América Latina en la globalización china – Por Juan Ignacio Aréchaga, especial para NODAL

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Juan Ignacio Aréchaga*

China disputa ser el motor de un nuevo orden internacional, con la construcción del área comercial y económica más grande del mundo, en lo que se conoce como la nueva Ruta de la Seda, que el presidente Xi Jinping anunció en 2013 en Kazajstán.

La Iniciativa de la Franja y la Ruta (OBOR, por sus siglas en inglés) es un mega proyecto que propone conectar mediante el comercio Asia con Europa, atravesando por Medio Oriente e involucrando a África, en una primera instancia; a partir de 2016, el proyecto busca su extensión hacia América Latina y el Caribe por medio de una serie de proyectos económico-financieros.

“La mejor forma de lograr desarrollo es a través de la cooperación, la conectividad de la gente es nuestra meta común y hay que rechazar el proteccionismo”, expresó Xi en mayo de 2017 en Pekín, frente a 28 Jefes de Estado y numerosos ministros, empresarios, académicos y representantes de organizaciones internacionales. China despliega así su influencia económica y propone la construcción de relaciones internacionales de nuevo tipo, basadas en el principio win-win, en la cooperación y la integración.

La proactividad dispuesta por Xi en materia de política exterior, además del mega proyecto de construcción de puertos, barcos, trenes, ferrocarriles y sistemas de navegación satelitales, entre otros, promueve el entendimiento informado entre China y el resto del mundo, a través del Foro Mundial de Estudios Chinos. Un evento académico con sede en Shanghái, fundado en 2004, que ya ha realizado tres simposios en el extranjero y que entre el 3 y 4 de diciembre pasado se reunió en el Hotel Amerian de Buenos Aires.

Tras la treintena de acuerdos bilaterales firmados entre el presidente Macri y Xi Jinping, en el marco de la cumbre del G20 en Buenos Aires, académicos y analistas internacionales chinos y latinoamericanos expusieron acerca del desarrollo de China, la iniciativa OBOR y la cooperación China-América Latina en el Simposio Latinoamericano del Foro Mundial de Estudios Chinos, que implicó además la firma de un Memorando de Entendimiento entre universidades públicas y privadas de Argentina y Uruguay y la Academia de Ciencias Sociales de Shangái.

Desarrollo de China

China es hoy uno de los principales financista mundiales. Es conocido ya que su banco de inversión otorga más préstamos que el Banco Mundial. A la vez, solo en 2017, los inversores nacionales chinos realizaron inversiones directas no financieras en 6.236 empresas extranjeras en 174 países y regiones, por un total acumulado de 120 mil millones de dólares. Entre ellos, la inversión en los países de “la Franja y la Ruta” representó 14 mil millones de dólares. Tras el crecimiento explosivo de los años `90, conocido por el concepto de tasas chinas que implicó un crecimiento promedio anual del 9 por ciento, China hoy sostiene un crecimiento estable en torno al 6,5 por ciento, basado en un boom de consumo con un crecimiento de sus importaciones que promete alcanzar en los próximos cuatro años un volumen de bienes y servicios por 10 trillones de dólares, según el Ministerio de Comercio chino. Un horizonte tentador para cualquier país que piense en intentar sumarse a su nuevo mega proyecto.

Para alcanzar este presente, China llevó a cabo una planificación estratégica que el especialista argentino en relaciones internacionales, Jorge Malena, resumió en tres etapas desde la revolución de 1949, bajo los liderazgos de Deng Xiaping, Jiang Zemin y Hu Jintao. La primera etapa (1978 – 1992), China se planteó el desarrollo de su economía, llevando una política de reforma y apertura económica, lo que se pensó en su momento como un abrazo al capitalismo. Su política exterior estuvo signada por el desarrollo económico, cuya idea fuerza –explica el especialista– es “ocultar la capacidad propia, esperar el momento, obtener logros cuando se pueda”. En la segunda etapa (1993 -2002), conocida por el crecimiento económico explosivo, la gran estrategia de Jiang Zemin fue apuntalar su proyección regional hacia la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (proceso ASEAN + 1) y el Asia Central (creación de la Organización de Cooperación de Shangái). En 2003, bajo el liderazgo de Hu Jintao, China se planeó como un actor global, desarrollando hacia su interior la construcción de la “sociedad armoniosa”, con la idea de proyectar la imagen del surgimiento de una China preponderante y pacífica. En la actualidad, la etapa que encabeza el presidente Xi Jinping, que acuño el proyecto del “Sueño Chino” hacia el interior del país, en el plano internacional signado por la creciente tensión con EE.UU., Melena indica que la característica principal es, justamente, “el desafío a la preeminencia de EE.UU.”.

En su esfuerzo por crear una nueva forma de globalización y gobernanza mundial, además del poderío económico y su imagen de potencia “preponderante y pacifista”, China muestra su carta en materia social, habiendo sacado de la pobreza a más de 600 millones de personas en cuatro décadas. Aún cuando sigue presente en la memoria histórica de los chinos las hambrunas de fines de los años `50 y principios de los `60, China se vanagloria de proyectar para 2020 la erradicación de la pobreza, siendo que en la actualidad presenta una tasa en torno al 3 por ciento.

Sin embargo, la Presidente de la Asociación China de Sociología, Youmei Li, indicó que el sistema social chino quedó atrasado respecto de los cambios económicos. Planteó el desarrollo de desigualdades, que manifiesta como “desequilibrios”, entre las ciudades y las zonas rurales –hoy tienen una tasa de urbanización que alcanza el 58.5 por ciento–, entre el este y el oeste, y una producción atrasada en materia de “trabajo, educación, medicamentos, viviendas, pensión y otras áreas”.

Por ello, tras la solución alimentaria planteada por el Congreso partidario a principios del nuevo milenio y la construcción del socialismo con características chinas de 2007, China hoy plantea la visión de una “sociedad moderadamente próspera”, con el objetivo de erradicar la pobreza para 2020, en la cual se propone agrandar la participación del pueblo con bajos y medianos ingresos, mediante un crecimiento económico sustentable y con una estrategia de mejora en los ingresos fiscales.

Es decir, China plantea la solución a sus problemas de desigualdad en términos de conectividad, innovación y crecimiento económico; por fuera quedan cuestiones como la distribución del ingreso.

La nueva Ruta de la Seda

Desde que en 2013 Xi Jinping anunció la creación de la Nueva Ruta de la Seda, la Iniciativa de la Franja y la Ruta, el mega proyecto de construcción de corredores terrestres y marítimos que conectarán China con Asia central, Medio Oriente, África y Europa y, más tarde, América Latina y el Caribe, avanza a toda marcha.

En enero de 2017, partió de Yiwu, una ciudad de la provincia oriental china de Zheijang, el primer tren en inaugurar la nueva ruta ferroviaria más grande del mundo, aún más larga que la del tren transiberiano. 700 toneladas de mercancías por un valor de 5,1 millones de dólares (ropa, mochilas, telas y bienes para el hogar) fueron transportados hasta la estación Barking, en Londres, habiendo recorrido un trayecto de más de 12.000 kilómetros en aproximadamente la mitad del tiempo que lo hace un barco (40 días), y habiendo atravesado siete países: Kazajstán, Rusia, Bielorrusia, Polonia, Alemania, Bélgica y parte del Reino Unido.

Entre los proyectos de infraestructura de mayor envergadura de la iniciativa, se destaca el corredor China-Pakistán, que busca convertirse en los próximos años en la principal ruta comercial de China con el resto del mundo. Se espera que dentro de tres o cuatro años ya esté operativo el puerto de aguas profundas de Gwadar, Pakistán, principal punto del corredor. Este contó con la participación de más de 7 mil trabajadores chinos y con la inversión de empresas estatales chinas a través de préstamos que Pakistán deberá devolver a China, quien tendrá el derecho de operación del puerto por 40 años. Otro puerto significante es el de El Pireo, Grecia, del cual la empresa estatal China Ocean Shipping Company compró su participación mayoritaria, y se convertirá en el punto estratégico en el mar Mediterráneo. Además de la carga y descarga de mercancías, está prevista la llegada de 1,5 millones de turistas chinos en los próximos 5 años.

“La Franja y la Ruta es una plataforma para que China traduzca la gobernanza global a la práctica”, afirmó Renwei Huang, ex vicepresidente de la Academia de Ciencias Sociales de Shangái, en el marco del Simposio. A la vez, destacó que “la gobernanza económica por sí sola, sin la gobernanza social y de seguridad, no puede garantizar el éxito de la Franja y la Ruta”, en referencia, además de a la integración económica y el flujo de mercancías, a los temas securitarios que preocupan a China, como el separatismo, el extremismo religioso y el terrorismo. Asimismo, dichas gobernanzas son requisito para constituirse como posible garante del nuevo orden internacional que se esfuerza por construir.

En términos numéricos, la decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, Carolina Mera, indicó que la Iniciativa afectará a más de 60 países, más del 70 por ciento de la población mundial, el 75 por ciento de la reservas energéticas conocidas en el mundo y generaría el 55 por ciento del PBI mundial. Y afirmó: “La Iniciativa contribuye con la globalización de las empresas chinas, con su presencia y liderazgo mundial. Pronto serán proveedoras de mayor acceso a los mercados, a las tecnologías y a la provisión de bienes públicos globales. Así como, sin duda, tendrá una mayor participación en la gobernanza mundial”.

Por su parte, Diana Andrea Gómez Díaz, profesora del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Colombia, detalló que la iniciativa es “un plan global basado en la ciudades como lo principales actores”. Apunta a conectar 252 ciudades del mundo, seleccionadas en base a 30 indicadores de sus respectivos países: estabilidad política, nivel de libertad económica, estabilidad monetaria, nivel de internacionalización financiera, tendencias de la tasa de crecimiento de la población urbana, frecuencia de vuelos a China y procedimientos para obtener la visa en cada país.

Relaciones China – América Latina y el Caribe

Numerosos analistas internacionales y diplomáticos consensúan en que el sistema de reglas y de toma de decisiones que se creó en la pos Segunda Guerra Mundial, está pereciendo. Las instituciones de Bretton Woods (ONU, OMC, FMI, Banco Mundial, etcétera) se encuentran cada vez más devaluadas. La hegemonía estadounidense ha sido puesta en cuestión, centrándose ésta principalmente en el plano de la seguridad. Luego de la crisis financiera de 2008, y con mayor énfasis a partir de la asunción del presidente Donald Trump, se entrevé el cambio hacia un nuevo orden internacional, que aún no alcanzamos a vislumbrar, marcado por la creciente tensión entre Estado Unidos, garante de la visión unipolar, y China, expresión de la multipolar.

En este escenario, América Latina y el Caribe se presentan como una región en disputa. Esta premisa fue confirmada por el presidente Macri durante la Cumbre de Buenos Aires, quien debió desmentir a la vocera de la Casa Blanca, Sara Huckabee, quien había calificado a la actividad económica china como “depredadora” como una visión compartida entre Buenos Aires y Washington, tras la salida de una reunión bilateral entre Macri y Trump. Si bien Macri decidió destrabar las relaciones con China –enfriadas luego de la firma de la “Asociación Estratégica Integral” en 2014–, en el marco de un vuelco pragmático de su política exterior, la corrección pareció necesaria para la posterior significativa firma de más de unos 30 acuerdos bilaterales con China.

El rol de los países latinoamericanos y caribeños parece centrarse, entonces, en un juego de dependencias, en una región en la que EEUU mantiene su dominio estratégico pero en la que las inversiones europeas, chinas y japonesas vienen superando a las estadounidenses. A la vez que, informes de 2017 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), señalan que las exportaciones de la región estuvieron lideradas por China y el resto de Asia (23 y 17 por ciento de aumento en valor, respectivamente), frente a una expansión del 9 por ciento de los envíos destinados a Estado Unidos y un 6 por ciento a la Unión Europea.

En este sentido, por fuera de la lógica de la dependencia, el director del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata, Norberto Consani, señaló a la Iniciativa de la Franja y la Ruta como “una gran oportunidad histórica” ya que plantea “ingresar al gran espacio asiático de la mano de nuestro socio estratégico chino”. Mientras que el presidente de la Academia de Ciencias Sociales de Shangái, Daogen Zhang, indicó que la globalización económica china se adhiere al concepto de beneficio mutuo y cooperación inclusiva. Y se centró en la historia china para convencer a quienes creen que la Iniciativa se trata de un nuevo Plan Marshall –el plan de rescate económico estadounidense a la Europa de la pos guerra–: “Desde hace 5 mil años, la civilización china cree que debe ser moderada, armoniosa, inclusiva y simbiótica. No existe un gen para colonizar a los pueblos en nuestro ADN. La apertura de la Ruta de la Seda no fue acompañada de la fuerza del cañón, ni violencia, ni guerra, solo por beneficio mutuo y comercio.”

No obstante, otro informe de la CEPAL del año pasado destaca que, si bien la irrupción de China en el comercio mundial contribuyó al auge de los precios de las materias primas que sostuvo el crecimiento de las economías latinoamericanas en la primera década del siglo XXI, “la relación actual de la región con China no puede contribuir al desarrollo económico regional de largo plazo”. Los autores José Durán Lima y Andrea Pellandra afirman, además, que “la región sigue agregando muy poco valor a sus productos exportados a China, y la Inversión Extranjera Directa (IED) de este país en la región en los rubros de energía y recursos naturales es a menudo vinculada a condicionalidades que favorecen a empresas chinas y generalmente no prevén clausulas de reciprocidad para empresas latinoamericanas que quieran invertir en ese país.” Mas, explicitan que el boom de consumo chino, puede ser una oportunidad para modificar la estructura productiva de la región, en caso de que pueda ésta exportar productos con mayor valor agregado, plantear estrategias comunes para el comercio con China y eliminar barreras al comercio intrarregional.

En esta dirección, cabe mencionar las relaciones de los dos países que lideraron el superávit comercial de la región en 2017, Venezuela y Brasil. En el caso de la relación Venezuela-China, esta comenzó en la década del ’40 pero se acentuó bajo la presidencia de Hugo Chávez Frías, quien realizó cinco visitas de Estado entre 2001 y 2009. En 2016, funcionarios venezolanos indicaron que había 338 proyectos bilaterales concluidos, 203 en ejecución y otros 131 que estarían por iniciarse, en materia de energía, petroquímica, hierro y aluminio, infraestructura y telecomunicaciones, entre otras. Sin embargo, el investigador de la Universidad de Los Andes, Venezuela, Norbert Molina Medina señaló que uno de los temas de mayor cuestionamiento de la relación es el endeudamiento: “Venezuela encabeza la lista de préstamos realizados por China en Latinoamérica, cuya cooperación financiera desde 2007 hasta 2016 ha estado por el orden de los $ 62,2 billones (17 préstamos), lo que representa un poco más del 40 por ciento de los 150 billones de dólares que China ha desembolsado en la región. De los 17 préstamos, el 70,5% (12) ($ 55 billones) corresponden al sector energético (…).Se estima entonces, que aún Venezuela adeuda unos $ 23 billones a China, lo que convierte al país asiático en su mayor acreedor”.

Por su parte, Brasil es el cuarto destino de inversión extranjera directa china (IED) en el mundo, con un total aproximado de 60 mil millones de dólares en inversiones confirmadas. El 58 por ciento del total –indica Larissa Wachholz Cabral, directora de Vallya Business&Investment Consulting Company– corresponde a los sectores de la energía, incluido petróleo, gas y minería, aunque existen acuerdos recientes que involucran a las principales compañías de Internet de China. Tras la reforma petrolera impulsada por Michel Temer, que permitió la participación de empresas extranjeras en las reservas de aguas profunda del pre-sal, las empresas chinas (CNOOC, CNPC, CNODC y Repsol Sinopec) obtuvieron un 9,5 por ciento de la participación en las últimas cinco rondas, por debajo de las estadounidenses ExoonMobil y Chevron (20 por ciento). Larissa Wachholz Cabral explica que China llegó tarde entre los inversores internacionales a Brasil, por lo cual su tasa de IED proporcional al PBI “aún tiene mucho espacio para crecer”.

De modo que ambas relaciones estuvieron signadas por la influencia económica china, centrando sus inversiones en el área energética, y manteniendo un comercio en el que los países latinoamericanos continuaron siendo exportadores predominantemente de productos básicos e importando productos de mayor valor agregado. Durante el Simposio, Feliz Peña, vicepresidente del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, afirmó que el GATT-OMC es “un sistema necesario a pesar de la desigualdad de poder relativo”, y expresó en este sentido que debe preservarse el principio de no discriminación pero revisarse el artículo 24 del GATT –aquel que, por presión de los países latinoamericanos, impuso un trato diferenciado en la liberalización del comercio para los países en desarrollo–, en favor de acuerdos sectoriales.

Ahora bien, en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, formalizado el ingreso de América Latina y el Caribe a la misma durante la II Reunión Ministerial del Foro China – Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), realizada en Chile a principios de 2018, son los proyectos en infraestructura chinos los que prometen el aceleramiento de la inserción china en la región. Cabe destacar que si bien China lleva a cabo la Iniciativa principalmente a través de acuerdos bilaterales, promueve el desarrollo de las relaciones multilaterales; en este caso, destaca de la Celac la representación de todos los países de la región y el hecho de presentarse como “una comunidad”.

Ya se encuentra en marcha la construcción de un importante puerto de contenedores en la provincia de Colón, Panamá, país por donde circula el 5 por ciento del comercio mundial y donde China es el segundo usuario de su canal interoceánico. A la vez que se proyecta la construcción de un tren bioceánico de casi 4 mil kilómetros de largo, que conecte Brasil con Perú, y un túnel internacional a través de la cordillera de los Andes, que conecte la provincia de San Juan con Chile, entre otros proyectos de envergadura.

“Las empresas chinas con experiencia y poder deben ser alentadas a elegir el Shenzhen de América Latina, construir un parque basado en la aglomeración industrial, atraer empresas multinacionales de China y otros países”, expresó Guilong Shen, profesor de la Academia de Ciencias Sociales de Shangái, en referencia a la ciudad china que, como Zona Económica Exclusiva, pasó de ser un pueblo de pescadores a ser uno de los principales polos tecnológicos mundiales. En Shenzen pueden verse, también, importantes fábricas y edificios abandonados, producto de la sobrecapacidad instalada china que diplomáticos como el ex embajador mejicano en China, Jorge Guajardo, conciben como la explicación al desarrollo de la Iniciativa. Cabe destacar, asimismo, que es México uno de los países latinoamericanos con menor incidencia de la política exterior China, ya que desde la firma del Tratado de Libre Comercio con EE.UU. se encuentra bajo su férrea área de influencia.

En sumas cuentas, la globalización china se presenta como una oportunidad para América Latina y el Caribe si la región es capaz de formular una política común hacia China, en este caso en el ámbito de la Celac, dejando de lado su histórica rivalidad por la absorción del capital transnacional, y permitiendo modificar su matriz productiva hacia una que genere un mayor valor agregado a sus productos. Cambios estructurales necesarios en caso de no pretenderse la construcción de megas infraestructuras a partir de enormes endeudamientos y con la mera finalidad de continuar siendo preponderantemente proveedores de materias primas.

(*) Editor de la revista digital www.ombelico.com.ar