Cerrar filas en torno a AMLO – La Jornada de Guerrero, México

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

La democracia supone y demanda la participación de todos; precisa que todos los ciudadanos estén bien informados de lo que sucede en la administración pública, para que las decisiones que tomen estén sustentadas en una información completa y correcta; exige que el ciudadano cumpla sus obligaciones cívicas, es decir lo que el colectivo espera de cada uno de sus integrantes, sus deberes para con su sociedad; una de esas obligaciones es votar, por una o por otra opción, y luego vigilar el desempeño de los que hayan resultado favorecidos con la mayoría de los sufragios, y muchas obligaciones más. Si bien esas obligaciones pueden resultar onerosas para muchos, en ellas radica la fortaleza de un sistema democrático.

La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás, escribió alguna vez el primer ministro británico Winston Churchill.

En una democracia la mayoría manda, pero las minorías no quedan aplastadas, ni sin voz, ni a merced de los caprichos del gobernante. Para eso se ideó el principio de representación proporcional –tan denostado por los que exigen el todo o la nada–, para que quienes no obtuvieron en la elección la mayoría –absoluta o relativa– puedan tener acceso a los congresos y otros organismos colegiados donde se toman las decisiones.

El vencedor gobierna para todos, y debe aceptar la crítica con madurez cívica. En una democracia hay y debe haber contrapesos a los poderes, porque no le concede cheques en blanco a nadie. Los contrapesos son saludables porque evitan los excesos.

Las derrotas no son definitivas, porque la democracia da oportunidad a los contendientes de volver a la arena de lucha una y otra vez, siempre mejor preparados. Andrés Manuel López Obrador es el ejemplo más inmediato de ello, pues a la tercera venció. Pero mientras los derrotados recomponen sus fuerzas, harían bien en cerrar filas en torno al vencedor, no por conveniencia propia, sino por el bien de la nación, pues a fin de cuentas la que los diferencia es la visión que tienen del país. “Ningún presidente se levanta pensando cómo joder a México”, dijo hace no mucho tiempo Enrique Peña Nieto.

Si el vencedor aplastara a sus contrincantes, si les negara voz y representación, pronto la sociedad se degradaría y el país se hundiría en una espiral de conflictos y desencuentros que sólo dejaría pérdidas para todos. Ejemplos de dictaduras contemporáneas hay varios, algunas muy cercanas en términos geográficos.

Por eso es encomiable el llamado que hizo ayer el alcalde Evodio Velázquez: cerrar filas y apoyar las decisiones que tome López Obrador. Y quien no pueda apoyarlas porque discrepe de ellas, goza de libertad de expresión para criticar las decisiones que tome el poder, o el hombre en el poder; es una garantía consagrada en la Constitución.

Aparte está la libertad de prensa, cuya función es colocar a la vista del público todo lo que tiene que ser público, aun si eso llegara a disgustar al poder.

La Jornada de Guerrero


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