Macri, el rey y la(s) lengua(s) española(s) en debate – Por Mónica Rubalcaba

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Mónica Rubalcaba, especial para Nodal*

En la apertura del VIII Congreso Internacional de la Lengua Española, que se celebra en la ciudad de Córdoba (Argentina), el presidente del país anfitrión, Mauricio Macri, inaugura este encuentro expresando a los Reyes de España -presentes en el recinto- que lamenta su próxima partida del país: “Los vamos a extrañar”. Este gesto aparentemente pequeño  se pone en diálogo con aquella otra expresión de Macri en los festejos del Bicentenario de la Independencia argentina, cuando le dijera al rey Juan Carlos: “Estoy acá tratando de pensar y sentir lo que sentirían ellos [los patriotas independentistas] en ese momento. Claramente deberían tener angustia de tomar la decisión, querido Rey, de separarse de España”.

El Congreso de la Lengua Española no es en sí mismo un encuentro puramente académico: tal como señalan hoy los lingüistas Juan Eduardo Bonnin y Daniela Lauria en el sitio del Anuario de Glotopolitica, es centralmente una ronda de negocios en torno a las industrias de la lengua. En tal sentido, las intervenciones del presidente Macri establecen una relación de subordinación –expresada en el plano de lo afectivo y en un mal uso de las cuestiones del protocolo-, por una parte, y de una lectura políticamente agraviante para la historia independentista de América Latina respecto de la corona española.

El discurso presidencial recurre a algunos lugares comunes, pero es curioso un uso particular que se pone a tono con lo señalado por los lingüistas antes mencionados: expresa que la lengua española es “nuestro mayor activo”, usando así un lenguaje empresarial con el cual pretende destacar la riqueza de la lengua compartida. Efectivamente, la existencia de esta lengua común es una riqueza de la que participan casi 500 millones de hablantes en el mundo; sin embargo, las variantes dialectales de América escasamente tienen cabida en el reconocimiento que hace la Real Academia Española (una de las instituciones organizadoras del congreso) en su gramática y en su diccionario. La norma lingüística sigue siendo, con algunas excepciones, el castellano de los sectores altos y medios de Madrid y sus alrededores. Las políticas lingüísticas de los países no son nunca ingenuas, y en ese sentido “al convertir a la RAE en la autoridad sobre el idioma, le damos al estado español soberanía sobre los contenidos que se enseñan en nuestras aulas” (Bonnin y Lauria, id.).

No deja de ser curioso que el discurso precedente, el del monarca español, pondera las bondades de la lengua común y ensalza a uno de los mayores escritores argentinos… pero equivocando su nombre: “Vuestro José Luis Borges (sic), nuestro también por lo universal…”. El error nunca es ingenuo: la mirada condescendiente hacia la lengua hablada hoy en las antiguas “colonias españolas ultramarinas” (sic) no merece siquiera la mención acertada del nombre de uno de sus escritores más reconocidos.

Volviendo al discurso del presidente Macri, expresa sobre la lengua española que “depende de nosotros mantenerla viva y hacerla valer”. Precisamente la lengua se mantiene viva en el uso, y ese uso es tan propio del hablante de México, como del de Venezuela, Perú, Cuba, Argentina o España, entre los muchos países hispanohablantes, con sus variaciones y sus apropiaciones. Y para “hacerla valer” es necesario conocer, hacer visible y destacar la pluralidad del español en las hablas regionales, y los intercambios con las lenguas de contacto. Como una muestra de la necesidad de estas reflexiones, desde ayer sesiona en la misma ciudad de Córdoba y en la misma universidad el “I Encuentro Internacional: Derechos Lingüísticos como Derechos Humanos”, que busca entre otros objetivos repensar el habla del castellano en América Latina desde una perspectiva latinoamericana, plural e inclusiva.

La lengua existe en su uso, está viva y atravesada por las culturas, las ideologías y las prácticas de sus hablantes. La expresión del rey Felipe VI en su discurso, al asegurar que el español “nos pertenece a todos por igual, sin distinción de clases ni de ideologías”, no deja de ser un divorcio entre el decir y el hacer: el Instituto Cervantes (coorganizador del congreso), que depende del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, pretende centralizar la enseñanza y la certificación y acreditación del español en todo el planeta con el DELE (Diploma de Español como Lengua Extranjera). Hace ya un tiempo las universidades nacionales resistieron a la pretensión de oficializar esa certificación, y propusieron otro que incluye los americanismos y usos locales.

La lengua sigue siendo el territorio más extenso para las grandes batallas, que se libran cada vez más buscando el dominio de las políticas que pretenden regularla.

* Profesora en letras, docente e investigadora de la Universidad Nacional de Quilmes


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