Café la Esperanza, una alternativa económica para la construcción de la paz en Colombia

En agosto de 2017 comenzó a una nueva etapa en la implementación del Acuerdo de Paz suscrito en 2012 entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo (FARC – EP), orientada a generar procesos  para la reincorporación a la vida civil de los más de 8 mil ex combatientes que entregaron las armas.

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En esta fase, las Zonas Veredales Transitorias de Normalización y los Puntos Transitorios de Normalización, donde los miembros de las FARC se agruparon para la entrega de armas a la ONU, se convirtieron en Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR). Existen 26 centros en el país, donde se desarrollan actividades de capacitación, se preparan proyectos productivos y se atienden las necesidades de formación técnica de las comunidades aledañas.

Este proceso no ha sido fácil, ya que desde su implementación tropieza con dificultades profundas como con la falta presupuesto y/o de confianza. Las cifras oficiales dan cuenta de 40 excombatientes asesinados desde el inicio del proceso de paz. El persistente conflicto con las fuerzas militares y paramilitares, la búsqueda de acuerdos de paz por parte del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y cientos de miembros de las FARC que han pasado a las filas de la disidencia, han contribuido a complejizar este camino.

Desde el ETCR  “Carlos Patiño”, ubicado en la zona del Cauca, Nelson, miembro de la cooperativa cafetalera “La Esperanza” narra la experiencia que transitan tras un acuerdo con la empresa italiana Illy Café, y analiza cómo impactará el resultado de las últimas elecciones en el construcción del proceso de paz.

-¿Cómo se sostiene el proyecto de la Cooperativa la Esperanza?

– Lo que hacemos ahora es comercialización, porque no tenemos donde cultivar. Últimamente hemos logrado un convenio en conjunto con todas las cooperativas del Cauca. Hemos conformado un total de 6 cooperativas y establecimos un Convenio con Illy Café, una empresa italiana, para entregarle 100 mil kilos de café Pergamino seco (1). Lo más importante de esto es que hemos logrado establecer un precio más justo para el productor.

-¿Qué rol cumple la cooperativa la Esperanza en la relación con Illy Café?

-El trabajo nuestro como cooperativa es recibir el café, tenerlo en un centro de acopio, completar una cantidad considerable y entregársela a AZ Café, que es una empresa aliada de Illy Café, y que finalmente se la entrega. Con este proceso logramos una bonificación directa al campesino, de más de 10 mil pesos colombianos. El precio normal que en Colombia pagan las cooperativas de cafeteros, aliadas a la Federación, hoy oscila entre 73 mil pesos por arroba (12,5 kilos). Nosotros, junto con Illy Café, le estamos garantizando 83 mil pesos por arroba, evitándole el costo de transporte.

Es algo que hemos logrado y es importante porque de cierta manera impulsa el reconocimiento del trabajo de los campesinos, ayuda a que se mantengan unos precios justos, porque el Acuerdo de Paz establece que eso sería por unos 5 años.

Además brindamos asistencia técnica y compartimos la información frente a todo el tema de la producción, transformación y comercialización del café: eso es lo que quedó pactado dentro del convenio que se firmó con Illy Café.

– ¿Cómo organizan el proceso de comercialización?

-En Café La Esperanza hemos empezado a producir dos líneas. Una de un café tradicional y otra, café excelso. El comercio del café tostado y molido en Colombia es muy difícil, al igual que en el exterior, ya que hay que competir con unas empresas muy grandes. En Colombia predominan empresas como Café Águila Roja o Café Sello Rojo que es café tradicional, que los colombianos estamos acostumbrados a tomar, no exquisito, pero de óptima calidad.

Es el que más hemos estado comercializando aquí, internamente, no es que nos esté dejando grandes utilidades, pero permite que se sostenga la inversión que se hace. El café excelso es un café de más calidad, para paladares más exquisitos, pero que en el mercado interno es más difícil de colocar.

Todavía no hemos logrado establecer una comercialización al exterior, que es lo que hemos proyectado: establecer un comercio directamente desde el espacio, desde la región, como un café de origen para determinados lugares del exterior, como pueden ser cafeterías, restaurantes o café-internet. Que sean directamente negocios entre ellos y nosotros. Entre quien lo vende, listo para tomar y entre quienes lo producimos.

-¿Se plantearon la posibilidad de producir ustedes el café?

-Como cooperativa y como organización hasta el momento no tenemos producción propia, porque todavía no se nos han asignado las tierras para poder desarrollar nuestros proyectos productivos. Eso implica que nuestra corporación económica y laboral esté todavía “en veremos”, y hasta que no se resuelva ese problema de las tierras y que nosotros podamos obtener un lugar donde trabajar, no vamos a poder tener producción propia.

Lo que hemos hecho, para poder producir café La Esperanza, es adquirir la materia prima, el café Pergamino, a los productores de la región y utilizar el que nosotros necesitamos para poder crear café La Esperanza. Tenemos pensado trabajar dos líneas o dos formas de producir café: una línea orgánica -vamos a empezar con 20 mil árboles-, y una línea convencional, que es la que hemos empezado a impulsar con cerca de  52 mil árboles iniciales, y tenemos proyectado expandir el número a 260 mil.

-¿Qué perspectivas genera para los Acuerdo de Paz el resultado del último proceso electoral?

-Hasta el momento hay una decepción generalizada en el sector rural por las elecciones (presidenciales) pasadas.

Los sectores más afectados por el conflicto, las regiones del país más abandonadas por el Estado, fueron las que votaron por una opción democrática, más de izquierda y no la opción de centro-derecha o derecha que es la que encabezó el hoy presidente electo, Iván Duque.

Quienes votaron por la opción que defendía los Acuerdos,  lo hicieron desde una percepción más real, de la justicia social, para mantener los Acuerdos y respetarlos. Esa opción era Gustavo Petro, que ganó en las regiones donde el conflicto fue más agudo y en donde hay una pobreza extrema en nuestro país.

Es el caso del  departamento del Cauca, uno de más afectados por el conflicto; el Departamento del Chocó uno de los más abandonados, donde existen más de 3 millones de personas que no tienen acceso ni a agua potable ni tienen acceso a energía. Estas zonas, conviven en medio de la selva y el acceso es limitado, no existen carreteras.  Si uno mira el mapa de los resultados, Duque ganó en la zonas más pacíficas de nuestro país.


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