Día del Periodista: Polo, el antiperiodista

En 1938, el Primer Congreso Nacional de Periodistas celebrado en Córdoba instituyó el Día del Periodista en recuerdo del primer medio de prensa con ideas patrióticas. Es que el 7 de junio de 1810 Mariano Moreno había fundado la “Gazeta de Buenos Ayres”, el primer periódico de la etapa independentista argentina.

Desde entonces, el mundo del periodismo se desarrolló en todas sus dimensiones, entre quienes ejercieron un campo al servicio del diálogo y la construcción democrática, así como también entre intelectuales y cientistas que forjaron un campo disciplinar. Siempre estuvo tensionado por el poder de las empresas, los ataques de los Estados represivos y los embates de la mentira y la manipulación. Esto último permitió identificar a quienes, frente a lo establecido, se ofrecieron desafiantes, valientes y comprometidos.

La década de 1990 fue en Argentina una etapa de reconfiguraciones en el campo simbólico. La joven y aun débil democracia dejó la mesa servida para la irrupción neoliberal; la importación de nuevas tecnologías audiovisuales jugó un rol activo en su convalidación, con noticias televisivas espectacularizadas y una representación manipulada de la realidad. Sin embargo, este contexto ofrecía necesidad y avidez por otras miradas.

En 1993, un joven formado en la historieta renovó la pantalla con una valiosa propuesta estética y argumental. Fabián Polosecki, en ATC, construyó el camino de un narrador que, como guionista de historietas, buscó en la realidad argumentos para sus tiras. El primer ciclo se llamó “El otro lado” y los dos años siguientes llevó el nombre de “El Visitante”.

Polo, en su afán de conocer, se entrometió en los rincones más escondidos de la ciudad. Allí donde nunca llegaba el noticiero de televisión. Y se encontró con los personajes que menos escucha la televisión: laburantes, marginados del modelo y del sistema.

En este recorrido aparecieron importantes zonas discursivas: la interpretación de un narrador que organiza el relato, presenta a los testimoniantes y realiza comentarios. Lo destacado de Polo es cómo escucha sin interrupción las historias que aparecen ante sí. En esta interacción, Polosecki -aun no teniendo una formación en el campo antropológico- recuperó importantes marcas referenciales del método etnográfico, sobre todo la observación participante y la entrevista no direccionada. A la hora de establecer una relación entre el periodista con su entrevistado, fue riguroso en querer conocer a su entrevistado, observándolo en su propio entorno y sin mediarlo con sus intereses influenciados por la pregunta. Polo se ofuscó por el modelo tradicional del periodista y lo hizo saber.

En 1994 fue invitado al II Festival Latinoamericano de Video de Rosario. En aquella conferencia dejó algunas marcas. “En nuestro programa estamos haciendo una suerte de antiperiodismo. Esta es una elección muy determinante en el sentido de evitar cualquier punto de contacto con el rigor periodístico. Soy una especie de monosilábico balbuceante que a veces ni siquiera termina de hacer una pregunta, simplemente trata de mantener una suerte de canal de comunicación para que sea el otro el que hable”.

Detrás de sus preguntas incorrectas, Polo nos esperanzó sobre la idea de que otras miradas son posibles y trascendentes. Su tarea fue un testimonio de lucha y compromiso. El puente de comunicación al que él se animó se volvió derecho. Y hoy está en riesgo. Repensarnos periodistas este 7 de junio es defender ese derecho.

Texto: Daniel González, vicedirector del Departamento de Ciencias Sociales
Producción: Programa de Comunicación Pública de la Ciencia “La ciencia por otros medios”