Por qué el CPTPP hipoteca en favor de las transnacionales el futuro de Chile – Por Paul Walder

Por Paul Walder *

Se inicia una semana clave para el futuro de Chile. El senado iniciará el proceso para la aprobación del TPP11, ahora denominado Acuerdo Comprensivo y Progresivo para la Asociación Transpacífica (CPTPP) entre once países tras la renuncia del gobierno de Donald Trump a formar parte del original tratado, decisión enmarcada por los cambios en las políticas estadounidenses de cara a los tratados comerciales globales.

El CPTPP, que reúne a los países de la Cuenca del Pacífico, no incluye a China aunque sí a otras economías consolidadas que dependen de sus grandes corporaciones. Está Japón, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y países medianos y pequeños como Vietnam, Malasia, México, Perú, Chile, Singapur y Brunei.

El CPTPP, firmado por el excanciller de Chile Heraldo Muñoz días antes de la entrega del gobierno de Michelle Bachelet a Sebastián Piñera, fue aprobado por la Cámara de Diputados y Diputadas en abril pasado por un escaso margen de votos y se halla en estos días en el Senado en espera de la aprobación por los 43 senadores y senadoras que componen esta instancia legislativa.

La aprobación en la Cámara constituyó un cambio en el proceso de globalización de mercados de la economía chilena a partir de la transición posdictadura. La política neoliberal instaurada desde el régimen de Pinochet y extendida y profundizada por los gobiernos posteriores, asumida como una política de Estado por los dos bloques parlamentarios, aprobó durante décadas por mayoría y sin mayor debate decenas de acuerdos comerciales, los que hoy son parte estructural de la economía chilena. La semana pasada, sin embargo, y pese a estos antecedentes, la aprobación fue muy ajustada, precedente que ha de tener en consideración el Senado durante su trámite.

Hay al menos dos factores que incidieron en la estrecha votación. Desde el 2018 la Cámara ha cambiado su composición. El ingreso de los parlamentarios del Frente Amplio y la descomposición y pérdida de escaños del bloque socialdemócrata y la derecha sin duda que condicionaron el debate. Pero hay otro aspecto más relevante. Los efectos nocivos de estas políticas comerciales con los profusos tratados otrora firmados han recaído en la ciudadanía, generando una fuerte crítica y reacción ante las ubicuas corporaciones que condicionan la vida cotidiana de la gran parte de los chilenos.

La estabilidad económica y las tasas de crecimiento del producto, que ya no son tan altas, se apoyan sobre el diario vivir de los trabajadores, consumidores, pequeños agricultores y emprendedores que finalmente trabajan para las grandes corporaciones y el sistema financiero. En suma, los índices extremos y escandalosos de desigualdad en la distribución de los ingresos expresan de manera palmaria cómo el lucro de los distintos controladores afecta a toda la población.

Los más de 60 acuerdos comerciales suscritos por Chile durante las décadas pasadas han sido finalmente herramientas suscritas por los Estados para proteger al sector privado. Más desregulaciones, menos aranceles, desmantelamiento de los aparatos estatales, que los deja atados de manos para legislar en favor de sus ciudadanos o por la protección del medio ambiente. En suma, más poder para las compañías y creciente vulnerabilidad a los consumidores y trabajadores.

En el proceso, se consolida el modelo de desregulación neoliberal, el lucro a todo evento en todos los sectores y aumenta la concentración extrema de la riqueza. Si ello ha sido con los TLC, el CPTPP aumentará todas estas tendencias.

La presencia en algunas comisiones de la Cámara de organizaciones sociales que rechazan la aprobación del CPTPP ha sido un factor gravitante. La posibilidad que han tenido de explicar a los diputados y diputadas de los perjuicios de un tratado de esta naturaleza contribuyó al estrecho resultado de la votación. Los futuros y desfavorables efectos en la población son tan evidentes que por una decena de votos el trámite parlamentario estuvo por registrar un hito histórico para las políticas comerciales que tanto han favorecido a las élites económicas.

El CPTPP, tal como los anteriores acuerdos comerciales, es un tratado hecho por y para las grandes corporaciones. Pero esta vez tiene características que llevan aún más lejos los alcances de estas políticas globalizadas. El CPTPP le otorga soberanía a las corporaciones sobre las normativas de los estados miembros. De ser aprobado por el senado, este tratado profundizará el poder de las transnacionales sobre la salud, el acceso libre a internet, el uso de semillas tradicionales o el medio ambiente, sobre los pescadores artesanales, campesinos y pueblos originarios.

Todas estas áreas ya están bajo extrema debilidad con los tratados vigentes, por lo que el CPTPP solo aumenta esta presión. Pero hay un aspecto nuevo que hipoteca a favor de estos conglomerados el futuro de la economía nacional y el bienestar de los ciudadanos. Las políticas de trato nacional, aquellas que no diferencian al interior de un Estado los derechos que tiene un consorcio extranjero respecto a un actor económico doméstico, tendrán nuevos alcances.

El punto más riesgoso que derivaría en graves daños y efectiva pérdida de soberanía para los estados más pequeños miembros del acuerdo son los recargados poderes traspasados las corporaciones. Bajo las normas de solución de controversias propuestas por el CPTPP, las grandes empresas pueden demandar a los Estados ante un tribunal comercial internacional por introducir nuevas leyes – desde las que protegen al consumidor a cambios como pretende la ciudadanía con el sistema privado de pensiones (AFP) – que dañen sus inversiones y negocios.

Las organizaciones sociales, agrupadas en la Plataforma Chile Mejor sin TLC, advierten y enfatizan que el mecanismo que el tratado establece permite a las empresas transnacionales situarse en un nivel de igualdad frente a los estados y tiende a favorecer las reclamaciones de las empresas, pues se presentan en instancias de arbitraje como el CIADI (tribunal del Banco Mundial) que hoy se encuentran fuertemente cuestionadas por su sesgo en favor de las grandes transnacionales. Esto, porque al considerar como base jurídica de sus decisiones solamente los tratados de protección de inversiones, dejan al margen las leyes del Estado acusado y otra normativa del derecho público internacional.

Cualquier política interna que perjudique a las grandes corporaciones puede ser reclamada en estos tribunales con graves perjuicios para el Estado chileno. El país pasa a ser un rehén del gran capital en sus diversas manifestaciones.

Asimismo, la composición de los tribunales arbitrales favorece a la empresa querellante, la que designa uno de los tres jueces e interviene en la designación del presidente. Esto sucede además dentro de un listado de abogados cuya objetividad ha sido cuestionada, puesto que existe una verdadera industria del arbitraje motivada por los elevados honorarios de estos jueces, a lo que se añade que muchos de ellos han sido empleados de grandes multinacionales, lo que constituye un grave conflicto de intereses.

Las élites junto a la prensa hegemónica ha desplegado una campaña en favor del CPTPP para destacar sus supuesto beneficios, los que recaen, sin duda, en las grandes compañías. Bajo estos criterios editoriales, ha ocultado los perjuicios que tendrá el tratado en todos los sectores más vulnerables. Pese a esta estrategia, han habido algunas excepciones.

Una de ellas ha sido el destacado economista chileno Gabriel Palma en conversación con el periodista Fernando Paulsen. Palma, profesor titular de la Facultad de Economía de la Universidad de Cambridge, Reino Unido, afirmó que tras estudiar detalladamente los artículos disponibles del TPP llegó a la conclusión que es perjudicial para Chile y limitará en el futuro el desarrollo del país. Ello en cuanto impedirá cualquier cambio o legislación que incomode a las corporaciones extranjeras residentes en cualquiera de los otros países asociados bajo el TPP. Esto significa que el tratado consolida y cristaliza el actual modelo económico chileno en tanto lo somete a los intereses de los otros actores.

* Periodista y escritor chileno, director del portal Politika.cl