Guatemala, país fracasado – Por Rafael Cuevas Molina- Con Nuestra América

Por Rafael Cuevas Molina *

¡Sálvese el que pueda! El último informe de la ONU muestra una Guatemala con los indicadores en educación y salud en niveles de oprobio. Su sistema de salud es el peor de América Latina. Su sistema educativo está por los suelos y va para atrás. Ocupa el puesto 127 de desarrollo humano.

Las caravanas de migrantes centroamericanos avanzan hacia los Estados Unidos. En el camino desaparecen autobuses repletos con ellos, algunos se ahogan en los ríos que hay que cruzar para atravesar las fronteras, rompen las vallas que intentan detenerlos custodiados por policías armados hasta los dientes. A pesar de ello, parten nuevos contingentes. Son olas humanas que no tienen esperanza en medio de la violencia, el desempleo, la enfermedad y el abandono.

A la Universidad de San Carlos, la única universidad pública del país con casi 200,000 estudiantes, se le rebaja el presupuesto del próximo año. Las autoridades reclaman, hablan con el Congreso de la República, hay marchas, se forman comités de lucha pero todos se topan con una muralla impertérrita que no da marcha atrás

Para mientras, el presupuesto del Ejército sube. Es el Ejército que llevó a cabo las más crueles masacres que conoció América Latina en el siglo XX. El Ejército de Ríos Montt, de Otto Pérez Molina, el de las doscientas aldeas arrasadas, el de los 45,000 desaparecidos, el de los 200,000 asesinados.

Esas son las prioridades de un país que vive de exportar gente, de hacer negocio con las remesas que llegan a través de los bancos que se regodean con las comisiones que le quitan a cada uno de los envíos de los pobres desde el Norte.

Los bancos crecen, los capitales locales se vuelven transnacionales, invierten en otros países del istmo, grandes centros comerciales, compañías aéreas, edificios de decenas de pisos. Todo levantado sobre el sudor y el trabajo de hormiga de los que ahora van caminando, con los pies adoloridos, sudorosos, rumbo a los Estados Unidos.

¡Sálvese el que pueda! El último informe de la ONU muestra una Guatemala con los indicadores en educación y salud en niveles de oprobio. Su sistema de salud es el peor de América Latina. Su sistema educativo está por los suelos y va para atrás. Ocupa el puesto 127 de desarrollo humano.

¿Alguien vio las fotos de los niños agonizantes por el hambre en Yemen, país asolado por incruenta guerra? Solo porque en el pie de foto dice Yemen no se interpreta que es Guatemala. Casi la mitad de sus niños sufren desnutrición; mendigan por doquier, inhalan pegamento de zapatos para engañar al hambre; a los 10, 11 o 12 años son sicarios, a los 20 son jefes de alguna mara, a los 25 los matan.

Cuando las caravanas de migrantes partieron, las clases medias gritaron: “¡Que se vayan, son una lacra, solo para delinquir sirven, no los queremos!”. Aducen que se reproducen como conejos, que son vagos, tontos, viciosos, que tienen la culpa de todo lo que provoca que el país esté escorado.

Esa clase media cuyos automóviles atiborran las calles, que hacen larguísimas filas que duran horas para llegar a cualquier parte de la ciudad capital. Son los mismos que votaron a Bolsonaro en Brasil, los que ahora claman contra Correa en Ecuador, los que organizaron las guarimbas en Caracas y los tranques en Nicaragua.

El presidente, mientras tanto, corretea núbiles muchachas por los corredores de palacio, se compra anteojos de sol propios de actor de Hollywood y en declaraciones a televisoras extranjeras dice sonriente, a propósito de acusaciones que se le han hecho a su hijo, que en Guatemala ser corrupto es lo normal.

El señor presidente a veces se duerme en actos oficiales, aparece mal afeitado, ojeroso, o viste chaquetas en cuyas hombreras brillan estrellas de general. Él no es militar, es cómico, pero le hace guiños a los milicos con sus falsas insignias y subiéndoles el presupuesto.

Guatemala es un país fracasado.


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