Nicaragua: las pinzas de dos derechas – Por Abel Bohoslavsky

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Abel Bohoslavsky*

Ni bien se conoció que los gobiernos de Estados Unidos, Colombia, Argentina y Perú – por ahora – pidieron en la OEA que se aplique la tal “Carta democrática” hacia el gobierno de Nicaragua, un veterano compañero solidario con la causa del pueblo sublevado contra el régimen de Ortega Murillo, me interrogó: “¿Qué hacés frente a esto?” Y mi respuesta inmediata, con convicción y meditada ante este previsible desenlace político-diplomático regional fue (es): la repudiás, como cualquier acto de injerencia imperialista. Y denunciás los crímenes de la dictadura, todo con la misma fuerza. Este diálogo fue inmediatamente compartido con las y los compas nicas que resisten en una situación de inenarrables sufrimientos, como lo han denunciado desesperadamente en los últimos 8 meses. Hace apenas dos días, el destacado periodista deportivo nicaragüense Edgard Tijerino– veterano sandinista – comentaba el informe del Grupo Internacional de Expertos Independientes (GIEI) que analizó por encargo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) la represión brutal en el breve período del 18 al 30 de mayo de este 2018[1]: “En apenas 12 días de un cruel y sangriento calvario, hubo un total de 109 fallecidos, 95 por armas de fuego, 57 con disparos al tórax, 7 en el cuello, 31 en el cráneo, 3 por quemaduras y 5 por heridas traumáticas. No existen evidencias de golpe de Estado. Manifestantes respondieron cuando fueron atacados. No hubo asistencia a víctimas… Mientras escuchábamos —casi en cámara lenta— el informe del GIEI, un certificado de la verdad, los dolorosos recuerdos venían hacia la mente y el corazón de cada uno, vertiginosamente, danzando grotescamente, haciendo que el alma se arrugara. Nunca creímos que tanta barbarie contra un pueblo fuera posible por aferrarse al poder. De haberlo sabido hubiéramos podido “negociar” la salida de cinco millones hacia cualquier parte y dejarlos solos, con su gente, con la que se sienten a gusto.”

Inmediatamente, desde las entrañas de la Nicaragua sublevada me interpelaron: “¿Y seguiremos repudiando y denunciando por cuántos años más? ¿Y cuántos muertas/os y presas/os más?”. Contundente. Y otro: “¿Por qué la ‘Carta Democrática’ es un injerencia imperialista? ¿No están un pococansados de rogarle a las ‘izquierdas’que vean los crímenes de lesa humanidad de la dictadura de Ortega? Yo sí. Y eso no me hace imperialista. Yo quiero que mañana empiece el proceso de la Carta Democrática y si para conseguir los votos los gringos van a presionar a otros países, que lo hagan. Al final, sea o no por sus intereses, Argentina, Estados Unidos y compañía son los que están pujando y logrando algunas victorias para las víctimas en Nicaragua”.

Por mi parte, cuestioné abiertamente la legitimidad de gobiernos como el de Estados Unidos (xenófobo, racista, guerrerista, expoliador, intervencionista), el de Colombia (uribista, continuador de las masacres del terrorismo estatal bajo cobertura democrática y a pesar de los “Acuerdos de Paz”), el de Macri de Argentina (responsable de los crímenes de Estado de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, del aumento de la pobreza y el hambre infantil, de cientos de miles de desempleados, de ejecutar cotidianamente la práctica del gatillo fácil). Esos gobiernos ¿qué autoridad moral tienen para enjuiciar a nadie por crímenes si en diversas escalas ejecutan lo mismo que se denuncia del de Ortega-Murillo?

Y el encachimbado me responde “¿Y entonces qué gobierno lo tiene que enjuiciar?”. Y pone en la lista a los de Bolivia, Venezuela, Cuba. Y yo replico: al régimen Ortega-Murillo no tienen que enjuiciarlo otros gobiernos. Lo debe enjuiciar el pueblo. Y el mejor juicio popular ha sido esa inédita sublevación popular, aunque hasta ahora haya sido ahogada en sangre. Y esa sublevación es la que merece solidaridad internacionalista, pero no una intervención política de esa OEA. Porque el internacionalismo no solo es una convicción, sino también un sentimiento de hermandad sin fronteras que siente en su propia cara la bofetada que le aplican a otro pueblo, más allá de oportunismos políticos del momento. Esa ética es la que nos legó el “Che”. Incluso si el desenlace de una lucha no es favorable a los intereses populares, los cheguevaristas no admitimos especulaciones. Las denuncias que la CIDH recogió en Nicaragua tienen el mismo valor histórico que esa misma Comisión receptó en la Argentina de la dictadura de Videla en 1979. Esa memoria histórica se la recordamos a desmemoriados que hoy cuestionan las denuncias porque las recoge un organismo de la OEA. Y lo mismo vale para el doloroso informe del GIEI que no duda en calificar de crímenes de lesa humanidad los cometidos en Nicaragua 2018. Y así como le damos valor de “certificado de verdad” como dice Tijerino – que luchó contra Somoza, que construyó en la Revolución Sandinista y que hoy condena sin ambages la dictadura – no aprobamos ni alentamos ninguna acción intervencionista. Aunque desde la sangre y el dolor del pueblo perseguido pueda verse como una desesperada tabla de salvación. No somos “los de afuera” quienes resolveremos esta encrucijada sangrienta. Pero no somos indiferentes. Entendemos que el pueblo nica es víctima de las dos pinzas de una misma tenaza derechista. No tenemos por qué sumarnos ni a la pinza disfrazada de socialcristiana del orteguismo ni a la pinza imperialista disfrazada de “carta democrática”.

(*) Médico argentino que trabajó en el diario Barricada durante la Revolucion Sandinista en Nicaragua.

Notas:

[1]https://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/482157-certificado-verdad/