidas, tienen que venir al país a hacer una investigación independiente de la masacre orteguista.

Los estudiantes y la ciudadanía decente del país rechazan la “comisión de la verdad” creada por una Asamblea Nacional que es controlada por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Esa comisión gubernamental es una farsa y lo mismo se puede decir de la supuesta investigación de la Fiscalía, la intervención de la oficialista Procuraduría de los Derechos Humanos, la pesquisa de la Policía orteguista y la mascarada de audiencias judiciales .

Todo eso es una comedia del régimen de Ortega y Murillo para simular que quieren hacer justicia. En realidad lo que pretenden con esa mascarada es dejar en la impunidad a los autores intelectuales de la masacre que son las autoridades superiores del régimen y los mandos policiales, y a los ejecutores materiales que son los policías y paramilitares que dispararon contra los estudiantes, que los golpearon y torturaron.

“No aceptamos que los asesinos se investiguen a sí mismos”, declaran justamente los estudiantes. Ellos exigen con toda razón que haya una verdadera Comisión de la Verdad, integrada por representantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el Consejo de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas y organismos nacionales independientes defensores de los derechos humanos.

“Esta comisión —sostienen los estudiantes y nosotros los respaldamos— deberá investigar, condenar y sancionar a todos los responsables intelectuales y materiales de los crímenes de lesa humanidad cometidos en el marco de la represión”.

Ciertamente, una verdadera Comisión de la Verdad no puede ser promovida e integrada por el mismo régimen criminal que ordenó masacrar a los estudiantes y demás personas desarmadas que participaban en las protestas pacíficas.

De acuerdo con la experiencia internacional, la característica esencial de una Comisión de la Verdad es la imparcialidad total. Sus integrantes tienen que ser personas de reconocida honestidad personal y capacidad profesional, ajenos a toda simpatía, parcialidad e influencia política en el país en el que se investigan los hechos. Los procedimientos de investigación deben ser absolutamente transparentes. Una Comisión de la Verdad no sustituye a los tribunales de justicia del país, pero sus conclusiones, con las pruebas que resulten de sus investigaciones, deben ser elementos de base para los procesos judiciales.

Sin embargo, ¿de qué serviría poner las investigaciones y conclusiones de una Comisión de la Verdad, aunque fuese verdadera, en manos de jueces partidistas y corruptos? Para que se haga justicia en Nicaragua sería necesario un tribunal internacional que juzgue y condene a los culpables políticos y materiales de la matanza o masacre de abril. Algo así como el Tribunal de Nüremberg que juzgó y condenó a los asesinos nazis. Pero seguramente habrá que esperar que la justicia se aplique hasta después que Ortega y Murillo se vayan del poder.

La Prensa


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