Los significados de la fórmula presidencial Alberto Fernández-Cristina Fernández – Opinan Eduardo Aliverti y Jaime Duran Barba

16

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Nestorizar – Por Por Eduardo Aliverti

Esta columna es escrita con la relativa comodidad de no tener que salir al toro, apenas producida la noticia.

Con disculpas por usar primera persona en un artículo periodístico y autorreferenciarse, vayan dos impresiones que tuve, el sábado a la mañana, cuando como el común de los mortales excepto Fernández y Fernández, creo saber que Máximo y no más que un puñado estrechísimo de íntimos, quedé con la boca abierta y pensé que la voz del “renunciamiento” era de una imitadora fenomenal.

Con el correr de los minutos, sin embargo, me convencí de dos aspectos que pasadas las horas ratifico a pleno.

El primero es la nestorización de la campaña, como lo dije en la salida al toro ése en Marca de Radio. Muchos verbos e imágenes precipitados, todos de lugar común: consensuar, audacia, sorprender, movió la dama y jaque, practicidad.

El segundo aspecto es lo que escribí en la nota de este diario, la semana pasada, bajo el título de “Apurados, abstenerse”. Sobre el cierre de esa nota, hubo el resaltado de que hay la Cristina que sus adeptos y enemigos necesitan para conmoverse y herirla. La Cristina como vector de emociones inalterables a favor o en contra.

Y que hay la Cristina que se necesita para ganar.

Como se leerá dentro de unas líneas, corrijo en alguna medida que “ganar” vaya en primer término.

Aunque lo dicen en potencial, la mayoría de analistas leídos y escuchados hasta acá señalan que Fernández-Fernández es una fórmula, en principio acertada, para triunfar en las elecciones.

Esa posibilidad es reconocida, con estricto pedido de anonimato, por varios de los propios cambiemitas del equipazo gubernamental.

Un funcionario del entorno más cercano a la gobernadora bonaerense señaló que, si Sergio Massa se suma al armado de CFK, antes o después de las primarias, Cambiemos está “liquidado sin más vueltas”.

Si el binomio es favorito y amplía las chances de vencer, incluso en primera vuelta evitando el ballottage, efectivamente habrá que comprobarlo en las urnas.

Es elemental, pero se lo subraya porque hay mucha gente tentada por comerse la cena en el almuerzo.

No hay antecedentes, ni aquí ni, es probable, en proceso electivo de parte alguna, por los cuales se haya decidido una fórmula presidencial sin chequeo mínimo de la repercusión que tendrá.

La cuenta fácil, también posiblemente certera, es que Cristina no perderá un solo voto de su núcleo incondicional y que Alberto le sumaría una cifra, quizá decisiva, no de alérgicos a ella y al peronismo –irrecuperables– pero sí de perezosos.

Tal cálculo requiere igualmente de demostrarlo. El tercio electoral sin otra convicción que lo que le parezca a último momento quedará repartido entre lo que se sufra y lo que quiera creerse del estadio económico generalizado. En eso sí que los antecedentes sobran, a partir de lo que ahora se llama “construcción de subjetividad”.

La inflación bajó unas décimas, bien que por conducto recesivo. La cotización del dólar, gracias los desembolsos usables de un FMI que quemó sus manuales como nunca en la historia, podría no escaparse hasta las elecciones.

Con esos dos elementos ilusorios pero eventualmente eficaces, más la artillería de no volver al pasado, nadie debería asegurar que lo que quede de la alianza oficialista no podrá mantenerse a flote.

Suena raro. No inverosímil.

A hoy, sí parece complicado porque Macri es incapaz de remontar su caída.

Porque no se ve espacio para los operativos Heidi y Lavagna.

Porque la ancha avenida del medio está cada vez más angosta, para no decir extinta.

Porque, en todo caso, lo que reste de ella quedaría cubierto por Alberto postulado a la cabeza.

Porque la quimera de extender Cambiemos no tiene con quién ser ampliada.

Ningún radical sabe responder cuál figura realmente existente supondría agrandarse, salvo por el alcance acotado de Martín Lousteau y por un Roberto Lavagna que el macrismo descarta. Sin perder de vista que esto es la Argentina, y que el volumen de asombro no se agota jamás.

El desafío opositor, como sea, es unidad en la acción y no la acción de sentarse a ver pasar el cadáver del enemigo, amparándose en aquello de que no debe interrumpírselo mientras está equivocándose.

Retrocediendo, o avanzando, en lo cronológico es cierto que primero hay que ganar.

Conceptualmente, en cambio, F y F es una decisión para gobernar.

El arco de pactos que se requerirá, para preparar antes de diciembre y ejecutar después, es policlasista, en consecuencia multisectorial y de un porte inédito.

Entre 2001 y 2003, este país se reconstruyó desde sus ruinas gracias a que confluyeron dos cosas de importancia semejante.

Una fue la decisión política de Néstor, que leyó como nadie preveía los emergentes del estallido.

Y la otra, un escenario mundial inmejorable para las materias primas que Argentina exporta más unos vecinos, latinoamericanos, políticamente amigables.

Por las dudas: en ese orden. Los vientos de cola pueden ser aprovechados para beneficio popular o para festín de las élites.

Ahora, además de no acontecer ese mundo “disponible”, las ruinas que deja esta oligarquía diversificada tan venal como inepta son, aunque parezca mentira, peores que aquellas.

Se debe en dólares mucho más que entonces, el corsé del Fondo Monetario es descomunal, el aparato productivo requiere de una inyección reactivadora que estará en soledad regional e internacional.

¿Con quiénes se encara una epopeya reformista de ese tamaño, quitadas las ensoñaciones perpetuas de que basta con un sujeto social movilizado?

Hasta que alguien explique lo contrario con más seriedad que romanticismo vacuo; con más pragmatismo distributivo que con consignas cómodas; con más efectividades conducentes que con infantilismos falsamente izquierdistas, esto es rosca a dos manos. Con una se trabaja el desarrollo de una economía popular que satisfaga necesidades inmediatas y prospectivas. Con la otra se dirige con firmeza a un empresariado cuya vocación patriótica no existe.

Para esa rosca, que es palabra tan antipática como imprescindible, hacía falta que la líder indiscutida cediera espacio a un articulador. Solamente la berretada de los medios oficialistas –estupefactos– se anima a definirlo como un títere.

Lo de Cristina nunca fue ni será el barro cotidiano, agotador, de tejer a varias puntas. Está por encima de eso, pero sería una irresponsabilidad que lo ignorara.

La decisión, entonces, ha sido nestorizar.

No hay ningún quiebre ideológico.

Quienes deseen pasarle esa factura deberán esperar a que traicione.

No es lo suyo.

Página 12


La resta es mayor que la suma – Por Jaime Duran Barba 

Nunca consideré que Cristina Kirchner sea una mala candidata, ni dije que es la figura opositora que más le conviene a Mauricio. Siempre afirmé lo contrario, tanto en esta columna de PERFIL, como en decenas de entrevistas en las que participé en la última década. Todos los estudios dicen que Cristina es la mejor candidata de la oposición. Era absurdo pensar que Mauricio podía designar a un candidato mediocre de oposición para ganar con facilidad, porque en ese caso habría promovido a un perdedor nato como Daniel Filmus y ganaba sin hacer campaña. Cristina es una candidata poderosa porque es líder de un importante porcentaje de argentinos que quiere una sociedad autoritaria en la que se protejan sus intereses. Se sienten inseguros con la democracia. Una candidata con esa fuerza no va a dejar el poder, debe ganarlo por sí misma o poniendo a un testaferro que controle. El misterio y la sorpresa son juegos de poder típicos del  kirchnerismo. En su momento, Néstor nos tenía pendientes con que sería «pingüina o pingüino», Cristina designó a Boudou como candidato a última hora fingiendo que vacilaba entre él y el eterno perdedor. Su idea de que “el poder es mío y de la familia” se manifestó cuando recibió los símbolos de mando de su hija y no los entregó al presidente electo porque lo consideraba una rendición. Para entenderla, es indispensable usar herramientas de la psicología. Jorge Fontevechia decía la semana pasada que a Cristina “más allá de su psicología, sea narcisismo primario, megalomanía, sesgo paranoide o delirio de grandeza, todas las categorías conllevan a una etiología similar: elegirse a sí misma como objeto de amor. Y todas comparten sintomatología: sentimiento exagerado de grandiosidad que afecta la búsqueda de racionalidad.” . El periodismo profesional es costoso y por eso debemos defender nuestra propiedad intelectual. Robar nuestro contenido es un delito, para compartir nuestras notas por favor utilizar los botones de «share» o directamente comparta la URL.

Libro. El lanzamiento del libro de CFK transparentó algo que muchos se negaban a ver: representa una visión no democrática del mundo compartida por muchos argentinos y latinoamericanos. Algunos miembros del círculo rojo hablan de que es necesaria la “unidad de la oposición” para enfrentar a CFK. Delatan con eso lo que sienten. Que en realidad: Cristina es el poder, el eje de todo lo que pasa. Mantienen la antigua superstición de que los únicos que pueden gobernar Argentina son los peronistas. El acto en la Feria fue extraño. Pocas veces un candidato inicia la campaña lanzando un libro al que ni siquiera se refiere en su presentación. Cristina pronunció  un discurso interesante, sereno, en el que dijo reiteradamente que no quería molestar a nadie. Tuvo pasajes brillantes como aquel de cómo un libro se independiza del autor según se escribe. Habría sido una buena pieza oratoria para un auditorio académico. Nadie de esa mentalidad escuchó el discurso, aunque lo haya oído. En la sala vip los líderes de la élite K miraban atónitos la escena: en vez de arengas furibundas oían reflexiones. Se portaron educados. Ninguno gritó las consignas que les brotaban de su interior, más afines con el contenido violento del libro. El propio Sheik Mohsen Alí se tomaba fotos amorosas con Aníbal Fernández y Felipe Solá, en vez de repetir que el atentado de la AMIA fue cometido por la comunidad judía. Todos habrían querido un acto más violento, como los que organiza la dirección de la Feria del Libro en las inauguraciones, pero Cristina se dirigía a un público civilizado. El periodismo profesional es costoso y por eso debemos defender nuestra propiedad intelectual. Robar nuestro contenido es un delito, para compartir nuestras notas por favor utilizar los botones de «share» o directamente comparta la URL.

Fuera del local principal, había un grupo de militantes que en la década ganada lograron vivir en la Recoleta y quieren más. No son pobres, son pequeño-burgueses ambiciosos. Insultaron, escupieron, tomaron por los pelos a una valiente periodista de TN que siguió transmitiendo con esa firmeza propia de las mujeres. Trajeron a la memoria las manifestaciones organizadas por Hebe de Bonafini para “juzgar” a los medios en Plaza de Mayo, mientras enseñaban a los niños a escupir las fotos de periodistas.

En la calle, en medio del aguacero, estaban unos cinco mil pobres que habían llegado en colectivos para participar de este evento cultural. Se mojaban, pero gritaban para conservar sus planes sociales. Lázaro Báez lo explicó bien cuando dijo que nunca pudo llevarse bien con ella “porque le dan asco los negros como yo”. Es una elitista aspiracional que se siente feliz en Harvard, recordando a los presentes que “esto no es la Universidad de La Matanza”.

Días después Cristina se reunió con dirigentes políticos del PJ. Pronunció un discurso, no les escuchó ni una sola palabra y les ordenó tomarse una foto en la que aparecían con las manitos levantadas, como los dálmatas de Cruella de Vil. Siempre fue displicente con todos, gobernadores, dirigentes, el PJ, empleados de la Casa Rosada.

Muchos ex funcionarios K y jueces  se asustaron  y bajaron la cabeza ante la posibilidad de que gane. Doctrina Zaffaroni en boga, liberarán asesinos y motochorros, inventarán chicanas leguleyas para sobreseerla, crearán otro partido judicial prodelincuencial, cosa única en el mundo. Pronto inventarán alguna artimaña para que vuelvan al redil varios de los que se dieron un recreo de los golpes y desplantes.

Complejidad. Los líderes no pueden hacer cualquier cosa. Las sociedades son complejas, existen fuerzas colectivas que se enfrentan, intereses, competencia. Actualmente, con la revolución de las comunicaciones todo se volvió más complejo. Para hacer un diagnóstico político hay que estudiar, investigar, cuantificar, pensar, analizar los problemas desde varios prismas.

Por un lado, es indispensable la experiencia. Quienes han hecho política por años tienen habilidades que les permiten comprender automáticamente temas que para otros no son evidentes. Esa es la política como arte. Malcolm Gladwell desarrolla el tema magistralmente en su libro Blink: The Power of Thinning Without Thinking. Por otra parte, hoy se usan técnicas de análisis científico que complementan el arte con el pensamiento. Se desarrollaron en Estados Unidos desde la intervención de Joseph Napolitan en la campaña de Kennedy y se sistematizaron académicamente desde que la fundación de la “West Point de la política”, la Graduate Schooll of Political Managment de la George Washington University. Dos profesores de esa facultad, Santiago Nieto y el autor de esta nota, hemos colaborado en elecciones argentinas durante los últimos quince años aplicando esas técnicas. Nunca se perdió ninguna.

El desarrollo de las ciencias hace cada vez más importante estudiar psicología para entender la comunicación política. En Argentina se acaba de publicar el libro de Daniel Lopez Rosetti Equilibrio, que debería leer cualquiera que quiera ser candidato. El mismo autor había publicado antes otra obra, Emoción y sentimientos, en la que afirmó “no somos seres racionales, somos seres emocionales que razonan”. Son igualmente importantes los libros de Facundo Manes Usar el cerebro: conocer nuestra mente para vivir mejor y El cerebro argentino. En inglés existe una enorme bibliografía de los últimos años a la que nos hemos referido en otros artículos. Pero hay algo más importante: con la revolución de las comunicaciones nació un mundo que no alcanzamos a descifrar en el que los electores cobraron  una independencia inimaginable. La sociedad se disgrega en pequeñas comunidades que funcionan sin que nadie las pueda manejar, desaparecen profesiones, se rompen líneas de mando, los seres humanos nos volvimos distintos. Además de los libros mencionados en otras ocasiones de Harari y Friedman, hay que leer el último de Andrés Oppenheimer, Salvese quién pueda. En ese contexto creció la antipatía hacia el pasado, la política, los líderes, las instituciones, los partidos, los sindicatos. Mientras más amplios son los apoyos, más probable es la derrota como se vio con Meade en México, Alckmin en Brasil, Hillary en Estados Unidos y bastantes otros.

Fórmula. Estaba terminando esta nota cuando me llega la noticia de que Cristina anunció que su fórmula estaría integrada por Alberto Fernández para presidente y ella misma para vicepresidente. Logró cosas únicas: es la primera vez que el candidato a vicepresidente anuncia quién sería «su» candidato a presidente en el continente. Deja en claro quién es el que manda. La segunda cosa única es que con la imagen de Alberto endureció su techo y perdió la solidez de su piso. Uno de los trabajos que hacemos en nuestra profesión es escribir diagnósticos políticos. Ultimamente lo hicimos en siete países latinoamericanos, entre los que estuvieron México y Brasil. Los estudios políticos serios no son fruto de la intuición, usan números, estudios y una extensa bibliografía que existe sobre estos temas.

Los frentes fracasan porque las matemáticas de la política no son como las elementales. Toda suma y también resta, y con el fastidio que existe con el pasado, normalmente la resta es mayor que la suma. ¿Cuántos votos nuevos le trae Alberto Fernández a Cristina? Los pocos que lo veían bien porque insultaba ferozmente a Cristina, seguramente no irán con ella. No sube el techo. Varios seguidores de Cristina ven mal a Alberto, baja el piso.

La operación matemática es: Votos de C más nuevos votos de A, menos votos de C ahuyentados por A. Eso lo calculamos matemáticamente con las cifras que disponemos. El saldo es claramente negativo. Si hace esto para conseguir que vayan otros líderes peronistas a una interna, esto puede empeorar. Irán los dirigentes con peor imagen y crecerá el saldo negativo. Los dirigentes peronistas democráticos, sobre todo si creen que tienen futuro, necesitan diferenciarse. Con mínima lógica saben que esta unidad será liderada por Cristina, desde cualquier sitio en que aparezca. Identificarse con el populismo autoritario mata cualquier alternativa peronista que quiera existir en la futura democracia.   *Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.El periodismo profesional es costoso y por eso debemos defender nuestra propiedad intelectual. Robar nuestro contenido es un delito, para compartir nuestras notas por favor utilizar los botones de «share» o directamente comparta la URL.

La Noticia Web


VOLVER
Más notas sobre el tema