Colombia | Beatriz Quintero, activista feminista: “Empezamos a sentir que la paz es un derecho por el que toda la sociedad tiene que luchar”

Entrevista a Beatriz Quintero, activista feminista

Por Carla Perelló, de la redacción de NODAL

A principios de marzo de este año una presentación del presidente de Colombia, Iván Duque, generó controversia en el ámbito político y judicial: decidió objetar seis puntos de la ley del mecanismo de justicia transicional por el que se juzga a miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), de la fuerza pública y terceros que hayan participado del conflicto armado. Este sistema es la Jurisdicción Especial para la Paz, conocida por sus siglas JEP o Justicia Especial para la Paz, establecida en la firma de los acuerdos de paz, en 2016, durante el gobierno del expresidente Juan Manuel Santos. La expectativa y el impacto que ha generado en el país son analizados en esta entrevista de NODAL por Beatriz Quintero, directora de la Red Nacional de Mujeres, organización participante del proceso de paz.

¿Cuál es su evaluación sobre el proceso de paz en Colombia desde que comenzó hasta ahora?

En primer lugar, es un proceso de paz a 15 años y hasta ahora llevamos dos años largos. Es un pedacito del proceso. Segundo, el cambio de gobierno lo ha fragilizado un poco por su falta de compromiso. Durante el gobierno de Santos tampoco hubo un avance tan sustancial…sólo en algunos puntos, porque en Colombia no depende todo del Ejecutivo, sino también de las altas cortes y del legislativo. Entonces, eso ha permitido un avance relativo no suficiente. Ahora, con este gobierno los riesgos aumentan por el menor compromiso del gobierno y el principal riesgo o la amenaza mayor se está dando con el sistema de Verdad, Justicia y Reparación -la JEP- que es la Justicia Especial para la Paz, porque hay unas objeciones que hizo el presidente. Pero parece que el Congreso las va a rechazar.

¿Qué significan y cómo afectan esas objeciones que hizo Duque?

Lo que suponemos políticamente es que el presidente pretendía obstaculizar y demorar la firma de esta ley. En el sistema legal colombiano el presidente puede objetar una ley. Lo que hizo no es ilegal, pero al objetar hace que la ley vuelva al Congreso, que tiene dos posibilidades: puede estar de acuerdo con la objeción y cambia la ley, o decir que no está de acuerdo y no cambia nada. Como es una ley tan especial y particular, que modifica la Constitución, luego de que el Congreso se pronuncie la Corte Constitucional puede volver a revisarla y volverla al Congreso nuevamente y lo que diga la Corte finalmente, es lo que el presidente tiene que aceptar.

Entonces, si el Congreso dice: no estamos de acuerdo con ninguna de las objeciones, pasa a la Corte y la Corte puede volver a revisar y decidir. Lo que se prevé es que el Congreso diga que no está de acuerdo con las objeciones y resta que el Senado se pronuncie. Según el balance político que se ha hecho se espera que también lo haga en contra. La Corte suponemos que dirá lo mismo, porque ya había hecho la revisión correspondiente. Entonces, el presidente tendrá que firmar para que se avance en el proceso de justicia. Finalmente, no va a ser tan grave porque están actuando muy rápido tanto el Congreso como las cortes por la importancia del tema. De todas maneras, hizo daño políticamente porque es una instancia muy importante que la puso en la mira de la opinión pública y se ha aprovechado esta mirada a la JEP para desprestigiarla, decir que es muy costosa, que tiene mucha burocracia, que no cumple todos los requisitos. Y la demora misma es un problema porque impide que actúe tranquilamente y algunas de las objeciones son de mucha visibilidad para la sociedad que no entiende que es un acuerdo de paz que se firmó y que puede que no estemos de acuerdo en todos los puntos, pero ya se firmó. Es decir, pone en entredicho cosas que en la discusión pública no había dudas. Por ejemplo, la violencia sexual entra en la justicia transicional. Seguramente algunas personas quisieran que este tipo de violencia no entrara en lo transicional, sino que se quedara en la justicia ordinaria, pero ahora lo vuelve a poner en cuestionamiento sobre el acuerdo que ya se firmó.

Nosotras como Red Nacional de Mujeres en la discusión no estuvimos de acuerdo con el cien por ciento de lo firmado, pero ya hoy nuestra tabula rasa es el acuerdo de paz. Hubo cosas que ganamos, otras que perdimos y discutimos, pero cuando ya acordamos, ya es el acuerdo, y lo que hacen estas objeciones es abrir puertas de una discusión que ya estaba saldada.

Lo que se ve también es una demonización hacia el acuerdo y quienes han participado de las organizaciones como las FARC o el ELN…

Creo que lo que han hecho es volver a polarizar a la sociedad. Nosotras lo que decimos es que es un acuerdo, ya se hizo. Hay que trabajar con eso, cumplirlo y avanzar en la construcción de paz y en la reincorporación de esas personas que se reintegran a la sociedad. Para nosotras una de las grandes ganancias del acuerdo es haber desarmado 13 mil personas para que entren a la vida política y a la discusión sin armas, a la discusión con la palabra. Lo que quieren estos sectores de extrema derecha es volver a revivir esas discusiones que se tuvieron ya antes de firmar el acuerdo. Revivir esta discusión en un momento electoral es para ganar adeptos y polarizar, porque casi siempre en periodo electoral la polarización gana puntos. Los que apoyamos el acuerdo, apoyamos la paz, pero nos quieren poner como la gente que apoya la guerra. No es así. La gente que apoya el acuerdo apoya la construcción de paz.

¿Qué pasos considera que se deben llevar a cabo para seguir construyendo la paz?

Hay que pensar que nuestro punto de referencia es un acuerdo firmado. Vamos a intentar cumplirlo, con las dificultades que hay, en estos 15 años. Es algo muy masculino, pero lo que tenemos que hacer es “honrar la palabra”. ¿Cómo hacemos para reincorporar a estas 13 mil personas que dejaron las armas? Es un compromiso de la sociedad. ¿Qué hacemos para vincular a todas aquellas personas marginalizadas por la guerra, cómo la incorporamos en una sociedad con derechos a la educación, a la salud, al agua potable, a las carreteras, al trabajo, a la vida y a la felicidad? Para nosotros el gobierno debe cumplir todo eso y no buscar polarizar más la sociedad. El gobierno actual se está preocupando en cómo desprestigia un acuerdo de paz que hizo un gobierno anterior con el que no están de acuerdo, entonces no están siendo grandes en su posición de gobierno.

¿Por qué considera relevante una paz con enfoque de géneros?

Foto: Agencia de Noticias UNiversidad Nacional de Colombia

Voy a decir una frase que puede ser cliché, pero creo que es importante: la paz y la democracia son posibles, sostenibles y reales solamente si están comprometidas con la igualdad y con la no discriminación. Paz y democracia sin estas dos cualidades y características son paces y democracias de mentiras. Para nosotras fue muy importante insistir en la mesa de negociación en que era importante que las mujeres estuvieran presentes físicamente, que hubiera mujeres delegadas plenipotenciarias y que era muy importante que el contenido de las propuestas tuviera enfoque de géneros y enfoque diferencial. Colombia es un país donde hay población afro, indígena, joven, vieja, con discapacidad, LGBTI, entonces esa paz tenía que mirar a la sociedad con esa gran diversidad y prometer y comprometerse con posturas que construyeran igualdad y no discriminación para toda esa población. Creo que logramos muchas cosas en el acuerdo: tiene un enfoque de géneros que ha sido muy valorado por la comunidad internacional y es un ejemplo para acuerdos futuros. Tenemos que tener esa meta de igualdad y no discriminación a futuro para ir construyendo poco a poco cambios culturales en políticas públicas. No somos un país aislado que puede resolver su problema solo, por eso es importante mirar geopolíticamente los problemas de la región y del mundo, tanto el crecimiento de la derecha como los problemas con las drogas y los cultivos ilícitos. Pero creo que hay una cosa muy positiva: 13 mil personas entregaron armas y tienen deseo de reincorporarse a la sociedad para tener una discusión democrática. Empezamos a sentir que la paz es un derecho por el que toda la sociedad tiene que luchar y que tenemos que poner nuestra contribución. Podemos pensar que la paz es posible, siempre y cuando los objetivos sean una paz con igualdad, comprometida con la igualdad y la no discriminación.


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