Perú: El presidente en su laberinto – Por José Toledo Alcalde

Por José Toledo Alcalde

El actual presidente – transitorio – del Perú, Martín Vizcarra, vino a la escena política con serios problemas de ubicación. Es víctima de una hiperinflación de surrealismo político así como de una extrema carencia de claros objetivos razón de ser de su fugaz  presencia en el sillón presidencial.

Vizcarra asumió la presidencia por la renuncia del ex mandatario PPK. Después de su “elegante exilio” en Canadá como embajador – favorecido por su socio político – librado según diferentes opinólogos  de serias denuncias por favorecimientos – en nombre del Estado peruano – a empresas extranjeras involucradas en la construcción del cuestionado proyecto del aeropuerto andino de Chinchero (Cuzco).

Pero como absurdamente en el Perú son siempre favorecidos los que más arrugas tienen con la justicia, Vizcarra – por “derecho constitucional” – sucedió al defenestrado ex presidente.

El día que asumió el cargo presidencial, la empresa GFK publicó una interesante aproximación al sentir del pueblo en relación a la crisis de Estado. El49% cree que los vicepresidentes deben renunciar  y  el presidente del Congreso debería convocar a nuevas elecciones generales. Un 26% sostuvo que Vizcarra pudiera concluir el quinquenio presidencial el 2021.   Lamentablemente como siempre la opinión del soberano solo sirve para adornar estadísticas.

En el Perú La “lógica Odebrecht” se encuentra entornillada en el inconsciente colectivo del sistema de la estafa: se apuesta a ganador ya sea de izquierda, centro o derecha. Las evidencias pusieron al relieve los rostros del método de la gobernabilidad en el Perú: la estafa, corrupción e impunidad.

Como sabemos el delincuencial modus operandi de la red de corrupción montada por Odebrecht – y su entramada red de compañías y personajes – fue corromper a frentes políticos de todos los tintes ideológicos. La lógica del lucro monstruosamente voraz del capital antidemocrático e inhumano se movió y sigue moviéndose indistintamente  de la bandera que levanten los postores a jugosos cargos públicos.

Ante la fallida – por ahora – lógica de la corrupción, la preocupación de los sectores liberales es evitar por cualquier medio convocar a nuevas elecciones presidenciales. Estas esferas políticas son consientes que ante una eventual convocatoria a elecciones habría fuertemente la posibilidad que sectores no-liberales logren posicionarse en el Estado con holgada victoria.

Para muestra un botón: “El peor escenario, porque es completa incertidumbre, obviamente son las elecciones (presidenciales). Nadie sabe quién gana, ni nadie sabe cuál sería la política en el 2020” (Julio Velarde, presidente del BCRP).

Tito Prado Effio, dirigente naional del Movimiento Nuevo Perú (MNP) y de la corriente interna Súmate,  sostuvo que  “Un nuevo gobierno emanado de elecciones limpias puede encabezar un proceso constituyente que termine en una nueva carta magna y permita refundar la República sobre nuevas bases empezando por la recuperación de nuestra soberanía de cara al bicentenario”.

La amenaza para los grupos de poder es precisamente llegar al punto cero: nueva Carta Magna acabando de esta manera con la legalización de la estafa, el privilegio, la impunidad y 200 años de saqueo antipatriótico y sistémico.

La laberintitis que aqueja al presidente peruano Vizcarra es solo uno de los signos de la endemia sistémica por la cual atraviesa el Perú. Señor presidente: su misión es exclusivamente transitoria. Es inaudito pretender seguir maquillando la realidad con torpes nubes enceguecedoras.

Lo sabemos, el problema es estructural y no coyuntural. Y, las estructuras no pueden ser cambiadas ni un milímetro siguiendo el distorsionado formato político que tenemos hoy. Somos consientes que una nueva Carta Magna no garantiza cambios de conciencia ni que se elevará la calidad ético-moral de los funcionarios públicos. De allí la exigencia de un nuevo cuerpo jurídico-legislativo sin opción a que transe con la impunidad y crimen institucionalmente organizado.

Debemos atrevernos a transitar el camino de la transformación con justicia, equidad y dignidad. Trascender lo anecdótico, cómico y patético de la política dejando de lado todo tipo de dicotomías donde se considere la “clase política” jerárquicamente contraria al Pueblo verdadero sujeto político soberano.

Con Nuestra América