La oposición, principal fortaleza del oficialismo – Los Tiempos, Bolivia

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Como ya es habitual desde hace 12 años, cuando el 22 de enero de 2007 se cumplió el primer aniversario de la gestión presidencial del MAS, durante los últimos días abundan las evaluaciones sobre los aciertos y desaciertos gubernamentales acumulados durante los 12 meses anteriores.

No pasa lo mismo en lo que al desempeño de las fuerzas opositoras se refiere. Y esa es una muy grave omisión, pues es bien sabido que ningún fenómeno político puede ser cabalmente comprendido, si no se da la misma importancia a los diferentes factores que confluyeron para hacerlo posible.

No es posible, por ejemplo, comprender el proceso que alcanzó su punto culminante con el triunfo electoral del MAS en las elecciones de diciembre de 2005, primero, y en su entronización en enero de 2006, sin considerar su principal antecedente, la debacle del sistema de partidos políticos que lo precedió.

Exactamente en la misma medida y por las mismas razones, es inconcebible un balance serio de los 13 años de triunfos políticos del MAS, sin considerar que la contracara de la misma moneda son otros tantos años de fracasos de la oposición o, lo que para el caso es lo mismo, las oposiciones. No hubiera sido posible lo uno sin lo otro y viceversa.

Una de las razones por las que parece tan natural prescindir de esa necesaria mirada crítica sobre los desaciertos de las fuerzas opositoras –que han ido disputándose el protagonismo político durante los últimos años– es que en cada proceso electoral se presentaron con diferente rostro, diferentes siglas y colores, diferentes candidatos, diferentes identidades. Pero esa tan recurrente y duradera crisis de identidad no atenúa el hecho de que tras cada cambio de imagen hubo y todavía hay una invariable continuidad.

En efecto, los 13 años transcurridos no han sido suficientes para que las diversas vertientes de las que se nutren las fuerzas opositoras articulen un proyecto político capaz de hacer frente al MAS, con alguna posibilidad de éxito. No han sido capaces de construir una red de liderazgos (no de candidatos, que es distinto). No han logrado articular ni un mínimo plan de acción común, y mucho menos un proyecto de país, alternativo al propuesto por el MAS. Y, lo que en términos prácticos es peor aún, no han podido dotarse de una estructura orgánica capaz de hacer frente al MAS y su poderosa red de organizaciones sociales sobre las que sostiene su incontenible capacidad de movilización y acción.

Sin liderazgos, sin propuesta alternativa de país y sin organización, resultan muy pocas las posibilidades de una acción política exitosa. Lo que deja abierto un margen demasiado amplio para la repetición, en octubre próximo, de la historia ya vista en 2005, 2009 y 2014.

Los Tiempos