Reforma Universitaria y neoliberalismo en Argentina

Reforma Universitaria y neoliberalismo en Argentina

Por Matías Caciabue *

En el centenario de la Reforma Universitaria, un movimiento político que articuló a las juventudes políticas de la región en una “nueva hora americana”, que supo golpear con fuerza al oscurantismo religioso y al positivismo mecanicista que reinaban en las Universidades de principios de siglo. En su lucha, los jóvenes se animaron a denunciar el naufragio del ideario de la independencia americana del Siglo XIX en el mar de los intereses oligárquicos e imperialistas.

El recuerdo de esta gesta no es hoy sólo una efeméride de nuestra historia. Los 100 años del surgimiento del movimiento reformista fue marco de la importante Tercera Conferencia Regional de Educación Superior, CRES, del Instituto de Educación Superior para América Latina y el Caribe, IESALC, de la Unesco, que reunió a más de cinco mil universitarios de la región a reflexionar y debatir sobre el futuro de la educación superior en el continente y el mundo.

Al igual que hace 100 años atrás, nuestro tiempo vuelve a mostrarse convulsionado, y la Educación y en la Universidad no son la excepción: “Crisis Educativa” dice el pleno de rectores desde el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) de Argentina. “Crisis Educativa” gritan las organizaciones sindicales y estudiantiles. “Crisis Educativa” dibuja la gran prensa y las redes sociales. “Crisis Educativa” fanfarronea el presidente neoliberal y su séquito de funcionarios.

En todos lados se observa el enorme consenso sobre la “crisis”. La disputa es por imponer el rumbo que debe tomarse para alcanzar una solución a la misma.

En ese sentido, se puede afirmar que la crisis aparece como contrapartida a la consolidación de una nueva fase del capitalismo, que promueve con fuerza al menos 6 “nuevos” fenómenos educativos:

  • Crecimiento exponencial de la apuesta económica corporativa a la educación: En 2013 las 500 corporaciones más poderosas del mundo invirtieron U$S 2.600 millones. El Banco angloespañol Santander –dueña del influyente portal Universia-, la tecnológica norteamericana IBM y la española Telefónica son las que más invierten, con más de 110 millones de Euros cada una. Imaginemos los niveles de penetración que eso significa en el sistema universitario de los países del tercer mundo, con presupuestos públicos siempre limitados.
  •  Fortalecimiento de Fondos Financieros de Inversión Global especializados en “servicios” educativos: Encadenados muy estrechamente a la red del capitalismo financiero transnacional. Pearson Global Incy Sylvan Learning Systems Inc son dos de los casos más reconocidos.
  • Consolidación de una red educativa global que monopoliza el conocimiento estratégico en “nodos centrales”: La alta calificación profesional que necesita la conducción del capitalismo contemporáneo, en tanto sistema social, se encuentra centralizado en un puñado de universidades, principalmente del “Atlántico Norte”: Harvard, Columbia, Chicago, MIT y California en Estados Unidos; Cambridge, Oxford y Londres en Inglaterra.

Este circuito se complementa con otro anclado en el “Asia Pacífico”, con eje en las Universidades de la región administrativa especial de Hong Kong en China y las principales instituciones educativas de Singapur, Malasia, Corea del Sur y Japón.

La medición de la centralidad en la red de dichas Universidades se realiza a través de rankings globales en base a criterios tecnocráticos, donde destacan los elaborados por ARWU-Shangái, el THE WorldUniversityy el QS-Top Universities.

  • Promoción de universidades de Mercado: pertenecientes a grupos de las elites económicas y políticas de cada uno de los países del tercer mundo, regidas por el lucro y auspiciantes de una dudosa calidad educativa. El modelo educativo chileno es el más atravesado por este paradigma, con Universidades vinculadas a la derecha política y a la oligarquía empresaria, de la mano de Pinochet y sus Chicago Boy´s.
  •  Surgimiento de “Universidades Globales”: como la Universidad de Minerva, donde los estudiantes viajan y cursan en siete ciudades diferentes a lo largo de su cursado (San Francisco, Seúl, Hyderabad, Berlín, Londres, Taipei y Buenos Aires) con una educación tutoriada, que busca desarrollar profesionales con conocimientos disímiles y transdisciplinares (cuadros polimatas).
  •  Impulso a un proceso de desescolarización y desinsitucionalización educativa: se promueve una formación académica para que los jóvenes se animen a vivir “en la incertidumbre” de un mercado de trabajo empujado a una creciente y progresiva desocupación. Se promueve la formación cuentapropista (free-lancer) dentro de empresas ampliamente publicitadas en la TV y las redes sociales (Open English, NextU, etc), y/o dentro de sus propias empresas, tal como hace Facebook para estudiar programación en su Digital House Tech Hub.

En esta nueva fase del capitalismo, el conocimiento estratégico –esos saberes con capacidad de vertebrar la acumulación de las riquezas y la dominación política-, en un doble salto, se ha corrido del grado al posgrado, y de éste al posgrado “en el exterior”. Ese es el marco que explica por qué el reflujo político popular de Argentina y de la región, está intentando dejar en la obsolescencia a las Universidades y al sistema científico-tecnológico públicos.

Estos gobiernos, articulados a los intereses de la aristocracia financiera global que ha tenido la capacidad de desdibujar las banderas de los Estado-Nación –aún de los países centrales- son deliberadamente gestores de una política de ajuste presupuestario y de rediseño institucional.

En la propuesta de estos gobiernos neoliberales –bien rotulados como “de CEO´s”- sólo algunas partes del actual sistema de educación superior sobrevivirá. Dichas “partes”, están siendo enlazadas a las necesidades educativas-científicas del también bautizado como capitalismo “cognitivo”, como nodos “secundarios” de esa difusa -pero existente- red educativa global. Se puede leer esta dirección política en la creación en Argentina del “Consorcio UBA-UNC en la Sociedad del Conocimiento” firmado por la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de Córdoba.

Todo lo que no sirva, no será conectado. Sobrevivirá abandonado a su suerte. En el caso argentino, una implosión estratégicamente controlada atraviesa el sistema público de educación superior, para que el achicamiento institucional no pueda articularse en el conflicto social, cada vez más grande y generalizado.

Las Universidades del conurbano bonaerense, las universidades de tamaño medio de las provincias argentinas, el grueso del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, del Instituto Nacional de Tecnología Industrial, de la Comisión Nacional de Energía y parte del Instituto Nacional de Tecnología Agrícola –dado que Argentina es relevante en el desarrollo agrobiotecnológico mundial-, serán protagonistas de un desguace que, aunque se nos manifieste anárquico, se encuentra fuertemente orquestado en la partitura política del proyecto estratégico en posición de gobierno en Argentina y, estimamos, en varios de los países de la región, articulados ahora en el “Grupo de Lima”, la nueva oficina de atención estadounidense a los asuntos hemisféricos.

Algunos de los principales actores del sistema universitario asiste a este proceso sin poder siquiera visualizarlo. Lo mismo le sucedió a la vetusta casta profesoral ante los avatares de un naciente movimiento estudiantil que recuperaba, en sus ideales, la ruta revolucionaria de la independencia americana.

Aunque pueda sonar contradictorio, no son épocas para plantear sólo la “defensa” del sistema público de educación superior. Son tiempos para que, desde el interior del sistema universitario, aparezca un proyecto de universidad y de ciencia que se articule a las problemáticas concretas, al conflicto social cada vez más agudo, a la producción y la aplicación del conocimiento estratégico en beneficio de nuestros pueblos y desacoplados de las “lógicas del paper” y el mérito en la publicación en revistas internacionales.

Así, en el centenario de la Reforma Universitaria y rodeados por una avanzada neoliberal que no ha podido clausurar el “ciclo progresista” latinoamericano del siglo XXI, se nos presentan tres visiones sobre la educación y la Universidades en nuestras sociedades: la conservadora, que significa la defensa de algo que morirá bajo el peso de un mundo hiperconectado, virtualizado y automatizado; la neoliberal, que siembra la maximización de las ganancias de la plutocracia financiera a costa de una pauperizar a nuestros pueblos; y la popular revolucionaria, que está en manos de aquellos que no sólo defienden la Universidad y la Ciencia públicas, sino que buscan construirlas como herramientas de transformación positiva de nuestras sociedades.

La tercera CRES, realizada en Córdoba, fue escenario de este debate, que debe darse también en cada Universidad de la región y todos los días del año, para discutir cuál visión de Educación Superior finalmente se construirá para nuestras sociedades. Los reformistas de 1918 supieron dar una respuesta colectiva y transformadora a la convulsionada realidad educativa y política de su época, articulando sus demandas universitarias a la lucha general de los pueblos. En tiempos como los que vivimos, a 100 años de sus acciones, es invaluable su ejemplo.

* Licenciado en Ciencia Política (UNRC), estudiante de la Especialización en Pensamiento Nacional y Latinoamericano (UNLa), redactor-investigador argentino del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la).


La Segunda Reforma Universitaria en Argentina

Por Aritz Recalde – Leonardo Moyano *

ace un siglo se produjo la Reforma Universitaria del año 1918, conformando uno de los sucesos políticos y culturales sudamericanos más importantes del siglo XX. Con justeza, el peruano Raúl Haya de La Torre lo caracterizó como el “más trascendente movimiento de renovación intelectual acaecido en Indoamerica desde la Independencia”.

Europa se encontraba sumergida en una cruenta guerra y en una decadencia política, económica y cultural. Frente a ese panorama, la juventud iberoamericana elevó la esperanza de un nuevo mundo. Los universitarios promovieron activamente la edificación de una cultura humanista, que iba a funcionar como marco para construir una sociedad justa, libre y solidaria.

La Reforma retomó el legado de los pensadores, artistas, dirigentes políticos y trabajadores de nuestra región. Las jornadas reflejan los aires libertarios de la revolución mexicana y el legado intelectual de José Vasconcelos. La iniciativa afirmó los ideales americanistas de la Magna Patria del uruguayo Enrique Rodó y también la causa democrática y social del presidente José Batlle y Ordóñez. El proceso luego se irradió por las diversas universidades sudamericanas, templando la política regional con nuevas consignas y con renovadas banderas emancipadoras.    

La Reforma Universitaria fue pluripartidista y diversa en el plano ideológico. El movimiento expresó los anhelos de cambio social y de democratización electoral, en línea con la presidencia de Hipólito Yrigoyen. Los reformistas bregaron por una universidad comprometida con su tiempo, que garantizara la participación activa de los jóvenes y que estuviera consustanciada con el cambio social y político de los pueblos. La institución tenía que ser forjadora de la conciencia nacional independiente y antiimperialista, contribuyendo a la unidad sudamericana y a un nuevo orden regional y mundial de paz y de fraternidad.

La Universidad de la Segunda Reforma

En el contexto de surgimiento y de desenvolvimiento de la Reforma, los trabajadores carecían de derechos sociales y laborales, y en muchos casos las organizaciones sindicales no eran reconocidas institucionalmente. Las represiones de los Talleres Vassena y de la Patagonia son expresiones trágicas de esa realidad. Las mujeres no votaban y tenían cercenadas las posibilidades de estudiar en la universidad. Los modelos productivos del país y de la región eran dependientes y atrasados y se caracterizaban por la escasa industrialización y por la mera exportación de recursos naturales.

Con posterioridad al año 1918, surgieron en todo el Continente diversos movimientos nacionales que intentaron superar el subdesarrollo y emancipar socialmente al pueblo. En ese marco, se conformó una nueva agenda universitaria, científica, cultural y social y eso supuso cambios y actualizaciones a la Reforma.

Los obreros exigieron el derecho a estudiar y a participar activamente de la vida académica. Cumpliendo este anhelo, Juan Perón sancionó la gratuidad de los estudios en el año 1949 y sostuvo que “yo no quiero una universidad para el privilegiado: yo quiero la universidad para el Pueblo (…) hemos de llevar a las universidades profesionales a nuestros muchachos pobres, porque entre ellos, estoy persuadido, hay más inteligencia y más corazón que en los otros”.  La Revolución Justicialista creó comedores estudiantiles subsidiados, horarios nocturnos y promovió becas para jóvenes de bajos recursos y derechos laborales para docentes y nodocentes. El gobierno inauguró la Universidad Obrera Nacional (UON), con carreras de ingeniería orientadas a alcanzar la independencia económica.

En las décadas del cuarenta al setenta, los sindicatos de trabajadores ocuparon un lugar fundamental en la vida nacional y en su origen la Universidad Obrera designó un rector proveniente de la Confederación General del Trabajo. Con justeza, Ernesto “semilla” Ramírez afirmó que “en la universidad no puede lograr hacerse otra cosa que lo que sucede en el país; en este momento el pueblo y su columna vertebral, los trabajadores, asumen el gobierno y también lo tenemos que asumir en la Universidad”. Los universitarios argentinos lucharon por alcanzar los derechos laborales de estabilidad, salario digno, capacitación y carrera académica y administrativa. Con estos antecedentes y por primera vez en la historia, en los años 2006 y 2015 se sancionaron los Convenios Colectivos de trabajo nodocente y docente, respectivamente.

Abandonando posiciones elitistas, las Casas de Altos estudios fueron reconociendo la importancia de incluir en los órganos de gobierno a los docentes (1918), los estudiantes (1918), a los graduados (1956), a los nodocentes (1974) y a miembros de la producción y del trabajo que intervienen en consejos sociales y comunitarios en diversas universidades argentinas.

La nueva Reforma Universitaria

Los académicos no pueden ser ajenos al acontecer nacional. Los universitarios no nos podremos realizar plenamente en una comunidad que no se realiza. La autonomía no puede convertirse en la justificación de una universidad isla, distante de la realidad nacional y social. Ernesto “semilla” Ramírez lo manifestó con lucidez: “nosotros decimos que vamos a crear una universidad para la liberación (…) lo que no vamos a tolerar es que en nombre de la libertad de cátedra o en nombre de la autonomía universitaria venga a trabajarse en contra del país”. Con esta misma finalidad, entendemos que las instituciones deben orientar sus funciones de docencia, transferencia, cooperación e investigación, para acompañar el desarrollo nacional y la soberanía cultural y tecnológica de los países.

A cien años de las históricas jornadas de Córdoba, seguiremos bregando por edificar:

–       Una cultura y una ciencia nacional y antiimperialista, reconociendo la diversidad histórica, étnica y regional, promoviendo el dialogo interdisciplinario y orientando la actividad académica hacia la solución de los problemas argentinos, sudamericanos y universales;

–       Una universidad abierta al pueblo y en la cual la educación sea un derecho social universal y no un privilegio de elite o de clase;

–       Una comunidad colegiada y democrática de trabajo, en la cual intervengan los cuatro claustros con voz y voto, en dialogo directo y permanente con consejos sociales compuestos con organizaciones de la producción y del trabajo de cada región;

–       Una institución cogobernada, con participación protagónica de los sindicatos y en la cual se reconozcan, garanticen y profundicen los derechos laborales de sus trabajadores docentes y nodocentes;

–       Una conciencia sudamericana que contribuya a la efectiva integración cultural, social, productiva y tecnológica de nuestros pueblos, gobiernos y Estados;

–       Una agenda de investigación, de docencia y de transferencia que contribuya a la formación de cadenas de valor, a la innovación y a la soberanía industrial y tecnológica sudamericana;

–       Una cultura humanista y democrática, que reconozca y que promueva el pleno ejercicio de los derechos humanos, repudiando las dictaduras y la violación del orden constitucional.

 Como bien dijo Arturo Jauretche, “el remedio no es menos Reforma, si no más Reforma, es decir más politización (…) entendiendo por politización aproximar más la Universidad al país”.

* Aritz Recalde: Sociólogo y profesor de la Universidad Nacional de Lanús, Argentina. Leonardo Moyano: expresidente de la Federación Universitaria de Río Cuarto, Argentina


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