Ecuador 2018: un año enrevesado para la política y la economía – Por Sinay Céspedes Moreno

Por Sinay Céspedes Moreno*

Para Ecuador, el 2018 quedará en la historia como un año bastante enrevesado en temas de política y economía nacional. Las divisiones internas en el oficialista Movimiento Alianza PAIS, la salida de algunos de sus afiliados, los más cercanos al expresidente, Rafael Correa, y dicho sea de paso, el reconocimiento de dos tendencias: Correísmo y Morenismo, en referencia a quienes respaldan al exmandatario y a su sucesor, Lenín Moreno, fueron parte del inicio de un año difícil.

Aunque quedaron frustrados todos los intentos de legalizarse como agrupación política, la ahora llamada Revolución Ciudadana si logró que tanto en la Asamblea Nacional, como en los medios de comunicación, sean identificados como una facción completamente distante de PAIS, formación que le dio la victoria electoral a Moreno, para dar continuidad al proceso de cambio de Correa.

Sucesivos cambios de secretarios de estado por dimisiones voluntarias o por determinación del dignatario, así como escándalos debido a presuntos actos corruptos de algunos dignatarios, también aportaron para que el país se sumiera estos 12 meses, en un halo de incertidumbre sobre sus dirigentes, su credibilidad y su futuro.

Tres vicemandatarios, dos presidentes de la Asamblea Nacional, cambios en el Consejo Nacional Electoral, la Fiscalía General de la República, el Consejo de la Judicatura, entre otras instituciones de relevancia, completaron el panorama.

De hecho, no solo analistas políticos manifestaron preocupación por los cambios evidentes en un gobierno, que lejos de seguir el camino trazado por la Década Ganada, giró, de una manera inesperada y estableció acercamientos a la derecha y a sectores contrarios a los principios propugnados por Alianza PAIS.

Las encuestas realizadas periódicamente fueron otro factor para hacer ver el sentir popular, pues la confianza en el liderazgo del presidente y la Asamblea Nacional han ido en franco retroceso.

En materia de diplomacia o política exterior, el territorio andino tuvo mejores resultado, pues amplió su voz en citas internacionales, además de ocupar puestos importantes como la presidencia de la Asamblea General de las Naciones Unidas, cargo que ocupa la excanciller, María Fernanda Espinosa, y del Foro Global sobre Migración y Desarrollo.

Asimismo, se fortalecieron nexos con varios países, a través de las visitas de sus mandatarios o altas dignidades a Quito, como el caso del emir del Estado de Qatar, Hamad Bin Khalifa Al-Thani, los jefes de estado de Perú, Martín Vizcarra; y Colombia, Iván Duque, y el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence.

Lenín Moreno también realizó giras para promover nexos bilaterales que incluyeron Japón, China, Qatar, El Vaticano, España y México, además de participar en las sesiones de la Asamblea General de la ONU.

Todos esos encuentros terminaron con saldo positivo, firma de convenios de cooperación y propuestas beneficiosas para ambas partes.

El punto oscuro de la diplomacia ecuatoriana lo marcó el tema de Julian Assange, asilado en la embajada de Quito en Londres desde 2012 y que según ha asegurado en varias ocasiones Moreno, es un problema heredado que ocasiona gastos a la sede y debe solucionarse.

Con ese objetivo, los gobiernos ecuatoriano y británico llevan tiempo en conversaciones, pero sin encontrar salida.

El paso más reciente, la aplicación de un protocolo especial al fundador de WikiLeaks, que regula sus visitas, le establece el pago por servicios y atención médica, entre otras restricciones, lo cual, a juicio de muchos, es un mecanismo de presión para hacerlo abandonar la misión diplomática.

Igualmente ha resultado criticada la postura de Quito sobre la migración venezolana, al convertirse en líder de reuniones regionales sobre el tema, sin la presencia de Caracas, donde cuestionan la actuación del gobierno del presidente Nicolás Maduro, y solicitan ayuda financiera a organismos internacionales para atender adecuadamente a los migrantes.

Por otra parte, la economía nacional ha sido otro punto de contradicciones y vaivenes este año, marcado por medidas antipopulares, que -según el ejecutivo- son necesarias, pues ‘no recibió la mesa servida’, sino más bien serios problemas financieros, provocados por la administración anterior.

Alzas en precios de combustible, reducción de presupuestos en ministerios de corte social, fusión de secretarías de estado y eliminación de otras, son algunas de las decisiones tomadas.

Esas determinaciones despertaron el rechazo de muchos sectores de la población que respondieron con movilizaciones y pedidos al ejecutivo para hacer cumplir la Constitución y las promesas de campaña de Moreno, de cero paquetazo.

En contraste, organismos internacionales como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe muestran en sus informes anuales logros económicos y sociales alcanzados durante el periodo anterior, que contradicen lo expuesto por el actual gobierno.

A esas posturas se suman otras instancias como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, cuyos balances también son positivos para la llamada Década Ganada.

Es válido señalar que se han suscrito contratos y puesto en práctica otros que permiten ampliar las inversiones extranjeras en este estado sudamericano, donde la población, según estudios, se divide entre quienes ven un futuro halagüeño en los planos político y económico, y aquellos que no ven con buenos ojos la estabilidad nacional a corto plazo.

Con esos problemas, Ecuador se prepara para recibir un 2019 lleno de retos, que comienza por la posible reconfiguración del mapa económico, luego de las elecciones seccionales, previstas el venidero 24 de marzo.

(*) Corresponsal de Prensa Latina en Ecuador.