Violencia contra la mujer: vergüenza nacional – El Comercio, Ecuador

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

La violencia contra la mujer tiene signado un día. Es el 25 de noviembre. El 8 de marzo es el Día de la Mujer. En realidad ni el Día de la Mujer ni el Día contra la violencia contra la mujer debieran quedar en eso, solo una fecha. Todos los días, el mundo civilizado debiera avanzar contra esta cruda realidad.
Hay sociedades machistas. Los números no nos favorecen. Tampoco se debiera estigmatizar. Aunque las cifras registradas en el Ecuador muestren inconsistencias o datos incompletos, la voluntad de consignarlas para hacer conciencia es un paso, pero no es suficiente.

Tampoco es cierto que la violencia de género es solamente cuestión de los países subdesarrollados. Hay ejemplos de actitudes brutales en sociedades con alto grado de desarrollo y que son modelo en materia educativa y de equidad social.

Un tema que habría que abordar con seriedad es que en el país existe una Ley Orgánica Integral para la Prevención y Erradicación de la Violencia de Género que es letra muerta, ya que la institución a cargo se ha desvanecido en la reingeniería de la estructura estatal.

También debiéramos concentrarnos en el modo de registrar los episodios de muerte violenta a mujeres en las que las autoridades nacionales y judiciales no terminan de ponerse de acuerdo. En el país rige el Código Orgánico Integral penal desde 2014. Es un avance, pero no parece suficiente.

Otros datos suman cifras espeluznantes, seis de cada 10 mujeres en el Ecuador han sufrido maltrato físico o psicológico. Por eso es que la marcha del sábado llamada Vivas Nos Queremos, exige presupuestos -se han cortado- y sobre todo acciones de los poderes y de toda la sociedad.

Otra idea en la que hay que avanzar es en un profundo proceso educativo. Quizá sea posible y viable usar el inmenso aparato de comunicación que construyó el Gobierno anterior con fines de propaganda como instrumento de creación de valor y conciencia.

Frente al maltrato, la discriminación y los abusos sexuales, las tareas pendientes competen a toda la sociedad, empezando por las autoridades y los poderes públicos.