Camino al norte – La Prensa, Honduras

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

En la historia de la humanidad, el fenómeno de las migraciones se ha dado de manera permanente. Los movimientos migratorios se han realizado dentro de un mismo territorio, como es el caso de los traslados de familias enteras de ambientes rurales hacia concentraciones urbanas, o de un país hacia otro. Las causas han sido básicamente las mismas, no importa la época ni el lugar: sequías y pérdida de cosechas, inseguridad o guerra, falta de oportunidades para el desarrollo personal o colectivo. Pocos son los casos en los que una persona decide abandonar la comodidad o el bienestar de una nación desarrollada para trasladarse a otra en la que hay retos económicos o sociales que superar; en esos casos suelen darse intereses empresariales o motivaciones religiosas, como es el caso de los misioneros de diverso credo y procedencia que se desprenden de todo para proclamar su fe.

La caravana de migrantes hondureños que va llegando a la frontera de México, tras atravesar Guatemala, y que dice dirigirse hacia los Estados Unidos es un caso más de flujo migratorio. Desde hace décadas, ese país ha sido el destino de miles de hondureños que han buscado en él nuevos horizontes y cuya suerte ha sido diversa. Desde los sesentas y setentas del siglo pasado, muchos compatriotas se trasladaron a Nueva York y a Nueva Orleans, en cantidades considerables, tanto es así que se llegó a decir que esa última era la tercera ciudad de Honduras. En la mayoría de los casos eran personas de clase media, e incluso profesionales, que dejaron su tierra pensando en un futuro mejor para ellos mismos o para sus hijos. Las motivaciones eran, casi siempre, estrictamente económicas. Esos hondureños entraron de manera legal a los Estados Unidos y regularizaron su situación migratoria de forma ordinaria. Luego, a partir de los años ochenta, el flujo que se ha dado es más bien de hombres y mujeres procedentes del área rural o zonas marginadas de las ciudades donde se asentaron hace unos años los migrantes del interior del país.

La actual caravana, generada con la multiplicación de una ilusión, alimentada por los graves problemas sociales, atizada por políticos e inspirada por experiencia pasada, conlleva muchos riesgos y el anuncio final de “deportación inmediata tras arresto”. Las autoridades mexicanas presentarán un escenario de bloqueo, pero la prueba de fuego será más norte, cuando la falta de muro físico se supla con “cero tolerancia”. Además, difícil pensar que no hay traficantes de personas entre sus organizadores o gente con quien sabe qué intenciones económicas o políticas.

Ojalá que no se ponga en peligro la vida de estos compatriotas, que no vayan a ser víctimas de un engaño y que se dé protección a la vida de los menores que han sido llevados por sus padres u otros adultos. Esta es una aventura con un final anunciado…

La Prensa


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