Diversidad de géneros en los pueblos indígenas: de la constatación histórica a la afirmación política

Por Tamia Vercoutère Quinche

“Las crónicas de los primeros siglos de la Colonia dejan muy claro que entre algunas poblaciones de la América precolombina era muy usual la manifestación de la preferencia sexual entre personas del mismo sexo, que se practicaba libre y abiertamente, sin sanción alguna, para horror de los observadores españoles, que la tachaban de pecado nefando” (Horswel (2010) en Ugalde)

Si para la aceptación de la diversidad sexo-genérica en los pueblos indígenas hay que desentrañar evidencia histórica, que así sea. A la afirmación recogida aquí arriba podría añadir algunos ejemplos para romper el cerco heteronormativo que de ser norma cultural ha pasado a encarnizarse en nuestros cuerpos aprisionándolos e inocularse en nuestras mentes para condenar la diferencia.

Ollivier Allard (2013), antropólogo francés y especialista en las identidades de género recuerda que en el delta del Orinoco, en Venezuela, hay un pueblo en el que existen personas con anatomía de hombres, pero que se visten y viven como mujeres. Se llaman tida-wina. Según ancianos entrevistados por el autor, estas personas solían ser esposas secundarias de hombres polígamos, que muchas veces eran chamanes, es decir, figuras de autoridad espiritual y social. Hoy en día y a raíz del contacto con los criollos venezolanos, estos son despreciados bajo el término de “maricones”… El mismo autor evoca la Norteamérica indígena en la que el género era un resultado de la elección libre por parte del niño o la niña de las actividades a las que iba a consagrarse de por vida: la caza y la guerra (simbolizada por el arco) o la agricultura y la artesanía (simbolizada por la cesta). El género, entonces, no era determinado por el sexo sino por el rol productivo escogido. No era el sexo que precedía al género, como se suele plantear en occidente, sino que era la actividad la que precedía al género, independientemente del sexo. Finalmente el autor habla de un pueblo en Papúa Nueva Guinea cuyos rituales de iniciación pasaban por prácticas homosexuales dando a las prácticas homosexuales un carácter espiritual y fundador de la sociedad.

Podría seguir. Ahora me interesa volver a la primera citación que hice, al horror de los observadores españoles al constatar las preferencias sexuales entre personas del mismo sexo. ¿Deberíamos concluir, entonces, que la homofobia vino con la conquista? El inca Auquititu habría, según palabras del Inca Garcilazo de la Vega, ordenado perseguir a los homosexuales para que los quemasen vivos (Majfud, 2008). El autor que reporta este acontecimiento histórico afirma que la persecución y ejecución de los homosexuales es un claro síntoma de un patriarcado incipiente. Podemos entonces entender mejor por qué otrxs autorxs hablan de un un “entronque patriarcal” (Lorena Cabnal) entre el patriarcado ancestral y el patriarcado moderno, europeo, conquistador. Decir que hubo represión de la homosexualidad en las sociedades precolombinas nos obliga a responsabilizarnos por esa parte de la historia que queremos ajena, lejana, fácilmente condenable. También nos da armas para entenderla mejor y combatirla. Para insertarnos en esas contradicciones y subvertir conceptos y plantear propuestas políticas.

Allard, del que hablé hace un momento, y que está en consonancia con muchxs otrxs que han afirmado antes o con él, insiste en la especificidad occidental de plantear una lectura del mundo binaria (bueno/malo; activo/pasivo; hombre/mujer; heterosexual/homosexual) que es considerada como legítima y planteada como universal y que, sobre todo, es ordenadora del mundo. Esa perspectiva, que con la colonia y su pervivencia en el tiempo (la colonialidad de Quijano), hemos hecho nuestra, cuya validez hemos refrendado al adoptarla para organizar nuestra manera de ver el mundo, esa perspectiva nos encierra.

Por el contrario, elementos de la cultura kichwa, por ejemplo, nos dan claves para revisitar la homosexualidad ya no en clave binaria sino más bien reintroduciendo lo que yo quisiera llamar “dualidad fluida” en la comprensión de este rasgo de nuestra humanidad.

En primer lugar, quiero apelar al concepto de yanantin, traducido como dualidad y que correspondería a una principio ordenador de las relaciones entre runas y de las relaciones entre runas y su entorno (Díaz, 2018). La complementariedad del yanantin estaría totalmente contrapuesta al binarismo occidental antropocéntrico que plantea la oposición naturaleza/cultura y que funda la dominación de la primera por la segunda.

En segundo lugar, quisiera evocar al Aya Huma, ese espíritu de doble cara, que mira al pasado y al futuro, que es bueno y malo, que es sí mismo y su contrario. Según esa mirada binaria de la que hablaba antes (que se transparenta también en los conceptos y los términos que existen en la lengua española), describir al Aya Huma es describir un imposible, una aparente contradicción. Desde el binarismo occidental no se puede concebir la existencia de algo que es a la vez lo propio y su contrario.

Si, por el contrario, esa contradicción deja de serlo y se convierte en dualidad y planteamos que los contrarios más que opuestos irreconciliables son elementos cuya fuerza relativa en la combinación depende del contexto, entonces podemos concebir la “contradicción”. Es decir, la figura del Aya Huma cobra sentido. En esa misma lógica, podríamos concebir la coexistencia de lo femenino y lo masculino no en “contradicción” sino en simbiosis: una fluidez que permita al runa ser kari o warmi o ser cualquiera de las combinaciones posibles entre lo femenino y lo masculino.

ALLARD, O. (2013). “Pueblos indígenas e identidades de género: el dualismo sexual sometido a discusión.” Revista SexologíA Y Sociedad, 19(1). Recuperado de http://revsexologiaysociedad.sld.cu/index.php/sexologiaysociedad/article/view/13/63

DÍAZ, Ñ. (2018), Kariwarmi: recreación de conceptos homosexuales a partir de símbolos andinos. Tesis de titulación, Universidad San Francisco de Quito, disponible en: http://repositorio.usfq.edu.ec/bitstream/23000/7385/1/%C3%91usta%20Madeleine%20D%C3%ADaz%20Cotacachi.pdf

MAJFUD, J. (2008), “El complejo de Malinche”, América Latina en Movimiento, disponible en: https://www.alainet.org/es/active/25893

UGALDE, M. F., “De siamesas y matrimonios: tras la sicología del género y la identidad sexual en la iconografía de las culturas precolombinas de la costa ecuatoriana”, accesible en https://www.academia.edu/34496090/De_siamesas_y_matrimonios_tras_la_simbolog%C3%ADa_del_g%C3%A9nero_y_la_identidad_sexual_en_la_iconograf%C3%ADa_de_las_culturas_precolombinas_de_la_costa_ecuatoriana

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