Caen las máscaras – El País, Uruguay

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Es una imagen emblemática de la rebeldía contra el totalitarismo. El 5 de junio de 1989, en una avenida paradójicamente llamada “de la Paz Eterna”, un muchacho solo, sin armas ni protección alguna, se paró delante de una larga fila de tanques de guerra que avanzaban hacia la Plaza Tiananmen en Beijing, epicentro de una revuelta estudiantil y obrera contra la dictadura comunista.

La escena, que fue captada clandestinamente por periodistas extranjeros desde las ventanas de un hotel, logró superar el control policial y dio la vuelta al mundo. Su impacto fue de tal magnitud (el primer tanque intenta eludir al muchacho y este, con absoluto aplomo, se corre para seguir obstaculizándole el paso), que el anónimo manifestante por la libertad fue incluido por la revista Time en la lista de las cien personalidades más influyentes del siglo XX. Y vaya si lo fue. Su cuerpo menudo enfrentado a la maquinaria represiva se convirtió por derecho propio en un símbolo de la desigual lucha entre el individuo que mili- ta por la libertad, carente de toda arma que no sea su ética tenaz, y la dictadura que solo prevalece por la imposición del terror.

Era inevitable que este recuerdo fuera invocado por las horribles imágenes de una tanqueta arrollando a manifestantes venezolanos en las protestas de esta semana. Y más aún con la infamante respuesta del expresidente Mujica al periodista Leo Sarro de Radio Monte Carlo: “no hay que ponerse delante de las tanquetas”, dijo con naturalidad. Y por si no quedaba claro, agregó: “si usted sale a la calle, se expone”.

Si algo tuvo de bueno este arrebato sincericida del líder frenteamplista fue que dio la vuelta al mundo, provocando la indignación de intelectuales que solían endiosar al marquetineado “presidente pobre”. El escritor Jaime Bayly exclamó con furia en su programa de televisión que “no se puede creer que un líder que se reclama de izquierda elija entre la tanqueta fascista y el ciudadano rebelde que quiere ser libre. Pepe Mujica se monta en la tanqueta y atropella al ciudadano. ¡Es increíble! Yo no entiendo cómo hay tantos uruguayos que siguen votando al Frente Amplio”.

El impacto de la declaración fue tal que, apenas se viralizó, motivó la insistencia de los periodistas. Entonces Mujica intentó corregirla, pero fue tan mala la enmienda como el soneto. Dijo que “si hay una bestia manejando un tanque, eso no lo puede arreglar nadie. Porque eso no es una cuestión de gobierno, o de este o de otro, es de la bestia que está manejando la máquina. Como proyecto es un desastre, por las consecuencias políticas que tiene. Pero usted nunca puede evitar que haya una bestia manejando una máquina”.

Es interesante que una persona que fue rehén de la dictadura, que sufrió inhumanas condiciones de reclusión y siempre responsabilizó de ellas a los dictadores, ahora la emprenda contra el conductor de un vehículo y exculpe al sátrapa venezolano que comanda la represión. ¿Pensará igual si se trata de Gavazzo y Gregorio Álvarez? ¿Qué hacemos con los derechos humanos, Mujica? ¿Los flexibilizamos a gusto del consumidor ideológico?

Algunos pueden decir que estas injurias para con las víctimas de la represión en Venezuela, son una cuenta más en el rosario verborrágico del expresidente. Es imposible olvidar algunas de sus frases célebres, como aquella advertencia de que “los blancos cuiden a sus mujeres” o su peculiar consejo a los varones para detener la violencia de género: “si te engaña, no la fajés”. La pregunta sería entonces si su defensa a ultranza del dictador Maduro es representativa o no de la posición del Frente Amplio.

Y si a alguien le cabía alguna duda, vale la pena destacar lo que esa misma tarde declaró el precandidato oficialista Daniel Martínez, a quien todas las encuestas designan como el probable contendiente de la oposición en el balotaje del próximo noviembre.

Consultado sobre si Maduro es o no un dictador, el exintendente volvió a usar la metáfora futbolera que ha empleado en entrevistas anteriores: “pa ser hincha uno va a la cancha de fúbol” (sic). Cuando le preguntan si Venezuela es una dictadura, él replica que no la puede calificar así, se muestra visiblemente nervioso y se queja otra vez de que “estamos como hinchas”. Curiosa neutralidad que frivoliza los crímenes del actual terrorismo de Estado de un país que, en el pasado, tan dignamente se comportó con Uruguay, ante el oprobioso secuestro y desaparición de Elena Quinteros.

Es lo que dice Jaime Bayly: uno se pregunta de verdad cómo hay tantos uruguayos que los siguen votando.

El País