Recuento y balance económico de la dictadura stronista – Por Luis Rojas Villagra

Por Luis Rojas Villagra *

Treinta años de la caída de la dictadura, del exilio del dictador al Brasil, del inicio de lo que se denominó la transición a la democracia en el Paraguay. Treinta años de impunidad para los crímenes del régimen, los desfalcos de los recursos públicos, la apropiación ilegal de tierras productivas, la formación fraudulenta de inmensas fortunas.

Estas tres décadas no han sido suficientes para superar la barbarie stronista. Al contrario, como si fuese una broma de mal gusto (pero no lo es) hoy ejerce la presidencia de la república, un hombre de cuna stronista, un heredero del régimen, nada menos que el hijo del Secretario privado de Alfredo Stroessner, Mario Abdo Benítez. Como para reconfirmar la vigencia actual del stronismo, en la economía, en la cultura, en la política de la sociedad paraguaya.

El stronismo (1954 – 1989) fue hijo de su época, fue posible y determinado por el contexto de la guerra fría en el escenario internacional. Fue un aliado subordinado de los gobiernos de los EE.UU. y el Brasil, ofreciendo una “democracia sin comunismo”, la apertura de la economía y la entrega de los recursos naturales a los inversores, a cambio del sostén geopolítico, apoyo militar y generosos recursos financieros internacionales. El quid pro quo que tomaba forma de diferentes maneras en aquellas décadas, entre los países de América Latina y la potencia hegemónica del hemisferio.

Stroessner y sus colaboradores aprovecharon hábilmente aquellas circunstancias históricas, para consolidar un poder interno absoluto, autoritario y represivo, corrupto y clientelista, que le permitió desarrollar un sistema económico dependiente, favorable tanto al capital extranjero como a la élite gobernante paraguaya. En un marco de continuidad de la economía agroexportadora y extractivista instalada en los años de la posguerra de 1870, el régimen fue ajustando progresivamente aspectos de la estructura agraria, del Estado,lainfraestructura, la actividad comercial e incluso, el crimen organizado. Podemos ilustrarbrevemente algunas etapas de este proceso:

Ajustes y estabilización (1954 – 1960):esos primeros años estuvieron marcados por la necesidad de fortalecer el poder del gobierno. Se firma el primer acuerdo Stand By con el FMI en 1957, se aplica una política de ajustes monetarios y fiscales, devaluación de la moneda, a cambio de financiamiento externo. Se fortalece el libre mercado con la disolución en 1956 de la estatal Compañía Paraguaya de la Carne, y la aprobación de una ley de incentivos al capital extranjero. Fuerte represión al movimiento obrero en la huelga general de 1958 y a los estudiantes en 1959, disolución de la Cámara de Representantes el mismo año y campaña militar contra los dos movimientos guerrilleros existentes, el FULNA y el Movimiento 14 de mayo.

Consolidación del régimen (década del 60):Stroessner cuenta con el control absoluto del Estado, las FFAA y el Partido Colorado, dejando sin oxígeno a los disidentes. Ingresa en 1961 a la Alianza para el Progreso de los EE.UU., que le permite recibir importantes recursos financieros, como cooperación o empréstitos, cuadruplicándose la deuda externa en la década. Se impulsa una nueva estrategia de colonización rural, conocida como “Marcha hacia el Este”, trasladándose a miles de familias campesinas hacia territorios boscosos cercanos al Brasil, con lo cual se amplía la frontera agrícola. Se inicia la modernización de la agricultura, con créditos públicos para la mecanización, primero con el trigo y luego con la soja. La corrupción va ganando terreno en el sector público y privado. La extranjerización de la economía avanza con la instalación de empresas extranjeras en la producción cárnica, las agroindustrias, bebidas, refinamiento de petróleo, distribución de combustibles, en el sector bancario.

Auge económico y corrupción sistémica (década del 70):se aprueban dos nuevas leyes de incentivos al capital privado, en 1970 y 1975. Un enorme flujo de capital ingresa al país en la década, por medio de créditos externos, el alto precio de los principales rubros de exportación, y la construcción de las represas hidroeléctricas, que llevaron el crecimiento del PIB a cerca del 10 % por varios años. Los tratados de Itaipú y Yacyretá benefician principalmente al Brasil y la Argentina. Se acelera la mecanización de la agricultura y expansión de la frontera agrícola, con una fuerte inmigración de productores brasileños, y el desplazamiento de campesinos e indígenas. Crecimiento desbordado de la corrupción,de las tierras malhabidas, la acumulación fraudulenta de riquezas y los circuitos económicos ilegales, por medio del tráfico de drogas, de rollos, autos, armas, el lavado de dinero, contrabando, con todo lo cual emerge una nueva “burguesía fraudulenta”. Se dan picos de represión a las Ligas Agrarias Campesinas y a grupos urbanos críticos.

Declive y crisis (década del 80):propiciado por el fin de la construcción de Itaipú, la caída de precios de la soja y el algodón, el alto endeudamiento estatal, la economía deja de crecer. El desempleo se dispara, por los obreros de las represas que quedan cesantes, y la creciente población rural expulsada hacia las ciudades. Se mantiene el modelo agroexportador y crece la reexportación de productos de extra zona hacia el Brasil, desalentando la industria nacional. El endeudamiento público sigue creciendo y la presión inflacionaria es intensa. La corrupción y los ilícitos siguen funcionando, destacándose el negocio de la evasión de divisas del banco central, al que estuvo vinculado el ex presidente Cartes. La crisis campesina se profundiza por la presión sobre la tierra y la caída del precio del algodón, principal rubro de renta.

Para 1989, el ocaso de la guerra fría quita el sostén geopolítico a la dictadura y su caída es un acontecimiento inevitable, para ingresar al mundo unipolar de las democracias neoliberales. El stronismo no modificó estructuralmente el modelo económico agroexportador, lo ajustó en clave neocolonial, profundizando la subordinación del país a los capitales internacionales. Las grandes obras de infraestructura fueron realizadas en medio de una corrupción descontrolada, multiplicando varias veces la deuda externa. La mecanización de la agricultura y el crecimiento de la ganadería se hizo sin tener en cuenta a la población campesina e indígena. Las obras hidroeléctricas significaron la entrega de la soberanía nacional. La corrupción y los negocios ilícitos se fortalecieron enormemente, deviniendo en práctica generalizada, abonada por la impunidad hasta hoy vigente.

Como lapidaria herencia quedan los crímenes, las violaciones de los derechos humanos, la cultura de la desconfianza, la delación, la sumisión, la complicidad,y una burguesía fraudulenta acunada en el stronismo, que gobierna el Paraguay hasta nuestros días, privilegiados e intocables herederos del tirano.

* Economista, miembro del Centro de Estudios Heñói y la SEPPY.


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