Desfinanciamiento y ajuste en las escuelas públicas argentinas

¿QUIÉNES PROTEGEN LA EDUCACIÓN DE LXS NIÑXS?

Por Diana Milstein y Silvina Fernández

Evidencias y reflexiones sobre el “abandono” del Estado a las escuelas públicas.

Este 2 de septiembre de 2018 se cumplió un mes de la muerte de Rubén Rodríguez y Sandra Calamano, el auxiliar y la vicedirectora de la Escuela N° 49 del Partido de Moreno en la Provincia de Buenos Aires, ambos fallecidos tras la explosión por una fuga de gas en la escuela en la que trabajaban. La fecha es acompañada por un contexto de reclamos puestos de manifiesto en demandas y medidas de fuerza llevadas adelante por un muy alto porcentaje de docentes y auxiliares de escuelas públicas y también por familiares y estudiantes. En estos reclamos, además de la exigencia de una mejora salarial -situación que comparten con otrxs gremios y asociaciones-, demandan un plan urgente de obras y mejoras de los edificios escolares. El pasado 17 de agosto, 15 días después de la explosión, el Boletín Oficial publicó que el Ente Nacional Regulador del Gas (Enargas) ordenó a las empresas distribuidoras realizar “inspecciones de seguridad a las instalaciones de gas de todos los establecimientos educativos, oficiales y privados, en todos los niveles”. Si tomamos en cuenta la situación dramática que experimentan familiares, estudiantes y trabajadores en las escuelas, es fácil advertir que órdenes aisladas como esta, resultan absurdas frente a lo que el sentido común nos permite considerar edificios habitables y cuidados/mantenidos por el Estado. En este escrito analizamos este proceso de deterioro objetivado en los edificios de las escuelas, apoyándonos en lo que saben y conocen quienes protegen la educación de lxs niñxs.

Rubén y Sandra

Las dramáticas y dolorosas muertes de Rubén y Sandra, auxiliar y vicedirectora de la Escuela N° 49 de Moreno, ocurridas el jueves 2 de agosto de 2018 tras la explosión por una fuga de gas, expuso el deterioro de los edificios escolares y la peligrosidad que acarrea su falta de mantenimiento para lxs niñxs y el conjunto de lxs trabajadores de la educación. Esta lamentable situación, también posibilitó exponer el rol criminal que desempeñan autoridades del gobierno nacional y provincial y de la cartera educativa cada vez que reducen el presupuesto, sancionan a lxs directivos por denunciar y/o suspender las clases ante irregularidades y lxs obligan a poner el cuerpo hasta la muerte, como ha sucedido en la escuela N° 49. Al día siguiente de este desastre, trabajadores de la educación, alumnxs y familiares se movilizaron por las calles de nuestro país. Lxs trabajadores de las escuelas públicas de la ciudad de Buenos Aires y de la provincia de Buenos Aires protestaron y demandaron con un paro masivo y un crespón negro colgado en el frente de las escuelas. La acusación a lxs responsables directos de ambas muertes fue unánime desde la voz de lxs familiares y lxs trabajadores docentes y auxiliares:

“Tiene que haber verdad y justicia. Tienen que ser castigados todos los culpables desde el primero hasta el último; desde la gobernadora María Eugenia Vidal hasta abajo, todos, Ministro de Educación, el interventor del Consejo Escolar, el gasista, todos, todos tienen que pagar” (discurso de un maestro en nombre de compañeros de Sandra y de Rubén de la escuela 49 frente al Ministerio Nacional de Educación; 7/08/2018).

El lunes siguiente se suspendieron actividades en más de 750 escuelas de la Provincia de Buenos Aires que se encontraban en riesgo edilicio, 20 de ellas situadas en el Partido de Moreno. Desde hace décadas, en la provincia de Buenos Aires, lxs directores soportan la responsabilidad de abrir las puertas de sus escuelas y dar clases en condiciones peligrosas –aguas servidas en los patios, vidrios rotos, agua corriente sucia, paredes electrificadas, cielorrasos derrumbados, entre otras- por una combinación de obediencia y temor.

¿Quiénes defienden las escuelas públicas?, ¿quiénes protegen la educación de lxs niñxs?, ¿quiénes cuidan a nuestrxs niñxs? Son algunas de las preguntas que emergen de lo que se vive como ausencia y abandono del Estado, vivencias que ponen de manifiesto los modos en que se perciben formas inéditas y valoradas negativamente de presencia del Estado en las escuelas. Por eso nadie logró controvertir –ni siquiera la propia Gobernadora- que la responsabilidad de las muertes de la vicedirectora y el auxiliar de servicio de la Escuela 49 de Moreno es de autoridades y funcionarios del Estado Provincial.

Una vicedirectora y un auxiliar de servicio murieron juntos en la escuela donde trabajaban, mientras compartían la tarea de preparar comida para lxs niñxs, por una explosión completamente evitable, resultado de una pérdida de gas detectada desde semanas atrás por ellxs mismxs y otrxs compañerxs, luego de haber solicitado ambos -y muchas veces- su reparación a las autoridades del Consejo Escolar. La Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires 7 días después de la explosión que provocó las muertes dio a conocer una carta pública a través de redes sociales destinadas a familias de la provincia y miembros de la comunidad educativa en la que, luego de condolerse, expuso un breve informe convencional de gestión con datos sobre cantidades y montos hasta la fecha destinados a obras de infraestructura escolar y se lamentó porque el intendente de Moreno utilizó los fondos destinados a infraestructura para pagar sueldos[2]. ¿Qué responsabilidad le corresponde a la Gobernadora de la Provincia con respecto a lxs funcionarixs y trabajadores de su jurisdicción y con relación a los edificios escolares? ¿Cuándo y cómo se hace presente como representante del Estado Provincial? ¿Qué funciones vinculadas a la infraestructura edilicia y de servicios desempeña en las escuelas el Consejo Escolar y cómo lo hace? ¿Qué corresponde a auxiliares de servicio, orientadores, docentes, profesores y directores? ¿Quiénes están autorizados para dar solución a problemas edilicios, sanitarios, de higiene y protección de la salud en las escuelas?

Pese a las diferencias que podemos encontrar con la atrocidad que produjo la pérdida de gas en la escuela 49, en distintas escuelas en las que realizamos nuestras investigaciones en los últimos veinte años -en la ciudad de Neuquén, en ciudades del Alto Valle de la provincia de Río Negro y en localidades de los Partidos de Quilmes y de La Matanza en la Provincia de Buenos Aires-, la precariedad edilicia y de servicios en las escuelas constituye un fenómeno anómalo que integra la “normalidad” de la vida cotidiana.

“Pintamos por los chicos”[3]

Corría el mes de marzo del año 2011. Luego de siete años consecutivos de no inicio por conflictos salariales entre lxs docentes y el Gobierno, las escuelas de la provincia de Neuquén se preparaban para comenzar el ciclo lectivo según el calendario estipulado por el Consejo de Educación. Aunque, aparentemente, las negociaciones salariales mantenidas a fines del año anterior planteaban un escenario con menor conflictividad, muchas escuelas no podían comenzar sus clases por problemas en los edificios escolares. Este era el caso de la escuela primaria N° 312, ubicada en la zona oeste de la capital neuquina, que desde su creación estuvo marcada por problemas edilicios. La escuela comenzó a funcionar en un edificio construido como obrador que, sin demasiadas variantes, las autoridades gubernamentales lo reconvirtieron transitoriamente en edificio escolar. Esa transición aún perdura y ya han pasado 30 años.

En aquel marzo de 2011, la escuela estaba abierta, auxiliares, docentes y directivas trabajaban, pero no había clases. Una mañana, una de las auxiliares de servicio, nos dijo que ellxs estaban trabajando aunque su gremio estaba realizando medidas de fuerza. El año anterior, según nos contaban, habían sostenido todas las medidas de fuerza gremiales, hecho por el que habían sido tildados de vagos por familiares, algunxs docentes y la directora. Por eso, en esta oportunidad habían decidido adherir al paro sólo algunos días. Ellxs querían que fuera visible que lo que impedía iniciar las clases era la situación edilicia y no sus medidas de fuerza. Efectivamente, una larga lista de problemas imposibilitaba el funcionamiento regular de la escuela, dentro de la que se destacaba el deterioro de los tanques agua y de las puertas de las aulas. Los tanques tenían sedimentos y suciedad y, por sus años de uso, ya no podían limpiarse. Era imprescindible cambiarlos y por eso quienes habían ido a realizar la limpieza –enviados por el Consejo Provincial de Educación- los vaciaron y la escuela quedó sin agua. Tampoco había puertas en las aulas, una empresa se las había llevado para readecuarlas, dado que las paredes de durlock con las que se construyen obradores, con el tiempo ceden, y las puertas no cerraban.

La solución a estos problemas se postergó por más de dos semanas. Las puertas no aparecían. La directora llamaba a las autoridades del Consejo para reclamar, pero allí nadie tenía registro de la empresa que había retirado las puertas. Esta situación, que algunas maestras irónicamente denominaron el misterio de las puertas, exacerbó la conflictividad ya planteada. Lxs docentes y auxiliares consideraban que la presión de la directora hacia el Consejo no era suficiente; lxs familiares y vecinxs consideraban que esa tarea podía ser resuelta por lxs auxiliares y la bronca se dirigía hacia ellxs. La directora quería definir el inicio inmediato de las clases, pero no lograba el acuerdo con lxs docentes porque consideraban que después de dos semanas sin clases por problemas del edificio era irrespetuoso recibir así a los chicos.

En medio de este malestar y con el misterio de las puertas sin resolver, la directora compró pintura y pidió a lxs auxiliares que pinten las aulas. Aunque en principio ellxs se negaron aduciendo que no les correspondía y que pese a sus esfuerzos por mantener un edificio que se caía a pedazos, nadie les reconocía nada, terminaron por realizar el trabajo. Cuando les preguntamos por qué lo habían hecho, nos respondieron: pintamos por los chicos. Las clases comenzaron con puertas y aulas pintadas por lxs auxiliares y decoradas por lxs docentes.

Lxs auxiliares eran lxs primerxs en ser señalados ante eventuales problemas por tener a su cargo la limpieza, el mantenimiento y el cuidado del edificio. A la directora también le alcanzaban las acusaciones porque los problemas edilicios y de funcionamiento, así como la interrupción de las clases, ponía bajo sospecha su capacidad dirigencial. El Consejo Provincial de Educación, apoyado en el mecanismo de terciarización de servicios, no asumía ninguna responsabilidad directa sobre los problemas edilicios y lejos de solucionar las falencias de infraestructura, producía desorden que generaba rivalidades entre quienes trabajaban en la escuela y entre estos y lxs familiares.

Ratas en la escuela[4]

Durante los primeros días del mes de mayo del año 2004 y por un periodo de dos meses, la escuela primaria N° 40 de Villa La Florida del Partido de Quilmes, fue escenario de situaciones conflictivas desatadas por la presencia de ratas y su dificultad para hacerlas desaparecer. Todo comenzó cuando una rata salió de atrás de la cocina a gas y fue vista por las auxiliares de servicio. Ese día y el siguiente encontraron, en distintas partes de la escuela, excremento de este tipo de roedores. La directora solicitó al Consejo Escolar la urgente desratización, pero este pedido se efectivizó recién dos semanas después, período durante el que siguió apareciendo suciedad de ratas.

Días posteriores a la visita de la empresa a cargo de la desratización, nuevamente una auxiliar encontró excremento de ratas en la cocina. La auxiliar que se desempeñaba como cocinera se presentó en la dirección muy enojada porque no daba abasto con las tareas, debía limpiar todo varias veces y eso retrasaba su trabajo. Además, no podían utilizar el horno que necesitaban para preparar la comida del comedor porque las ratas habían destruido el material aislante. La directora propuso colocar trampas y realizó las gestiones correspondientes para arreglar el horno, tarea que fue supervisada por la cocinera y las demás auxiliares de servicio. Si bien quedaron conformes con el arreglo, el peligro de las ratas permanecía latente, pues las trampas no habían atrapado a ningún roedor.

Un mes después de la primera aparición de la rata en la cocina, la presidenta de la cooperadora llamó a la directora al salón en el que las madres de la cooperadora realizaban tareas y guardaban útiles y elementos de limpieza. Aunque allí no solía haber comida, eventualmente, habían reservado unos salamines para cocinar un locro, y éstos presentaban marcas de haber sido comidos por ratas. Ante esta nueva aparición de roedores la presidenta de la cooperadora ofreció sus contactos con gente del municipio para conseguir una buena desratización, opción que a la directora le pareció apropiada. En esos días la presidenta se contactó con el Secretario de Salud del Municipio y logró que denuncien a la empresa que había enviado el Consejo para desratizar. También le prometieron enviar agentes municipales que irían a desratizar, pero el día pautado no fueron. La cocinera, enojada por demás, había propuesto -días antes a la directora- llamar a la prensa para denunciar la situación, pero a la directora no le pareció buena idea, pues al día siguiente estaba convocado un paro por uno de los gremios docentes.

Un día después de la espera fallida de los agentes municipales, la directora recibió un llamado de un programa de radio local pues un vecino había denunciado la presencia de ratas en esa escuela, cuestión que ponía en peligro a lxs alumnxs y a todxs lxs vecinxs del barrio. La directora respondió todas las preguntas, advirtiendo que las ratas no se criaban en la escuela, sino que ingresaban provenientes de un descampado lindante. El sábado siguiente fueron a desratizar, pero resultó ser la misma empresa que habían enviado la vez anterior. Las sospechas sobre una desinfección fallida se cumplieron y al cabo de unos días apareció una rata viva en la cocina nuevamente. La cocinera muy enojada la atrapó y la mató con un palo. Luego levantó la rata muerta y la llevó colgando de la cola para que la viera la directora y se quejó por permitir que se ocupara del problema gente que habla, habla y no hace nada, haciendo referencia a la presidenta de la cooperadora. Finalmente, habiendo pasado más de dos meses lograron que las autoridades del Consejo de Educación dieran orden de suspender las clases por dos días para que una empresa que enviaron hiciera una desinfección en todo el edificio escolar.

Cuando llueve mucho, no se cocina

Es media mañana en la escuela primaria N° 84 de Gregorio de Laferrere del Partido de La Matanza. Después de terminar con la limpieza de los utensilios del desayuno, tres auxiliares se preparaban para cocinar. A diario almuerzan en el comedor alrededor de 200 alumnxs de ambos turnos, aunque siempre se espera algunx más, sobre todo si el menú del día es milanesas. Como es la comida preferida de lxs chicxs, el cocinero trata de preparar más de una vez a la semana este plato, por eso suele estirar la carne, haciendo milanesas un poco más chicas, pero garantizando que asistan más chicxs y coman lo que les gusta. No es raro escucharlo al cocinero quejarse porque los proveedores demoran en traer la carne, o porque algunos productos no son suficientes, sin embargo en la cocina siempre se las arreglan para que la comida esté hecha a tiempo y alcance para todxs. Tal como explicó el auxiliar que cumple tareas como cocinero, pese a los problemas cotidianos, siempre se hizo la comida para el almuerzo desde que el comedor comenzó a funcionar allá por el año 2002.

Solamente no se ha cocinado cuando ha habido tormentas y lluvias importantes, pues en la cocina había un problema en la instalación eléctrica y con la lluvia se electrificaban las paredes. Como corrían peligro lxs propios auxiliares, tras sus reclamos y sin lograr una solución, habían acordado con el director cerrar la cocina cuando llovía mucho. Con el tiempo pudieron hacer algunos arreglos y solucionaron parcialmente ese problema. Las paredes ya no se electrifican, aunque a simple vista se observan algunos cables de la luz. Los arreglos parciales, además de parciales resultan momentáneos.

La violencia del desorden

Los datos que compartimos a través de las descripciones nos permitieron aproximar algunas respuestas a las preguntas planteadas al inicio, incorporando a unos de los actores cuyas perspectivas, de manera menos frecuente, son consideradas para describir y analizar la vida social en las escuelas: lxs auxiliares de servicio. Estxs actores han permanecido relativamente invisibilizados en la mayor parte de las investigaciones sobre la realidad escolar. Sin embargo, en el papel que desempeñan, en las posiciones que ocupan, en sus prácticas y discursos y en sus interpretaciones, se reflejan y refractan de una manera singular, los efectos de las presencias negativas del Estado, como los que hemos tratado. Al desconocer y negar su rol en la vida escolar también queda invisibilizada la importancia de sus intervenciones y sus conocimientos en un aspecto crucial del proceso educativo que es, ni más ni menos, que las condiciones edilicias y materiales que hacen posible ese proceso. Por eso, documentar y describir etnográficamente lo que las personas dicen y hacen en los espacios escolares contiene una finalidad política. Mientras que al interior de las escuelas las personas son capaces de plantear sus problemas, y proponer modos adecuados de resolverlos, la intervención de autoridades estatales, mediante sus diversos mecanismos, al negar las perspectivas de los actores sólo molestan y obstaculizan en vez dar respuestas coherentes.

A esto debemos agregar el proceso sostenido de creciente terciarización de servicios indispensables para sostener la estructura edilicia de las escuelas, que se combina con una lógica política tendiente a reducir la autoridad de directores y borronear los alcances de sus tareas de conducción. Tan es así, que las situaciones reconstruidas evidencian momentos en los que, en una institución que cuenta con un grupo capacitado profesionalmente y organizado jerárquicamente para enseñar a lxs niñxs, nadie sabe exactamente qué se puede hacer, nadie puede hacer o, simplemente, no se puede hacer nada. No bastan reuniones, llamados, reclamos, notas: las puertas pueden desaparecer, las ratas pueden circular y las paredes continuar electrificadas. De este modo la vida escolar persiste y sobrevive con políticas del Estado sostenidas por violencia material, expresada en la falta de recursos y mantenimiento, y violencia simbólica, que opera mediante la sanción, la persecución y la negación de todo lo que directivxs, docentes, auxiliares, alumnxs y familiares saben sobre sus escuelas.

Como contracara de la violencia estatal, la explosión en la escuela N° 49 y las muertes de Rubén y Sandra fueron rodeadas con la solidaridad inmediata de familiares y vecinxs de la escuela y de militantes y dirigentes gremiales. La presencia en las calles de las escuelas interpelando a las autoridades, fueron algunos de los factores que, por un lado, permitieron disipar los miedos y dejar emerger a la desobediencia como una necesidad para la autodefensa, la protección y el cuidado. Y por el otro, estimularon la organización espontánea defensiva de trabajadorxs de las escuelas, sostenida en emociones y razones análogas, dando lugar así a rearticular redes laborales, políticas, intergeneracionales, amistosas, vecinales, familiares.

[1] Los análisis planteados en este artículo son parte del proceso de trabajo colectivo realizado en el marco del Grupo de Estudio y Trabajo de Antropología y Educación del Programa de Antropología Social del Centro de Investigaciones Sociales del Instituto de Desarrollo Económico y Social (PAS-CIS/CONICET-IDES) coordinado por Diana Milstein. Para mayor información http://pas.ides.org.ar/grupo-de-estudio-y-trabajo-sobre-antropologia-y-educacion.

 

[2] Datos tomados de una nota del diario la Nación, 9 de agosto de 2018.

[3] Esta situación ha sido descripta y analizada con mayor detalle en un trabajo ya publicado por las autoras: http://www.revistacseducacion.unr.edu.ar/ojs/index.php/educacion/article/view/34

[4] Esta situación ha sido descrita y analizada con mayor detalle en una publicación anterior de Diana Milstein: http://ides.org.ar/wp–content/uploads/2012/03/cuader15.pdf

Fuente-Revista Bordes


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