En Historia perdemos el año – Por Fander Falconí, especial para NODAL

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Fander Falconí*

La ciencia ficción ha anticipado las transformaciones tecnológicas y ha intuido los cambios políticos. Julio Verne anticipó el primer alunizaje con detalles asombrosos, 100 años antes de que ocurra; también intuyó lo que pasó en Alemania entre 1933 y 1945. Un siglo más tarde Isaac Asimov inventó un Imperio Galáctico, donde una nueva ciencia, la psicohistoria -nacida de la psicología y de la historia más métodos estadísticos- es capaz de predecir el comportamiento social a gran escala.

Esta ciencia ficticia puede hacer lo que la ciencia convencional de la historia no puede: predecir el futuro. Pocos practican la psicohistoria en el universo imaginario de Asimov. En la vida real sucede algo parecido con la historia. “Quien no conoce su historia está condenado a repetirla”, es la sentencia de la sabiduría popular aplicable a América Latina. Los latinoamericanos perdemos el año en esta materia, parece que solo tuviéramos memoria de corto plazo.

Al final del siglo XX en Ecuador vivimos el feriado bancario (1999) que causó un éxodo masivo de nuestra población más pobre. Ese mismo año, en Venezuela ganó por la vía electoral la revolución bolivariana, liderada por Hugo Chávez. Esa fue la primera oleada del tsunami de gobiernos progresistas en la región.

Decepcionada por un neoliberalismo inhumano e injusto que en Latinoamérica tomó tintes de corrupción, privatización y pérdida de soberanía, el péndulo político de la región volvía a la izquierda.

En 2009, a medio siglo de la revolución cubana, el péndulo ya estaba bien situado a la izquierda. Aunque pueda parecer desproporcionado, en algunos espacios, decir neoliberalismo era como en la Edad Media hablar de peste bubónica. Era el sistema que más desigualdad social generaba y obedecía en forma ciega a los acreedores de la deuda externa, sacrificando el bienestar social por el pago de la deuda. Pronto ya no estarían solas Venezuela y Cuba. También se sumaron Argentina, Brasil, Ecuador, Nicaragua, Uruguay…

Es cierto que la izquierda cometió errores históricos. Se abrió muchos frentes. También es verdad que la derecha nunca desapareció del escenario. Además tuvo un gran apoyo de los grupos de poder locales e internacionales. Y cuando vio los errores de la izquierda, se lanzó con todas sus fuerzas a la reconquista.

Sin embargo, se olvida rápido cómo estaba Latinoamérica a fines del siglo XX (y por culpa de quiénes). La banca y los grupos de poder reaparecen como salvadores y se olvida cómo se vivía hace 20 años. ¿Hay un regreso a la derecha o se están reagrupando las fuerzas políticas? ¿Amnesia histórica? ¿Péndulo político?

Más bien, en algunos casos, hubo revoluciones (o reformas) sin anclaje social, sin sujeto histórico, con tendencia a promover consumidores de mercado y en consonancia con la subida en unos pocos años de los precios bienes de exportación, en especial de las materias primas y los alimentos. La reprimarización de la economía se hizo a costa de la explotación del medio ambiente, muy similar a lo acontecido desde la temprana inserción de las economías latinoamericanas en el mercado mundial. Y, lo peor de todo, a veces hubo corrupción dentro de sus propias filas. Autocrítica que pocos se han atrevido a decirla en voz alta.

Un interesante análisis es el de Francisco Parra (03-01-2018, “3 claves para entender cómo se viene el 2018 para América Latina”, El Desconcierto, Santiago de Chile). No nos da una respuesta simple como receta de cocina, pero sí ofrece tres opiniones que obligan a pensar. 1) Brasil y México definirán el rumbo. Los dos gigantes decidirán el futuro político del continente. Es difícil que un país “pequeño” marque el rumbo. En Brasil está fresca la memoria del progresismo latinoamericano que trató de superar al neoliberalismo y ofreció una alternativa al pueblo. ¿Ganarán los escándalos o el sentido común? México no ha tenido esa experiencia, pero ahora enfrenta una crisis de su institucionalidad.

Segunda clave: Parra dice que han caído los partidos tradicionales, que la partidocracia ha retrocedido y que hoy los “outsiders” proliferan. Esto es muy discutible, pues los partidos tradicionales han regresado con otro ropaje.

La tercera clave es la más fuerte y se explica con los resultados de una encuesta. En 2018 solo 53% de latinoamericanos están a favor de ser gobernados por un régimen democrático. En 2010 la misma cifra se ubicó en el 61%. La indiferencia entre un régimen democrático y uno autoritario, avanza con fuerza. Hay desconfianza de la ciudadanía hacia las instituciones.

Se dice que la historia se repite porque la memoria histórica de algunos pueblos es de corto plazo. Pueblo, ¿todavía crees en los bancos y en los grupos de poder? No, parece que no es un retroceso total al pasado. Es más bien como el retorno de la espiral, a un nivel más alto. Recogiendo los logros obtenidos en lo social, pero rechazando los problemas recientes, surge una nueva visión de la realidad. La historia no es un círculo, es una espiral. Puede haber pequeños retrocesos, pero muchos avances ya no se perderán. Las mujeres, por ejemplo, ya no aceptarán el regreso a la sociedad patriarcal que las tuvo relegadas.

Es el momento de detenerse y analizar cuánto se ha avanzado y por dónde deben darse los cambios del porvenir. La Historia puede bajar el ritmo, pero no se estanca.

(*) Fander Falconí Benítez, economista ecológico y académico ecuatoriano. Actualmente es ministro de Educación de Ecuador.