Cinco parecidos entre Duque y Bolsonaro en el tema indígena, según Survival

Investigadores de Survival International, el movimiento global por los pueblos indígenas, advierten que hay cinco rasgos alarmantes que comparten Iván Duque y Jair Bolsonaro, presidente de Colombia y Brasil respectivamente. Se trata de una alerta global: la posibilidad real de genocidios y la biodiversidad del planeta están en juego.

A partir de varios reportes de Survival, aquí están cinco parecidos entre Iván Duque y Jair Bolsonaro, de los que nadie habla:

1- Defienden un pasado hostil

Iván Duque fue promovido por el senador y expresidente Álvaro Uribe de quien varios analistas opinan aún no se ha emancipado para ejercer la presidencia. Jair Bolsonaro defiende a la última dictadura militar.

Durante las presidencias de Uribe (2002-2010) centenares de líderes sociales indígenas fueron asesinados, 32 pueblos de menos de 500 personas fueron casi exterminados y unos 74.000 indígenas desplazados.

La dictadura militar brasileña que gobernó entre 1964 y 1985 fomentó la colonización de territorios ancestrales, dilapidó recursos naturales, armó campos de concentración de pueblos indígenas y asesinó al menos 8.000 personas indígenas.

2- Evitan el diálogo con indígenas y los acusan de terroristas

Al estilo Trump, Uribe –padre político de Duque– suele despacharse con tweets en los que escribe frases como “la minga se apoya en el terrorismo” o reproduce artículos con títulos como “los indígenas pretenden gobernarnos”. El consejero mayor de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), Luis Fernando Arias, le contestó: “responsabilizamos al senador Uribe de lo que pueda pasar con cualquier dirigente de la minga”.

A principio de año, Bolsonaro había tuiteado que “los indígenas descienden de los esclavos” y en el pasado declaró: “Es una vergüenza que la caballería brasileña no fuera tan eficaz como los estadounidenses, que exterminaron a sus indios”.

No solo en las redes sociales se da este juego: como en Brasil, en Colombia se apela a las fake news para estigmatizar la protesta indígena con fotos trucadas o antiguas que acusan a grupos indígenas de manipular armas.

El contexto que demoniza a los indígenas permite a los gobiernos evitar el diálogo directo. Bolsonaro no escucha las protestas indígenas en Brasilia y los reprime. Duque, tras un mes de protestas y huelgas nacionales, viajó al Cauca, en el sur del país, para reunirse con la Minga, un masivo colectivo nacional de organizaciones indígenas encabezada por la ONIC. Pero a último momento volvió a subirse a su avión y regresó a Bogotá con el argumento de que si se quedaba corría el riesgo de sufrir un atentado.

En un comunicado, el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) le respondió: “aquí no hay terroristas, no hay delincuentes; aquí hay un pueblo digno que esperó dar un diálogo sobre temas que nos preocupan, como es el tema de la tierra y los riesgos al territorio, el tema de la vida.”

3- La diferencia entre lo que dicen defender y lo que defienden

Hace algunas semanas Uribe llamó en vivo en medio de un mitin en Manizales a la directora de la Agencia Nacional de Tierras, Myriam Martínez, y le ordenó: “los indígenas atropellaron a mucho pequeño propietario (…) con la confianza que a usted se le tiene…por eso la llamamos, que los indígenas dejen de desalojar”.

“De acuerdo, presidente”, respondió Martínez antes de pedirle: “¿usted me da dos minutos fuera del micrófono?”. Martínez recibió a los pequeños terratenientes días después.

Tanto Martínez como Andrés Augusto Castro Forero, director de la Unidad de Restitución de Tierras (creada en el marco de los Acuerdos de Paz entre el Estado y las Farc), antes formaron parte de la Federación Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite.

El aceite de palma no solamente tiene efectos potenciales sobre la salud, sino que su producción es, según denunció Greenpeace en países como Indonesia, Sumatra o Malasia, una de las principales causas de deforestación en el planeta.

Los resguardos son una institución constitucional, ratificada varias veces por la Justicia colombiana, que reconoce determinados territorios como propiedad colectiva de las comunidades indígenas.

A veces surgen conflictos con otros reclamos de propiedad: campesinos que habían sido estafados con títulos falsos o que los adquirieron en medio de limbos legales o que se los apropiaron en medio de un episodio armado. O simplemente jamás firmaron un título: en Colombia siete de cada diez familias rurales no tienen escrituras públicas que las acrediten como propietarias de sus predios.

Uribe y la Agencia Nacional de Tierras toman partido por quienes llaman “víctimas de los indígenas” y a quienes engloban en la categoría de “pequeños terratenientes y campesinos”.

Bolsonaro también dice defender a los pequeños terratenientes; en su nombre promete darles armas y “ni un centímetro más de reservas” para los indígenas. Quiere “revisar” y reducir los territorios que ya están demarcados y que la agroindustria arriende los territorios indígenas con fines de lucro a pesar de que esto está prohibido por la Constitución.

En el fondo hay un modelo económico extractivista y de ampliación de la frontera agrícola que piensa que las reservas indígenas son improductivas.

Bolsonaro, por ejemplo, quiere “hacer producir” niobio, oro, estaño, cobre y diamantes a los territórios indígenas Yanomami y Raposa Serra do Sol, al norte del país: más de 11 millones de hectáreas (70 veces la ciudad de Sao Paulo) , en las que viven aproximadamente 34.000 personas de seis etnias.

4- Ponen en riesgo a los pueblos no contactados

No solo son los 63 indígenas asesinados desde que Duque gobierna (en el contexto de una guerra tras los acuerdos de paz que lleva cerca de 500 líderes sociales asesinados). En Brasil son al menos 14 territorios indígenas los que están siendo atacados en la actualidad o los 24 indígenas asesinados en disputas de tierra según el Episcopado de la Iglesia Católica.

Bajo el gobierno de Iván Duque peligran pueblos como los nukak, así como bajo el de Bolsonaro peligran los kahawivas y todos los otros pueblos no contactados.

La Amazonia brasileña es el hogar del mayor número de pueblos indígenas no contactados del planeta. Según la Fundación Nacional del Indio (FUNAI) se piensa que hay al menos 100 grupos de indígenas aislados del lado brasileño. El pueblo kawahiva habita en una de las zonas más violentas de Brasil, donde las tasas de deforestación ilegal son las más elevadas a nivel nacional.

El primer día que asumió, Bolsonaro aprobó un decreto que, opina Ernesto Londoño en The New York Times, “asigna la responsabilidad de certificar la protección de los territorios indígenas al Ministerio de Agricultura, que tradicionalmente ha defendido los intereses de las industrias que quieren un mayor acceso a esas tierras”.

Los nukaks son una de las tribus más amenazadas del planeta y el último pueblo indígena de Colombia con el que se ha forzado el contacto. Según la ONIC, “los nukaks corren un riesgo inminente de extinción”.

El director de Survival, Stephen Corry, afirma que “desde su contacto a finales de los 80, los nukaks han visto morir a la mitad de su pueblo. Han sido devastados por enfermedades transmitidas por misioneros evangelistas y otros invasores de sus tierras y han sufrido en sus carnes la violencia atroz del conflicto armado colombiano”.

Para la antropóloga e investigadora de Survival Fiore Longo: “Los pueblos indígenas no contactados son pueblos tribales que no mantienen un contacto pacífico con el mundo exterior. Es su decisión.”

Sabemos muy poco de ellos, pero sí sabemos que cuentan con un vasto conocimiento botánico y zoológico, y una comprensión única de lo que es una vida sostenible. Para Longo “hay evidencias irrefutables de que los territorios indígenas son la mejor barrera contra la deforestación, especialmente en la selva amazónica”.

Los pueblos indígenas no contactados son los más vulnerables del planeta y se enfrentan a una catástrofe si sus tierras no son protegidas.

5- Ponen en riesgo el Amazonas y el medio ambiente

El pulmón del mundo está en peligro mientras gobiernen Duque, Uribe y Bolsonaro. Como escribió la investigadora de Survival Fiona Watson, entre los proyectos en marcha de Bolsonaro hay “una presa en el río Trombetas, un puente sobre el río Amazonas y una prolongación de la carretera de 500 kilómetros que cruzará la selva tropical desde el río Amazonas hasta la frontera con Surinam”. Bolsonaro, según dijo en un video en Facebook el 17 de abril, quiere que el Amazonas “sea explotado en una forma razonable”.

En Colombia, la Corte Suprema instó al poder ejecutivo en 2018 a “formular un plan de acción de corto, mediano y largo plazo para contrarrestar la deforestación en la Amazonia” en el que, en una medida de vanguardia jurídica en el mundo, le otorga derechos al ecosistema: a los 48 millones de hectáreas de la Amazonia colombiana. En el sitio Infoamazonía, coordinado por Amazon Conservation Team, Dejusticia y El Espectador, afirman que Duque no ha dado los pasos requeridos para cumplir la sentencia.

Higinio Obispo González, un consejero de la ONIC en el Chocó y parte del pueblo Emberá, piensa que el Gobierno colombiano tiene la decisión política de no hacer lo suficiente: “no quiere garantizarles la vida a nuestros pobladores”.

Lo dijo tras el asesinato el 12 de abril último de un miembro de su comunidad, Aquileo Macheche. Los Emberá están en el medio de una disputa entre la guerrilla del Eln y las Autodefensas Gaitanistas.

Según las propias Naciones Unidas, el proceso de paz en Colombia se encuentra en una coyuntura crítica. Frente a este panorama una de las propuestas de Survival para defender a los movimientos indígenas es presionar a los gobiernos de Duque y Bolsonaro. Stephen Corry, director de la organización, afirma que luchan desde hace 50 años “para que se respeten plenamente los derechos de los pueblos indígenas y se defiendan sus vidas y sus tierras, por la protección de los territorios más biodiversos y por la salud de nuestro planeta”.

* Daniel Wizenberg es editor de la revista Late, especial para El Espectador.

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