Entre abucheos al ministro y toma de universidades, un balance popular de la CRES2018

Por Matías Caciabúe

A pocos días de terminada la tercera Conferencia Regional de Educación Superior (CRES), un encuentro de la UNESCO para América Latina donde se discutió la visión de universidad que impera en el continente, Verónica Bethencourt, Secretaria Gremial de CONADU, el Sindicato de Docentes de las Universidades Nacionales más grande de Argentina, hizo un  balance del encuentro desde la visión del campo popular.

– ¿Qué balance hace de la CRES?

– Desde CONADU, el gremio más representativo de los docentes universitarios de Argentina, creemos que el gran movimiento que realizaron los distintos sectores de la Universidad, las organizaciones sindicales, las y los intelectuales de toda América Latina, los estudiantes, logró campear los vientos neoliberales, al menos en el debate dentro de la CRES.

El documento final afirma que “el conocimiento constituye un bien social, colectivo y estratégico al que deben tener acceso todas las personas sin distinción social, género, etnia ni religión, y el Estado debe garantizar su acceso y democratización a toda la sociedad” y esto va en consonancia con la declaración anterior del 2008, que sostenía que la Educación Superior es un derecho humano.

La declaración rechaza cualquier concepción de la educación como mercancía, e insta a los estados de América Latina y el Caribe a no suscribir acuerdos que impliquen formas de mercantilización del sistema educativo, y esto es altamente positivo.

– ¿Por qué se tomaron algunas Universidades públicas argentinas durante los días del evento?

Las tomas fue la culminación de un plan de lucha que se inició el domingo 10 con la realización, en Córdoba (el día anterior a la inauguración de la CRES), del “Encuentro Latinoamericano contra el neoliberalismo y por una Universidad democrática y popular”. Fue un evento multitudinario que junto a estudiantes, a intelectuales, académicos y a referentes del ámbito universitario, discutimos el sentido de la universidad en el contexto del neoliberalismo. Ese plan de lucha continuó el lunes 11 con una marcha de diez mil universitarios desde la ciudad universitaria hacia el Rectorado histórico de la Universidad Nacional de Córdoba.

En ese marco, la toma fue una medida nacional que pretendió visibilizar el estado de las universidades hoy, a cien años de la Reforma, retomando la ya mítica toma de 1918. Fue una propuesta que hicimos desde la Federación Nacional de Docentes Universitarios. Se tomaron, entre otras, las universidades de Cuyo (Mendoza), Arturo Jauretche (Partido de Florencio Varela, Buenos Aires), La Plata, Quilmes y Río Cuarto (Córdoba). Fue una medida que también llevaron adelante los compañeros y compañeras de la Conadu Histórica, otra de las federaciones docentes, en la Universidad Nacional de Comahue,  en el sur del país.

 ¿Cómo se vivieron las tomas de las Universidades?

 La decisión de tomar las universidades fue un desafío. En ellas hicimos confluir el reclamo salarial con la defensa de una universidad democrática y popular. Queremos una universidad que despliegue, finalmente, un rol emancipador de nuestros pueblos. Esa universidad es una construcción colectiva. No es esa la que tenemos hoy pero mucho menos la que quiere el gobierno de Cambiemos. La lucha por el salario es parte de esa universidad que defendemos.

 – ¿Cree que es la mejor forma de honrar el legado reformista?

– Si, porque con esto retomamos algo que muy pocas veces se tiene en cuenta y que intencionadamente se invisibiliza: el espíritu revolucionario que tuvieron los compañeros estudiantes y profesores cuando hicieron la Reforma en 1918.

El Movimiento de la Reforma Universitaria fue un movimiento estudiantil con una fuerte impronta popular y americanista, que se propuso la transformación de la universidad como parte de la transformación social.  No era un movimiento que se agotaba en lo académico, y esto ha sido omitido por algunas expresiones políticas que pretendieron adueñarse de la Reforma y transformarla en una cuestión meramente académica.

Es cierto que la reforma hablaba de la libertad de cátedra y de la autonomía universitaria, y esas son cuestiones importantes. Pero si nos quedamos solo en eso se pierde todo este otro costado profundamente político y profundamente social del hecho, que conmovió, no sólo a la Universidad argentina, sino a la Universidad latinoamericana.

Nosotros queremos retomar ese espíritu transformador y emancipador, por eso, a cien años de la Reforma, propiciamos la toma de las universidades, poniendo blanco sobre negro el trabajo de las docentes y los docentes en las universidades, desde sus sindicatos.

No estamos discutiendo pura y exclusivamente una cuestión salarial y corporativa,  porque estamos convencidos de que la Universidad es un factor de transformación y de emancipación para nuestros pueblos. Y desde ahí es que, junto con estudiantes, graduados y no docentes, estuvimos tomando las universidades, denunciando el ajuste salarial y presupuestario, como parte de un proyecto que quiere achicar la universidad, recortar sus relaciones con la sociedad y que quiere una universidad pensada como productora de negocios, y no como generadora de conocimiento y soberanía.

 ¿Qué opinión le mereció la intervención del Ministro de Educación argentino en la CRES?

 Escuchamos como Alejandro Finocchiaro, el ministro de Educación, en el cierre de la CRES, toma prácticamente el mismo discurso desideologizado de la Reforma, usando frases vacías del ideario reformista. Sus palabras no se  sostienen. Las diferencias se evidencian enseguida a la hora de tomar decisiones políticas que no están beneficiando a las universidades públicas.

Tengamos en cuenta que al día de hoy las y los docentes universitarios no hemos cerrado un acuerdo salarial, se ha anunciado un recorte de tres mil millones de pesos (unos 120 millones de dólares) del presupuesto para infraestructura universitaria, y la mayoría de las universidades pagan sueldos con recursos propios porque el Ministerio de Educación envía con más de 15 días de demora las partidas presupuestarias.

Estas son las contradicciones que la gestión macrista manifiesta. Es fácil apropiarse del discurso de la Reforma y recortarlo como lo hizo Finocchiaro. También hay que mencionar que fue abucheado cuando empezó su discurso. Probablemente haya sido el hecho político más relevante de la Conferencia Regional de Educación Superior: El Ministro de Educación de un gobierno que vuelve al FMI, que no resuelve la paritaria salarial, que desprecia la educación pública, casi no pudo terminar de hablar, aunque subieron repetidamente el volumen de su micrófono.

Y fue abucheado por esto. Tenemos un Ministro de Educación que intenta hablar de la Reforma y pretende poner en alto los valores de ese movimiento político de origen universitario, cuando es este gobierno el que propicia políticas que desfinancian al sistema universitario. Por ejemplo están anunciando que van a retirar el FONID [Fondo Nacional de Incentivo Docente], que en muchos casos es parte sustancial del salario de las y los docentes de la enseñanza media y la enseñanza primaria.

La transferencia de ingresos de los trabajadores y sectores populares a la elite económica y política es descomunal. Y eso es lo que representa en materia educativa el actual ministro de Educación. Su discurso reformista es, cuanto menos, cínico. Como sentenció la anterior CRES en Cartagena, Colombia, la educación superior es un derecho humano y social, y eso al gobierno argentino le molesta. Entre abucheos al ministro y toma de universidades, los universitarios frenamos en la CRES la avanzada neoliberal en la región.

Pudimos reafirmar que la Universidad es un derecho de cada una y de cada uno, pero también de los pueblos a beneficiarse del conocimiento que en ella se produce. Por eso esta pelea es nuestra, de estudiante, de no docentes, de graduados, de docentes, de las autoridades universitarias: de todas y todos.

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