El Salvador: Nayib Bukele, un gobierno en disputa y una izquierda derrotada – Por Juan Guahán y Gerardo Villagrán del Corral

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Juan Guahán* y Gerardo Villagrán del Corral**

Mientras la región discute sobre el futuro venezolano y la injerencia estadounidense se profundiza, comenzaron los recambios presidenciales previstos en el almanaque electoral de este año en la región, con la elección del socialdemócrata  Nayib Bukele como nuevo mandatario de El Salvador.

El domingo 3, se debutó con las elecciones en El Salvador. Le seguirán, durante el presente año: mes de mayo en Panamá; junio en Guatemala y en octubre se votará en Uruguay, Bolivia y Argentina. Este año se estará votando en seis países, mientras que cinco lo hicieron en el 2018.

De esas elecciones emergió el actual gobierno cubano, continuador de la tradición revolucionaria iniciada en 1959 y en México se impuso una fuerza progresista. En los otros tres países (Brasil, Colombia y Paraguay), fueron electos gobernantes de signo claramente conservador.

En El Salvador, que tiene a uno de cada cuatro nacionales residiendo fuera del país, fue electo -en primera vuelta- el joven empresario Nayib Bukele (35 años), hijo de libaneses, cuyo padre colaborara con las fuerzas guerrilleras del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN).

El novel presidente había sido electo Alcalde de San Salvador (capital de ese país) en nombre del FMLN. Cuestiones personales y desavenencias políticas motivaron su expulsión de esa fuerza. Se postuló a Presidente, por un nuevo partido que no pudo legalizar, y terminó presentándose por un pequeño partido conservador: Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA).

Bukele, con el 53,3% de los votos, rompió el bipartidismo que viene gobernando a ese país en los últimos 30 años. Le siguió una coalición reaccionaria, Alianza Republicana Nacionalista (Arena), que obtuvo 31,7% de los sufragios. La izquierda gobernante del FMLN apenas sumó el 14,4% de los votos. Bukele deberá gobernar en absoluta minoría legislativa.

Su triunfo pone al descubierto el generalizado cansancio social ante el fracaso de los partidos tradicionales. Una manifiesta corrupción y la violencia, cuyos principales protagonistas son los grupos de jóvenes conocidos como maras, fueron los ejes de la campaña y son la mayor preocupación de la población.

Un gobierno en disputa

Para el movimiento popular salvadoreño aún discute las razones de esta derrota, mientras trata de vislumbrar los derroteros que permitan recuperar la confianza de los sectores populares en una alternativa de izquierda, tras el grave error estratégico de la dirigencia del FMLN de romper la alianza con Bukele e importantes sectores del capital árabe a partir de la candidatura de Mauricio Funes en 2007, para privilegiar alianza con sectores de capital transnacional.

Esta alianza con el capital árabe, señala Roberto Pineda, era clave para enfrentar políticamente al capital oligárquico representado en ARENA, creando una brecha política entre sectores revolucionarios (FMLN) y sectores democráticos (Nayib) lo que debilita las fuerzas por el cambio social e históricamente siempre ha conducido al fracaso de proyecto popular.

Sin lugar a dudas, Bukele es el personaje político más carismático de los últimos 50 años, y enfrentarlo electoralmente fue un claro ejemplo de prepotencia y evidente suicidio político, que llevó al FMLN a su más peligrosa crisis política de legitimidad. La acumulación política lograda en 12 años de enfrentamiento con la dictadura militar y la intervención de EEUU (de 1980 a 1992), que permitieron alcanzar los Acuerdo de Paz y la presidencia en el 2009, parece hoy agotada

La acumulación política lograda en sus dos presidencias, se evaporó por su naturaleza electoral y el FMLN pasó de ser la primera a convertirse hoy en la tercera fuerza, en parte a causa de la falta de una política de información y comunicación con la ciudadanía, al  voluntarismo, el mesianismo y sin duda al sectarismo. Sin duda, fue el rechazo popular a errores y conductas, a la actitud blanda frente a la corrupción, al debilitamiento de las organizaciones sociales y populares

El triunfo de Bukele significó una remezón en la derecha. La dirección de ARENA anunció el adelanto de las elecciones internas, de las que los integrantes de la actual conducción no podrán participar. En el seno del FMLN aún insisten en echarle la culpa a “factors externos”

Los programas sociales no se traducen en votos, ni mucho menos en conciencia y organización, sin el acompañamiento de los movimientos y el pueblo. Son diez años de asistencialismo puro y la gente recibió la ayuda y votó por Nayib. Construir poder popular exclusivamente desde arriba es condenarse al fracaso más temprano que tarde, afirma Pineda.

Nayib constituye una incógnita, lo que genera incertidumbre. Y Callejas podría fácilmente desencadenar la movilización social, que es lo que junto con las “caravanas” se considera para el imperio como amenaza principal a evitar. EL FMLN va calificando a Bukele como peón de EEUU y lo va empujando en esa dirección. El gobierno de Nayib será ideológica y políticamente un gobierno en disputa.

(*) Guahán es analista político y dirigente social argentino. 

(**) Villagrán es antropólogo y economista mexicano, ambos analistas asociados al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la)


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