La visita de Bolsonaro Jr. a Chile, los “cantos de sirena” a la DC y el encandilamiento de los otrora izquierdistas

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Juan Pablo Cárdenas S.

Después de la Segunda Guerra surgieron voces en el mundo como en Chile de políticos, historiadores y diversos analistas internacionales que auguraban una larga paz universal y de cómo la humanidad avanzaría a procesos de integración que fueran borrando las demarcaciones limítrofes que tantos y tan dolorosos conflictos nos habían ocasionado. La Unión Soviética y la posterior consolidación del Mercado Común Europeo nos hablaban de una tendencia que hasta pudiera haberle dado nuevos bríos al sueño bolivariano de una patria latinoamericana.

Sin embargo, en más de seis décadas lo que pudimos comprobar fue la atomización del mundo en otros y diversos estados, al cual se han sumado las ex repúblicas soviéticas, las que resultaron de la Guerra de los Balcanes y el surgimiento de nuevos países en todos los continentes. Cuando Kosovo, por ejemplo, acaba de aprobar, en estos días, la organización de un ejército para velar por sus fronteras “soberanas”.

Asimismo, ya vemos cómo han escalado las diferencias entre el Reino Unido y sus vecinos, al tiempo de comprobar el surgimiento de una serie de conflictos fratricidas en América Latina. Acicateados, desde luego, por Estados Unidos y los grandes traficantes de armas que son, todavía, los que modelan el mapamundi. A ello debemos añadir el nuevo despertar del racismo y otras lacras que se explican fundamentalmente en la asimetría económico social de nuestros países. Tanto así que, para vergüenza nacional, Sebastián Piñera ha puesto en duda el derecho humano a la migración, demarcándose violentamente de lo que fueron nuestras políticas de Estado en el orden internacional.

Si bien las izquierdas fueron muy celosas en su empeño por promover proyectos de desarrollo nacional y popular, siempre estuvo en su ideario, también, promover la unidad de los pueblos, asumiendo posturas que hablaban de su vocación tercermundista, cuanto latinoamericanista. En nuestro país, la derecha se escandaliza de la solidaridad que se expresa desde algunos sectores del vanguardismo en favor de regímenes que se proponen la integración económica, social y cultural, así como la consolidación de instancias multinacionales para encarar unidos nuestros problemas y desafíos.

Empeñada nuestra política actual en apoyar el acoso estadounidense a los regímenes de Venezuela, Bolivia y otros países o gobiernos, los principales voceros internos de Trump se escandalizan de la prolongación de Evo Morales o Nicolás Maduro en el poder, sin siquiera aludir a la forma en que una de sus aliadas, como Ángela Merkel, suma períodos presidenciales en Alemania y las potencias soslayan las criminales acciones de los gobernantes sauditas y otras tiranías protegidas por el imperialismo norteamericano. Da pena ver a partidos y dirigentes, otrora de “izquierda”, sumándose a la estrategia por desestabilizar a nuestros regímenes hermanos. Así como le prodigan apenas un discreto reconocimiento al triunfo de un Andrés Manuel López Obrador en México, quien arrollara a sus contendores en la última elección presidencial , proponiéndose el fin a largos años de injusticias sociales, corrupción y provocaciones de su vecino del norte.

Por otro lado, la derecha criolla le organiza un triunfal recibimiento al hijo del electo presidente Bolsonaro del Brasil, quien en su visita elogió a Pinochet y le rindió público tributo a nuestro sistema previsional. En particular al expresar su admiración por quien fuera su inspirador: José Piñera. Es razonable reconocer, sin embargo, que esta visita tuvo escasa cobertura en los mismos medios de comunicación derechistas, a pesar de que la Presidenta de la UDI se desgañitaba en atenciones al visitante.

No hay que perderse: a la derecha le ha correspondido siempre velar por sus intereses económicos y los de inversionistas foráneos, por lo que su defensa de nuestra soberanía es completamente impostada o populista. Cómo no relacionar la postura antiinmigrante de nuestro gobernante con el reciente viaje de su Canciller a Estados Unidos, cuando a su regreso Chile ha desahuciado un acuerdo prácticamente universal tendiente a consolidar un derecho humano puesto en dificultades por los que ahora se resisten a los movimientos migratorios. Un ministro de Relaciones que en su juventud abrazara las banderas del Partido Comunista y tuviera que emigrar al exilio, para devenir en uno de los más fervientes y adictos peones del gobierno corrupto, mentiroso y cínico de Donald Trump. Actuando, por lo demás, de la misma forma que algunos de sus antecesores.

Con tristeza hay que reconocer que la conducta del Canciller es la de muchos otros que se han sido encandilando por la ideología neoliberal o han cedido a los “cantos de sirena” de La Moneda, como ocurre que muchos demócratas cristianos y otros ya demarcados de la oposición al actual gobierno derechista. Doblegados, sin duda, para mantener su estatus y continuar medrando en algunos cargos públicos e internacionales.

Curiosamente, mientras Sebastián Piñera decrece en popularidad, gana adeptos en la oposición política, a pesar de que poco a poco la Moneda ha venido asumiendo las posturas ideológicas de la ultraderecha. Lo que expresamente inquieta a algunos líderes del oficialismo que no vieron con buenos ojos las declaraciones de Bolsonaro Jr. y la parafernalia organizada en su favor por quienes se sacaron las caretas de demócratas a fin de reivindicar al Dictador que apoyaron y al nuevo presidente del Brasil que le agradece a Pinochet haber impedido que Chile se transformara en una nueva Cuba.