Uruguay: Los militares, el FA y una democracia entre comillas – Por Walter Caimí

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Walter Caimí *

Tras los sucesos referidos a los comandantes en jefe del Ejército uruguayo, se cuela por diferentes medios de comunicación, que el gobierno aportó documentación referente al excapitán de navío Jorge Tróccoli, responsable directo en la organización del llamado segundo vuelo de la muerte (donde militantes eran tirados desde los aviones al mar).

Pongamos las cosas en su sitio: a casi 20 años después, en Roma (Italia) se prevé para el 8 de julio de 2019 un fallo a la apelación que condenó a prisión perpetua a 24 imputados del juicio denominado Plan Cóndor. En tanto, el exjfe del jéricto Guido Manini Ríos, a principios de mes manifestó que él no dudaba por supuesto que hubo desaparecidos.

La vuelta a la democracia entre comillas, admitiendo que votamos en Noviembre de 1984, la Constitución y la Ley volverían por carriles del derecho, a pesar de todos los contratiempos desde 1985 a la fecha, la decepción es grande. Los avances son pocos, muy escasos en materia de derechos humanos. Y peor aún, nada, absolutamente nada modificó la estructura militar hacia lo interna de las fuerzas armadas. Se dice que no hay que perder la cabeza para ser objetivo, que el corazón debe quedar de lado y la mente fría debe prevalecer.

América del Sur tomó posición política hacia la izquierda hace algunos años; ahora, los hechos indican que esos mismos países catalogados de “izquierda” viran hacia la derecha. Otro tema es Europa, que por diferentes vías de acceso a la política, más-menos, la derecha avanza a pasos agigantados siempre hablando de ideologías. Uruguay no es la excepción. El gobierno que instaló y avanzó en materia de derechos humanos, fue el de Jorge Batlle, dato objetivo; se instaló la Comisión para la Paz.

El único sobreviviente del Pacto del Club Naval es colorado: Julio María Sanguinetti dos veces presidente de la república y su silencio es estruendoso. El gobierno de izquierda, Frente Amplio, no supo ni sabe cómo hacer para reformular las fuerzas armadas; remito a hechos y no supuestos. Tuvo entre sus filas a un militar de primera como lo fue el general Víctor Licandro que expuso por escrito a las autoridades de su partido (FA) cómo diseñar un plan que reformulara a la interna de las Fuerzas Armadas. Nadie le escuchó, o casi nadie.

La fuerza política como tal, desconoció el tema. ¿Esto es hablar mal de la fuerza política? No, sencillamente es describir hechos que son constatables. Ser de izquierda no es tener una venda en los ojos. Ser de izquierda es asumir un compromiso moral y ético. Ser de izquierda no es ser intolerante o mal educado, o romper vidrieras si pierde mi equipo un clásico. Es más profundo.

Ser de izquierda va más allá de los intereses personales. Léase el caso Raúl Sendic hijo; el Plenario del FA quiso tapar con una mano el sol. ¿Quién de nosotros no pensó que en la izquierda no habría “depredadores políticos”?. Fui uno de ellos hasta que advertí que el poder político subyuga y atrapa como serpiente a su presa. Es que el Poder -con mayúscula- es un bicho carroñero. Mientras en la Argentina, las abuelas de Plaza de Mayo avanzan en recuperar identidad con los nietos, en Uruguay todo se estanca.

¿Quién imaginaria (ni el más de los fervientes partidarios frentistas) que un vicepresidente de la República debería renunciar a su cargo por irregularidades funcionales cuando estuvo al frente del ente petrolero Ancap?. Nadie. Sin embargo sucedió. Las nuevas generaciones –hay excepciones por suerte- poco saben del pasado, poco se interesan, las herramientas hoy son otras y no los comités de base. Las comunicaciones son otras.

Obsérvese que los calendarios, ya no transcriben la verdad porque a alguien se le ocurrió que los feriados debían trasladarse para el día lunes y así beneficiar al turismo. Dicho esto, ¿qué se festejaba (antes) el 28 de febrero (Grito de Asencio, inicio de la lucha por la independencia), o cuando murió Artigas, o cuando se libró la Batalla de las Piedras?

Así resulto ser que solo cinco feriados reconocen nuestro almanaque. Este ejemplo que expongo, trasladémoslo a lo social, a lo político. Han desaparecido físicamente cabezas ilustrísimas. Nuestro Parlamento es pobre, pobrísimo; si hubiere prueba de admisión el papelón sería muy grande. Y esto no es un hecho menor a la hora de legislar y redactar leyes que luego por estar mal redactadas o por falta de sapiencia jurídica, hay que enmendar una y otra vez.

En este contexto, quiero saber qué responsabilidad le cabe a Miguel Toma secretario de la Presidencia con las famosas actas del Tribunal de Honor militar. Algo oscuro hay allí; que Pedro que Diego y la pelota va para un lado y otro sin que se esclarezcan los hechos que mancharon el buen nombre del ex ministro de Defensa que hizo lo que tenía que hacer.

Este mismo Miguel Toma, es el que viajó a Roma por el caso Tróccoli, contratando al abogado Fabio Galiani en nombre del Estado uruguayo para defender los casos nuestros. El mismo Miguel Toma, explica en el año 2015 que las pruebas no eran suficientes ya que no se agregó al expediente el caso de nueve represores presos en la Operación Cóndor es decir Plan Cóndor. El mismo Miguel Toma, viaja nuevamente a Italia y se entrevista con los fiscales para aportar pruebas que un fallo de primera instancia la justicia italiana condena y reconoce la existencia del Plan Cóndor.

¿Dónde está la transparencia que siempre apeló el Frente Amplio para con sus correligionarios y pueblo en general; qué se hizo de ésta transparencia. En verdad hay indicios turbios en el proceder del mal manejo de las actas de honor que tanto dan que hablar. Cuánto me alegran profesionalmente que un periodista ponga en conocimiento la verdad; honró esta profesión. Las especulaciones no caben. No se trata de simpatía o no con el colega, sino de algo tan profundo como la verdad de qué sucedió en el pasado. El 13 de mayo, nuevamente Miguel Toma viajará a Roma a escuchar los alegatos sobre los cuales, en el mes de julio próximo, se dictará sentencia definitiva.

Concomitantemente a estos sucesos, el general Claudio Feola se presenta en el departamento de San José y manifiesta públicamente que “el Ejército es parte de la sociedad y nos debemos a la sociedad” en referencia a la búsqueda del algún indicio de Micaela Onrubio asesinada por su ex pareja. Por la misma coordenada, al asumir el cargo de Comandante en Jefe del Ejército, dijo: “estamos en una situación difícil y especial”.

¿Qué quiso decir? A nadie se le ocurre preguntarle desde esferas del parlamento qué significado atribuyó a estos dichos. Parece ser que no interesa. De acuerdo con mi criterio de izquierda, debió ser cesado al otro día de su asunción. Así de simple. Sin estridencias. Desconoció el pasado y el nuevo ministro de Defensa, José Bayardi, le ordenó librar un comunicado de prensa que aquietara las aguas de los Derechos Humanos. No alcanza asumir el Poder si no se administra con claridad.

* Periodista uruguayo. Columnista de Claridad.


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