La enseñanza superior en artes, herramienta de transformación social – Por Sandra Torlucci

Por Sandra Torlucci, rectora de la Universidad Nacional de las Artes*

No me gusta ser la primera en hablar porque, a partir de lo que voy escuchando, voy cambiando permanentemente lo que quiero decir y me gusta la idea de estar cambiando las cosas. Tengo muchas anotaciones, pero voy a empezar por decir que así somos los que investigamos y hacemos arte, estamos permanentemente transformando, y esa transformación nos permite cambiar el mundo. Esto es algo que asusta a los sistemas en general y al sistema universitario en particular, ya que está sostenido sobre la estabilidad de esquemas académicos. Y la modificación del mundo es una modificación de matriz, profundamente cultural. Por eso me parece más que importante hablar de modificación, transformación o revuelta o revolución, que de cambio. El cambio implica sólo movimiento de piezas.

A partir de escuchar a algunos colegas que no trabajan en educación artística en particular sino en educación superior, revisé y actualicé cifras respecto de la capacidad de producción de valor económico que tienen las industrias culturales: el 6% del PBI mundial proviene de la producción artística y cultural, en Argentina es el 3%. Para que tengamos una idea del poder que desconocemos que tenemos, somos la actividad que sigue a la construcción.

Hablo de educación superior sobre todo para ponernos en el contexto de a qué nos referimos, o a qué llamamos arte, porque hoy en día resulta difícil de definir. La educación artística en el nivel superior universitario es una cuestión bastante reciente. En los últimos quince años se crearon universidades de arte no sólo en Argentina sino en la región: en Cuba, en Venezuela, en Ecuador, todas con fecha cercana de nacimiento. También hay facultades de arte en las universidades y, en el nivel superior no universitario, una cantidad de terciarios que forman también docentes para insertarse en todos los niveles de la educación, desde el preescolar hasta el superior. En este sentido, lo que se espera respecto de la educación artística, aquello que tendríamos que pedirle a la educación superior en artes, es que genere una remisión de las matrices del sistema académico. Como decían Axel Didriksson, René Ramírez y otros colegas que participaron de distintos paneles, la relación entre la producción de conocimiento y la sociedad tiene que ser una problemática fundamental de la educación superior en artes y de sus instituciones. Las instituciones dedicadas a enseñar arte todavía no incorporan en sus currículas algunas de estas problemáticas, sosteniendo así los paradigmas eurocentristas que, salvo las artes audiovisuales que tienen una vida más corta y pudieron cambiar un poco los paradigmas, mantuvieron durante más de un siglo las estructuras de los conservatorios junto a sus paradigmas de técnicas. La educación superior en artes debe revisar todo esto porque hubo y sigue habiendo una transformación, pero, sin embargo, los estudios sobre arte siguen refiriéndose a determinadas producciones artísticas que eran las mismas que se producían o para las que se formaba a los artistas en los institutos terciarios.

A veces tenemos cierta dificultad para reconocer que estamos produciendo pensamiento y conocimiento porque caemos en la trampa de los viejos paradigmas de la Europa logocentrista. También el arte tiene que pelear contra esa dependencia de la que hablaban ayer muchos de nuestros colegas y que los artistas pensamos que no tenemos, que somos autónomos, independientes y hasta rebeldes. En un punto resulta cierto, pero también es cierto que a veces nos quedamos cortos, porque lo que la cultura y la sociedad demanda del arte es más que una pequeña modificación, es una matriz, una revolución de matriz o de cambio cultural absolutamente necesario. Y en ese sentido, la producción de conocimiento que implica el arte requiere otras formas de acreditación, otras formas de evaluación. Si seguimos sometidos a los niveles de evaluación y de acreditación de la academia científica, no vamos a poder desarrollar estos nuevos parámetros que a su vez impacten en el sistema de educación superior.

Entonces, ¿cómo se relaciona la educación artística con la sociedad y con la sociedad y su desarrollo, tanto en términos de producción de valor material como simbólico y también en relación al buen vivir? Sobre todo al buen vivir, para permitirnos pensar que en realidad el arte es una forma de transformar la historia y de transformar la cultura. Quizás, una de las herramientas más fuertes para hacerlo.

Como una suerte de análisis y balance tanto del documento de la CRES de 2008 como de lo que pueda ser necesario incorporar en la próxima CRES en Córdoba 2018, habría que considerar que la jerarquización de la educación artística contribuye, como decía, a la formación de formadores que van a impactar directamente en todos los niveles educativos y, por lo tanto, en toda la población. Este debe ser un eje fundamental, estratégico, porque forma parte de un modo de producción de conocimiento diferente del que estamos acostumbrados a ver en todos los niveles educativos. Y retomo la idea de que la formación en artes permite que niños, adolescentes, jóvenes y adultos puedan salir de determinados patrones estructurales y esquemáticos para poder pensar, ser creativos y críticos de los valores culturales, incluso los científicos.

Sandra Torlucci

Rectora de la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Profesora en Letras por la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Guionista, dramaturga y directora de teatro. Docente Investigadora especializada en teatro. Enseña en la UNA, la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la Universidad del Cine, entre otras instituciones. Fue Secretaria Académica de la Maestría en Administración Cultural de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) y Secretaria Académica del Centro Cultural Ricardo Rojas.

*Palabras extraídas de la presentación de Sandra Torlucci, rectora de la Universidad Nacional de las Artes (UNA) durante el coloquio preparatorio de la CRES 2018, el 9 y 10 de noviembre de 2017 en Buenos Aires.