La democracia en Bolivia, mejor que en el resto de América Latina – Por José Galindo

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por José Galindo *

Un año horrible, aunque menos para Bolivia, y lleno de oportunidades (tal vez perdidas por la izquierda continental). La sensación de inseguridad respecto al progreso y la estabilidad económica de sus sociedades, además de la corrupción, figuran entre las causas de la pérdida de confianza en la democracia de varios países de la región.

De acuerdo al Latinobarómetro de este año, Latinoamérica atraviesa su peor momento desde que se comenzara a medir las percepciones de los habitantes de Latinoamérica en 1993. Annus Horribilis, titula una de sus interpretaciones oficiales, e indica que existe un retroceso de la democracia como un todo en la región, con una pérdida progresiva de confianza en éste tipo de régimen político, y un incremento de opiniones que valoran más la autoridad, el orden y la seguridad, por encima de las libertades y lo.s derechos que usualmente están asociados con la democracia en el mundo.

Retroceso de la democracia en todo el mundo

Y es un fenómeno global, apunta Marta Lagos, encuestadora y fundadora de Latinobarómetro, señalando que se trata de una tendencia hacia los autoritarismos que se da no sólo en Latinoamérica, sino en América como continente, así como en Europa y Asia, y justamente en países donde la democracia se encontraba en pleno avance hace un par de décadas. “El fin de la tercera ola de democracias” titula el informe de ésta investigadora, que advierte sobre muchos aspectos de éste retroceso de la democracia en el mundo, como la pérdida de confianza en las instituciones democráticas, la creciente percepción de corrupción política en las élites que gobiernan cada uno de los países que atraviesan ésta crisis y una sensación de inseguridad respecto al progreso y la estabilidad económica de sus sociedades.

El informe parece ser bastante objetivo en sus conclusiones, señalando como principal resultado lo que venimos diciendo: la gente ya no cree que la democracia sea el mejor sistema político en comparación con anteriores años, apreciación que se manifiesta a través del advenimiento de gobiernos que tampoco priorizan la institucionalidad política de sus países ni el respeto por los derechos y libertades que se supone toda democracia debe tener. Y es objetivo, o tal vez imparcial sería la palabra adecuada, al revelar que ésta tendencia hacia la deslegitimación de la institucionalidad democrática tradicional se da tanto en gobiernos de izquierda como en gobiernos de derecha, y con tres características sumamente interesantes:

• La historia de las sociedades arrastradas por ésta tendencia parece ser siendo conducida por la espontaneidad de las masas más que por la iniciativa de sus dirigentes.

• No obstante, a forma que adoptan estos movimientos se expresan en gobiernos personalistas que minan la institucionalidad de sus Estados en orden de concentrar más poder.

• Estos liderazgos, por muy autoritarios que puedan ser considerados, cuentan con un respaldo popular considerable, siendo muchas veces imbatibles en contextos electorales.

Pero la claridad del informe termina ahí. No se llega a la conclusión, y es probable de que no tengan porque llegar a ella, de que ésta crisis podría significar una oportunidad para el mundo y sobre todo para los países de Latinoamérica. La gente ha dejado de confiar en las instituciones democráticas, nos dicen. Con presidentes encerrados por corrupción en la mayor parte del continente, desde Toledo hasta Lula, o con procesos que apuntan a ello, y con quiebres a la institucionalidad de la mayor parte de los países latinoamericanos, es claro de que no se trata sólo de una percepción.

Crisis y oportunidad

Latinobarómetro mide percepciones, y eso no es poco ni insuficiente, pero sí analizáramos en los hechos que tan efectiva ha sido la democracia en términos de resguardar derechos y libertades al mismo tiempo que promover el ascenso de gobiernos mínimamente responsables y éticos, entonces no cabe duda de que sí, la institucionalidad democrática de Latinoamérica nunca funcionó como debería. La institucionalidad que se construyó desde que inició la tercera ola democrática (algo así como finales de los 70s en términos generales) ha fracasado. No trajo ni estabilidad ni prosperidad.

Pero al mismo tiempo, no se ha regresado a los gobiernos totalitarios y represivos de décadas pasadas. La gente aún cree en instituciones básicas como la libertad de expresión o el derecho a la vida. Han emergido líderes no democráticos, tanto desde la izquierda como desde la derecha, lo que quiere decir que es la democracia, tal vez no el capitalismo, lo que las personas notan como el verdadero problema de todas nuestras sociedades.
Si nos apegamos a ésta lógica, la gente ha dejado de creer en la democracia sin por ello avalar el regreso a tiempos de dictaduras militares o gobiernos dictatoriales.

Lo que la gente condena es cómo funcionan las instituciones democráticas, lo que quiere decir que ésta es una oportunidad para imaginar y proponer nuevas formas de institucionalidad democrática; nuevas formas, en otras palabras, de hacer política. Nuevas formas de fiscalizar a los políticos, nuevas formas de elegir representantes, nuevas formas de distribuir el poder.

Por ello, declarar la clausura de la tercera ola democrática señalada por Samuel P. Huntington es, en realidad, prematuro. En primer lugar se debe cuestionar si es que alguna vez hubo plena democracia en el mundo y sobre todo en el continente. De haber funcionado como debería, la democracia latinoamericana nunca hubiera dado lugar a crisis como las vividas en países como Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Venezuela y más a inicios de éste siglo. Y, al mismo tiempo, si el problema de fondo hubiera sido la orientación hacia la izquierda o la derecha de los gobiernos de éstos países, que fueron todo gobiernos al menos autoproclamados de izquierda, tampoco estaríamos viviendo la actual crisis que sobre la cual se alerta en éste informe.

Nótese que fue el siglo XIX el que fue calificado por muchos como el siglo de las ideologías, tal como lo fue el siglo XX, sólo que también como el de la brutalidad, con el liberalismo, el comunismo y el fascismo disputándose las mentes y corazones de casi todo el planeta. El siglo XXI no parece apuntar en esa dirección, con la democracia liberal en crisis, pero sin ser desplazada por otra forma de gobierno en términos ideales. El signo de nuestro siglo aún no es claro, pero no parece ser el de las ideologías, con gobiernos autoproclamados como socialistas, comunistas o de libre mercado, la mayor parte con muy bajos niveles de coherencia entre su discurso y sus acciones.

En Bolivia, mejor que el resto

Es interesante contemplar los resultados del Latinobarómetro de este año. Si, la democracia ha retrocedido como forma de gobierno de preferencia. Sólo el 65% del promedio latinoamericano considera que la democracia es la mejor forma de gobierno, mientras 14% del continente cree, en promedio, que no vive en una democracia. Pero el fenómeno no ha afectado a todos los países por igual. En Bolivia 66% aún es partidario de la democracia como mejor forma de gobierno; y sólo el 13% considera que no vive en una democracia. Mientras que por el otro lado, en Nicaragua sólo el 50% considera que la democracia es la mejor forma de gobierno, y 35% considera que no vive en una democracia.

De hecho, en Bolivia 37% de los bolivianos considera que su democracia tiene grandes problemas, 32% de los bolivianos considera que tiene pequeños problemas y 26% de los bolivianos está satisfecho con su democracia. En promedio, 79% de Latinoamérica considera que los gobernantes gobiernan en su propio beneficio. En Brasil 90% piensa así; en Bolivia 60%, siendo el país con el menor porcentaje de personas que piensan así. Inversamente, en promedio, 17% de los encuestados en Latinoamérica considera que su gobierno gobierna para todo el pueblo. El país que menos está de acuerdo con ésta afirmación es Brasil, con 7%; el país que ésta más de acuerdo con ésta afirmación es Bolivia, con 33%.

En cuanto a la aprobación de la gestión de su gobierno, en promedio, Latinoamérica aprueba a sus gobiernos con un 32%. Los países cuyos gobiernos gozan de mayor aprobación son República Dominicana, Costa Rica y Bolivia; con 53%, 53% y 47%, respectivamente.

Es interesante notar que sobre la percepción de progreso económico, Bolivia se encuentra a la cabeza del continente, donde el 44% de los encuestados percibe progreso, seguido por Chile y República Dominicana con 33%, cada uno.

Confianza en las instituciones

Decíamos que la mayor parte de los latinoamericanos ha perdido confianza en la efectividad de las instituciones democráticas. Al respecto, el Latinobarómetro midió la confianza en las siguientes: Iglesia, FF.AA., Policía, Institución Electoral, Poder Judicial, Gobierno, Congreso y Partidos Políticos. Veámoslas una por una:

• Iglesia: en promedio, 63% de Latinoamérica confía en ésta institución. Paraguay, 82%; Panamá, 78%; Honduras, 75%; Venezuela, 74%; Brasil, 73%. Los que menos confianza le tienen so Chile, Uruguay y El Salvador, con 27, 38 y 52%, respectivamente. En Bolivia, la iglesia cuenta con un 64% de respaldo.

• Fuerzas Armadas: El promedio de confianza a ellas en Latinoamérica es 44%. Uruguay, Ecuador y Brasil son los que más confían, con 62, 61 y 58%, respectivamente; Venezuela, Nicaragua y El Salvador son los que menos lo hacen, con 19, 22 y 27%, respectivamente. En Bolivia sólo 34% confía en las FF.AA.

• Policía: El promedio de confianza hacia la Policía en Latinoamérica, es de 35%. Uruguay, Costa Rica y Chile son los que tienen mayor confianza, con 59, 51 y 48%, respectivamente; Mientras que los que menos confían son Venezuela, México y Nicaragua, con 12, 19 y 21%, respectivamente. Bolivia con 23%, se encuentra entre los cinco puestos más bajos.

• Poder Judicial: El promedio latinoamericano es de 24%. Costa Rica, Uruguay y Brasil son los que más confían, con 49, 39 y 33%, respectivamente; los que menos confían son El Salvador, Nicaragua y Perú, con 14, 15 y 16%, respectivamente. Bolivia se ubica al medio, con 23%.

• Parlamento: El promedio latinoamericano de confianza en ésta institución es del 21%. Uruguay, Costa Rica y Bolivia son los que mayor respaldo le dan a sus Legislativos, con 33, 26 y 27%, respectivamente; Los que menos confían son Perú, El Salvador y Brasil, con 8, 10 y 12%, respectivamente.

• Partidos Políticos: A nivel Latinoamérica, 13% confía en los partidos políticos. Uruguay, Paraguay y Ecuador tienen los porcentajes más altos de confianza, que de todos son muy bajos, con 21, 21 y 18%, respectivamente, Los que menos confían en los partidos son El Salvador, Brasil y Perú, con 6, 6 y 7%, respectivamente. Bolivia se encuentra con 12%, siendo el 8vo más bajo.

• Institución Electoral: 26% de los latinoamericanos confían en sus instituciones electorales, sean éstos Cortes, Institutos u Poderes, como en Bolivia. Los que más confían son Costa Rica, Colombia y Paraguay, 56, 48 y 47%, respectivamente; los menos confían son El Salvador, Nicaragua y Venezuela, con 12, 14 y 18%, respectivamente. Bolivia con 25% siendo el 14vo de los 20 países encuestados.

• Gobierno: En cuanto a confianza en el gobierno o Ejecutivo, el promedio de confianza en Latinoamérica es de 22%. Los que más confían son Uruguay, Costa Rica, Chile y Bolivia, con 39, 38, 33 y 33%, respectivamente; los que menos lo hacen son Brasil, El Salvador y Perú, con 7, 10 y 13%, respectivamente.

Como se puede observar, los resultados de confianza en las instituciones explica, de alguna manera, el asenso de personajes como Bolsonaro al poder en Brasil, mientras que la estabilidad económica se ha expresado en mejores promedios para Bolivia en varios aspectos y en comparación a otros países.

¿Una oportunidad perdida?

Pero los resultados, nos dice el informe, no nos deben engañar. “Ninguna de estas cifras son motivo de alabanza ni aplauso. Los niveles de confianza caen en América Latina, sin importar la institución o el país. No hay sino pérdida de legitimidad de las instituciones de la democracia en los últimos años”, sentencia el informe, sin percibir que esto podría significar una oportunidad para que las sociedades de los países de nuestra región se propongan nuevas formas de institucionalidad política, que cambien las reglas de juego que permiten a los corruptos ocupar posiciones de poder y al mismo tiempo reducir la representación popular en el Estado.

La transformación política suele ser una bandera de la izquierda, cuyos discursos igualitaristas de las últimas décadas se han visto traicionados por varios casos de corrupción que hoy en día tienen en jaque a mandatarios como Cristina Kirchner, Lula Da Silva o Rafael Correa. Más allá de si éstos expresidentes estuvieron o no involucrados en actos de corrupción, lo cierto es que la izquierda ha perdido relevancia en sus países, perdiendo la oportunidad de reformular las reglas de juego en sus respectivas sociedades.

Sólo Bolivia, Nicaragua y Venezuela quedarían, por tanto, en la posibilidad de realizar estos cambios, sea desde sus gobiernos (que siempre es improbable) o desde sus sociedades. Al mismo tiempo, la emergencia de un cuasi fascismo en Brasil podría darle la oportunidad a Brasil para replantearse los términos en los que piensan la política, así como en Perú o en Colombia, donde la derecha tiene, sin dudas, la ventaja, por el momento.

* Politólogo boliviano, columnista de La Época


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