10 reflexiones sobre educación que convendría debatir – Por Fander Falconí | Especial para NODAL

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Fander Falconí (*)

La educación es el valor fundamental de toda sociedad. Una visión humanista, aparte de cualquier consideración religiosa o política, nos impulsa a defenderla y a trabajar para que alcance a toda la población con máxima calidad. Un Estado laico es sinónimo de libertad de conciencia y una educación pública laica va de la mano con una sociedad respetuosa de la diversidad y libre de fanatismos.

  1. Para garantizar este valor universal en un país es indispensable la estabilidad presupuestaria en la educación. Hacen falta asignaciones crecientes para este sector, en especial para la infancia, que es cuando se forma el cuerpo y la mente. Si se descuidan esa etapa, pasados los cinco años ya no se puede remediar casi nada. Estas asignaciones deben manejarse con total transparencia y las irregularidades en educación deben sancionarse con la máxima pena. La niñez es un bien superior.
  2. Educar a todos y a todas es un deber sagrado. La exclusión es incompatible con la educación. La gratuidad de la educación asegura la inclusión. La necesidad de incluir a la población entera en el proceso educativo es la única garantía para un futuro feliz. Nunca se funda la felicidad en el dolor ajeno. Ningún error es más costoso que desprestigiar al sector público. La experiencia demuestra que lo obtenido en las privatizaciones se malgasta en gastos innecesarios o en pago de deudas muchas veces ilegítimas o inmorales. Las empresas públicas deben permanecer en manos de sus legítimos dueños.
  3. La política educativa no se presta a la demagogia. Es sembrar a mediano plazo, para obtener cosechas durante muchos años. La política educativa debe ser flexible, adaptable y creativa. Debemos educar para la vida y para el trabajo. La política educativa no debe confundirse nunca con la politiquería. La primera es altruista y duradera, la segunda es egoísta y efímera. La buena política educativa beneficia a docentes y estudiantes. La politiquería no cabe en el aula ni en las reuniones de docentes.
  4. Los derechos de los estudiantes no pueden ser vulnerados, ni en la casa ni en la escuela ni en la calle. Esto incluye protección contra abuso sexual, acoso y drogas. Es nuestro deber sancionar a los que ataquen a la niñez y adolescencia, con cero tolerancia y con rapidez. La justicia que tarda es injusticia. Lo más importante es acompañar a las víctimas y a sus familias.
  5. La nueva escuela será un espacio de paz, con ambientes adecuados para la educación y para la recreación. Debe integrarse al ambiente con naturalidad, con materiales locales y acoger a todos, con inclusión y solidaridad. No importa su tamaño, sino su función y eficiencia. La nueva escuela concuerda con la modernidad del siglo XXI, al incorporar lo último en tecnología, aunque sus raíces penetran en el pasado, al mantener la enseñanza de los saberes ancestrales. Quienes ingresan este año a la educación básica, al graduarse se toparán con profesiones que hoy todavía no existen. Por eso la nueva escuela debe adelantarse a esa futura realidad, a más de inculcar una actitud amigable con los cambios.
  6. Las madres y los padres de familia, los representantes legales necesitan facilidades para educar a sus hijas e hijos. La gestión descentralizada en los distritos ciudadanos debe ser eficaz. Que nunca más tengan los usuarios que viajar a la capital por un trámite sencillo. Que los distritos sean modelos de eficiencia y respeto.
  7. La educación planificada necesita una mirada al futuro, con amplios consensos y una gran dosis de conciencia social. La participación de todos los actores es fundamental en la planificación. Madres y padres de familia deben estar en contacto continuo con los docentes. Y los estudiantes deben ser agentes activos de los cambios.
  8. Las y los docentes merecen el máximo apoyo del Estado. Las becas y el crédito educativo para capacitar docentes son prioritarias. Además, como formadores de los futuros profesionales en todas las especialidades deben tener acompañamiento pedagógico en el aula con buenos mentores y debe darse preferencia a territorios aislados.
  9. Se educa con el ejemplo y no solo con la información. Se forma al estudiante en la medida que se entrega el docente a sus labores. El currículo debe ser nacional sin excluir al mundo, internacional sin despreciar lo nuestro, futurista sin ser iluso, respetuoso con la historia sin descuidar el presente. Sus contenidos deben desarrollarse en consenso con la comunidad y no redactados por un solo grupo. Los contenidos tienen que empatar con la realidad del trabajo y con el estándar de la educación superior. Hay que educar para la vida real.
  10. Sin evaluación, no hay evolución educativa. Para planificar y hacer ajustes sobre la marcha, hay que evaluar la educación. La evaluación de la educación inicial y básica debe ajustarse a la realidad propia del medio y de la población. La evaluación debe tender a los estándares internacionales a partir del bachillerato, para preparar a la juventud ecuatoriana a enfrentar desafíos en cualquier lugar del mundo.

Construyamos una educación tan fuerte que resista las crisis y tan flexible que se adapte a los cambios venideros.

(*) Economista ecológico y académico ecuatoriano. Ministro de Educación de Ecuador entre mayo 2017 y noviembre 2018


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