Argentina | Un camino sin salida – Por Carlos Heller

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Carlos Heller*

A siete meses de haber asumido a cargo del Poder Ejecutivo, en julio de 2016 el presidente Mauricio Macri aseguraba que la economía argentina estaba yendo por el camino correcto y estableció un criterio para juzgar su gestión: “Si cuando termino mi presidencia no bajé la pobreza, habré fracasado”. Una expresión ya menos ambiciosa que la que pregonaba en plena campaña en 2015: “me quiero comprometer frente a ustedes para que trabajemos juntos, para lograr una Argentina con pobreza cero”. Expresión recordada constantemente por algunos medios y redes sociales en Argentina.

En la actualidad, habiendo transcurrido más de tres años de gestión del gobierno nacional, el eslogan que se lee en la página web de la coalición Cambiemos es “la pobreza cero es un horizonte, el índice por el cual el Presidente pide y acepta que se juzgue el éxito de su gestión”.

La definición del término “horizonte” nos indica que ésta es una línea que puede observarse desde cualquier punto alejado. No parece casual entonces que de un objetivo bien concreto como que no haya gente pobre en la Argentina se haya pasado a hablar de un “horizonte”. Un punto lejano que además no nos brinda ninguna certeza acerca de la distancia que nos separa de él. Propongo al lector juzgar el éxito de la gestión de Mauricio Macri como él lo solicita, a través de sus logros o falencias en bajar la pobreza.

Una breve recorrida por las principales arterias de la Ciudad de Buenos Aires permite observar la creciente afluencia de familias enteras que no tienen otra opción más que vivir en la calle. Las estadísticas, aunque no tan palpables como la situación concreta de la gente, dan cuenta de ello. Con un nivel general de inflación que ya superó el 50% interanual, los valores de las canastas de bienes y servicios que determinan los niveles de pobreza e indigencia registraron variaciones aún mayores, del 57 y 59% respectivamente. Como consecuencia de ello, los ingresos de los argentinos han experimentado una fuerte contracción en su poder de compra. Los salarios del sector registrado, tanto los privados como los del sector público, se redujeron un 11% interanual en el primer mes del año 2019. Para los trabajadores informales, el escenario es aún peor, sus ingresos cayeron un 13% en el mismo período.

Ante esta situación, el Indec, el Instituto Nacional de Estadísticas argentino, informó que en el segundo semestre de 2018 más de un tercio de los argentinos, el 32%, se encontraban sumidos en la pobreza. El horizonte de “pobreza cero” al que apunta el gobierno de Macri está cada vez más lejos, ya que un año antes la cantidad de personas pobres era 6 puntos menor. Al desagregar estos datos se observan situaciones aún más preocupantes. Es el caso del Conurbano Bonaerense, el Gran Buenos Aires, donde vive casi una tercera parte de la población total del país: el 35,9% de sus habitantes es pobre. O más lacerante aún, el 46,8% de las niñas y niños menores de 14 años está sumido en la pobreza.

Las proyecciones de mejora de esta situación no son muy alentadoras. El REM (Relevamiento de Expectativas de Mercado), elaborado por el Banco Central de la República Argentina, que reúne los pronósticos sobre la evolución de las variables económicas de las principales consultoras y entidades financieras, indica en su informe del mes de marzo que el año 2019 concluiría con una inflación del 36%, esto es 4,1 puntos por encima de lo que se estimaba hace sólo un mes atrás. Más aún, si nos remitimos al informe de mediados de 2018, éste indicaba una variación de los precios del 20,2%.

Algo similar ocurre con el tipo de cambio. En junio de 2018 el REM proyectaba una cotización de 36 pesos por dólar para fines de 2019. Ahora, ese valor aumentó a 50 pesos por dólar. Vale la pena recordar que varios bienes y servicios en la Argentina se encuentran “atados” a la divisa estadounidense. Es el caso, por ejemplo, de las tarifas de algunos servicios públicos que experimentaron profundas subas en los últimos meses, como así también los precios de los alimentos, los bienes que más impactan en el bolsillo de los pobres.

El peso del ajuste y el FMI

La Directora Gerente del Fondo Monetario, Christine Lagarde, manifestó en su último discurso brindado a la Cámara de Comercio de Estados Unidos que “la Cámara y el FMI tienen mucho en común (…) ambos están profundamente dedicados a promover el crecimiento, el empleo y las oportunidades para todos”. En otro pasaje de su intervención hizo alusión a las bonanzas de la utilización de la política fiscal que “puede ayudar a crear oportunidades más amplias brindando acceso a educación, atención de la salud e infraestructura de calidad, especialmente para aquellas personas que hayan quedado rezagadas o excluidas”.

Resulta paradójico, entonces, que haya sido el propio organismo que dirige Lagarde el que apruebe el plan fiscal de la Argentina, que propone un ajuste de 3 puntos del PIB para llegar al equilibrio fiscal primario este año y posterior superávit, y lo coloque como principal condición para el desembolso de los fondos del acuerdo Stand By. En un contexto recesivo, según el Fondo, el año 2019 registraría una caída de la actividad del 1,7%: esta cifra es un reconocimiento implícito de que el ajuste fiscal lleva indefectiblemente a un empeoramiento de las condiciones económicas y sociales, en especial sobre “los excluidos” que menciona Lagarde, quienes necesitan un Estado presente.

El Presupuesto 2019, aprobado en octubre pasado, prevé una caída de la actividad económica de sólo el 0,5%. Dada la situación actual, con una contracción económica mayor a la proyectada en el Presupuesto, la recaudación impositiva está registrando una evolución menor a la prevista. En el mes de marzo pasado, la misma cayó un 9,8% en términos reales. Así las cosas, el esfuerzo fiscal para llegar al equilibrio será aún mayor. Según un estudio de la Fundación Germán Abdala con datos del Ministerio de Hacienda, para reducir el déficit primario en 1,4 puntos del PIB en 2018, el gasto público tuvo que ajustarse un 1,9 % del PIB, como consecuencia de la reducción de los ingresos fiscales. Durante este año, la situación sería peor. Una espiral recesiva de la que es muy difícil salir. Los programas de ajuste achican la economía y pronostican ingresos que nunca se logran, debiendo llegarse al equilibrio por la vía de mayores recortes del gasto.

Según trascendió en los medios argentinos, el FMI ya comenzó a trabajar en la proyección del acuerdo con la Argentina para más allá de diciembre de 2019, momento en el cual asumirá el gobierno electo en octubre de este año. Se mejorarían el perfil de vencimientos e intereses, incumplibles según el cronograma del último acuerdo de octubre de 2018. Claro que a cambio se exigiría un avance en las “reformas estructurales”, comenzando por la laboral y la previsional. Las mismas implicarían indefectiblemente una pérdida de derechos para los trabajadores y jubilados de Argentina.

En el caso previsional en particular, según los mismos escritos del Fondo de 2017, se plantearía una reducción de la denominada tasa de reemplazo (porcentaje de su salario que recibe un trabajador retirado) y la posibilidad de volver a un régimen de capitalización individual. Un claro retroceso con respecto a la situación actual. En materia laboral, la idea subyacente tiene que ver con la teoría neoliberal de bajar los costos laborales para que, de esa forma, las empresas se tornen más competitivas. Algo que ya se aplicó en nuestro país en los noventa y hace poco en Brasil y mostró ser una medida totalmente ineficiente para generar empleo, amén de dejar a los trabajadores en peor situación. Muy lejos de las palabras de la directora del FMI, que supuestamente bregan por crear más oportunidades para todos.

Un paso fundamental para el próximo gobierno sería una franca renegociación con el Fondo. Que implique extensión de plazos y mejores tasas de interés, pero también un retiro de los condicionamientos que impiden la recuperación del país.

No es fácil, pero un gobierno con determinación y un fuerte respaldo electoral estaría en condiciones de revertir la situación. Argentina debería tomar ejemplos como el de Portugal, país que logró hacer frente a sus obligaciones de deuda a partir de políticas de reactivación económica, contrariando las condiciones que pretendían imponerle sus acreedores.

(*) Presidente Partido Solidario de Argentina. Ex diputado Nacional por Ciudad de Buenos Aires


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